Este editorial debió haber sido publicado hace varios días. Es decir el 20 de noviembre pasado. Pero la borrachera del festejo del primer año de alLímite impidió su redacción oportuna. Cómo no celebrar, cosa que se ha hecho costumbre semanal entre sus editores y algunos de sus colaboradores, la existencia de un medio periodístico independiente surgido en medio de un clima adverso en el que prima la indiferencia y desprecio por la redacción de reportajes, crónicas y artículos bien escritos y comprometidos.

Hace un año nos propusimos editar esta revista con el atrevimiento de alguien que se le ocurre abrir un restaurante a orillas de una carretera sombría y desolada. Es decir por la libre. Su esperanza de éxito radicaba en que este mesón de las letras ofrecería a sus comensales un menú bien elaborado. Desde un principio nos propusimos servir una sopa que primero agradara a sus editores. Pensábamos que debía llevarse a la mesa un producto de cuya preparación sus propios cocineros estuvieran satisfechos.

En ese sentido, nuestra oferta, dijimos, sería brindar crónicas de largo aliento, englobadas en lo que hoy se conoce como periodismo narrativo y cuya publicación en los diarios de la ciudad es inexistente. De antemano sabíamos que debíamos enfrentarnos contra la marea de la comunicación rápida y la inclinación por las noticias televisivas. Debíamos de encarar, también, a un ejercito de teléfonos celulares que todos los días reencarnan en las manos del público, sobre todo del más joven, como una extremidad más en la providencial cruzada a favor de la banalidad noticiosa.

En esta guerra donde el de Twitter y el Facebook juegan su papel de rivales, casi invencibles, la sociedad queda prisionera en los dos primeros párrafos de una historia que es aún más profunda. Ya no es necesario ahondar más para saber, por ejemplo, que durante los últimos cinco años el dolor de los sirios provocado por los bombardeos sobre su territorio pudiera ser mayor —o por lo menos el mismo— que el de los franceses después de los ataques del viernes negro en París, según declaró Bashar al-Asad, el apesadumbrado presidente sirio.

Efectivamente, esta breve declaración —convertida en Trending Topic— golpeó la doble moral de occidente, que nunca se ha apiadado ante las intervenciones armadas de los países ricos contra la periferia, pero fue insuficiente para revelar las verdaderas razones de la guerra: Siria está emplazada en un lugar privilegiado, donde se hallan las más importantes reservas de gas en el planeta. De allí que las potencias extranjeras pretendan imponer su control sobre estas zonas —gasíferas del mundo—, ante el hecho de que ese recurso será la principal fuente de energía del siglo XXI, debido a la reducción de las reservas mundiales de petróleo.

En alLimite se quiere escribir sobre esto y más, aunque parezca un platillo muy complicado en su elaboración y harte a más de uno de sus lectores. Para ello, nuestra propuesta editorial seguirá acudiendo a fuentes confiables —medios prestigiados por su posición crítica— y plumas libres que develen lo que hay atrás o en el fondo de los acontecimientos que conmueven al mundo.

Repensar la realidad fronteriza mediante textos escritos a partir del lenguaje local es otro de nuestros retos. La tarea no es fácil. Lo sabemos porque lo hemos aprendido en estos doce meses.

Cuando cumplimos medio año, en mayo pasado, dijimos que publicar lejos del poder, sin recibir su patrocinio y canonjías, convierte a los medios en una trinchera. Además, aseguramos que esta lucha siempre será por la libre expresión y el derecho de la sociedad a estar informada. Escuchar y propagar la voz de aquellos que exigen justicia, como los padres de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa, es otra de nuestras inquebrantables tareas.

Hoy refrendamos esa palabra.

Como entonces, pensamos que es aún vigente la convicción de que la locura es necesaria para cambiar el mundo y que es posible construir proyectos alternativos lejos de las vanguardias y las doctrinas únicas. Sabemos que existen otros caminos por recorrer y descubrir. Se trata de no apoltronarse en la cómoda justificación de “esto es lo que me gusta y lo demás me vale”.

Para localizar el sabor y buen gusto de la otra comida hay que atreverse a jugar en el laboratorio de los ingredientes, siempre distintos. No echamos las campanas al vuelo. Sabemos que falta mucho para que estos propósitos se cumplan. Sin embargo, trescientos sesenta y cinco días después de haber elevado el anuncio y haber logrado medio reacomodar las sillas, estamos complacidos con las casi seis mil visitas mensuales que acuden alLímite para comprobar que no sólo de burritos vive el hombre.

Juan Carlos Martínez Prado

Editor General.