¿Es Uber, entre otros negocios, una de las mayores paradojas de la economía colaborativa en la que cualquier desempleado puede convertirse en “un capitalista, pero sin seguridad social”? Estos y otros cuestionamientos son planteados por César Silva Montes en este artículo que arroja luz sobre un negocio multimillonario cuyos mayores beneficios los acaparan empresas amparadas tras el manto del fantasma digital. 

Un sábado de mayo en una tarde-noche de tertulia, deliberamos sobre el servicio de taxi de Uber. Nos centramos en la idea que en la ciudad de los retenes móviles y los asesinatos a la vuelta de la esquina, era un excelente servicio. “Para que pagar los seis mil pesos de multa gracias al inconstitucional retén, si con el Uber pagas 100, 120 pesos de ida y vuelta”. Mejor inversión no hay para quién le rinde culto a Baco con frecuencia. Luego la seguridad. Mediante el teléfono inteligente, se solicita el taxi que llega en un máximo de cinco minutos, en la pantalla aparece la foto del chofer y las características del auto. Si te llegan a desparecer cuando menos queda una pista para tu posible búsqueda. Además, a los taxistas les aplican un examen psicométrico y les dictan un código de ética.

Minimizamos la tarifa dinámica. Esa que aumenta el costo del traslado cuando hay mucha demanda, como en la contingencia ambiental de 2016 en la Ciudad de México. La arbitrariedad estuvo a la orden del día. Uber para cuidar su imagen, prometió regresar dinero a los clientes para mitigar el abuso. En conclusión, para el usuario es una ganga: barato, “espanta retenes”, autos de reciente modelo y seguros. “Y ni cómo defender a los taxistas tradicionales sí se servían con la cuchara grande, traían carros vetustos y eran inseguros”. Seguimos conversando: “ahora los choferes no pagan altas rentas por las placas ni son explotados por las organizaciones sindicalistas priistas”. O como invita la publicidad en ESPN Radio a cualquiera que tenga un flamante auto: “conviértete en tu propio patrón, retira tu ganancia hasta tres veces al día y trabajas a la hora y el tiempo que quieras.”

La supuesta ventaja provocó que en Juaritos, según oí, 5 mil choferes enriquece a Uber. (En el ex Distrito Federal hay 44 mil conductores, datos el El Economista). Según dos conocidos, en este momento “para todos hay clientes” y bregando unas 17 horas entre sábado y domingo, “te quedan hasta 600 pesos libres”, después de repartir el dinero recolectado de las tarifas entre Uber (25%), el dueño del carro y el chofer. Además, de pagar la gasolina, el Internet para el GPS, aportar para lavar el vehículo, más el burrito y la soda. Otro que trabaja hasta 14 horas obtiene ganancias hasta de mil 200 pesos. Él tiene una ventaja: paga cuota fija de 2 mil 400 pesos por semana al dueño del coche. Es tan rentable que renunció a un puesto de planta y con seguridad social. Condiciones laborales tendientes a desaparecer con las políticas neoliberales y la reforma del 2012 a la Ley Federal del Trabajo en México.

La plática fue decantando hacia las ganancias de la trasnacional y la maravilla tecnológica. Actualmente Uber vale 62 mil 500 millones de dólares, dice El Economista. Reflexionamos en que las ganancias salen del país. Imaginé en las pingües ganancias de la empresa después de pagar el programa que conecta a dos personas, mostrarle la ubicación, calles y recorrido del auto, la identificación del chofer, el control del cobro y emitirle una factura si la solicita. Si viene por satélite la información, con programas predeterminados y con escasa manipulación humana (pues una máquina puede contabilizar los pagos), esta inversión se minimiza gracias a la era digital. Pareciera que nos encontramos ante un negocio ideal del capitalismo neoliberal: el trabajador decide el tiempo de su explotación y, en consecuencia, su ingreso.

El creador de la noción de economía colaborativa Neal Gorenflo, consideró a Uber una solución al empleo. En el fondo subyace la sujeción del capital sobre el trabajo y la vuelta a los inicios de la revolución industrial. En la página de Uber puede leerse la invitación a convertirse en socio con tres opciones: si es dueño de un coche y lo maneja; si posee un auto y un chofer lo opera; y de solo de conductor que puede contactarse con socios que demanden. Solo se necesita una identificación oficial, carta de no antecedentes penales, un automóvil con seguro de cobertura amplia, daños a terceros y hasta por 220 mil pesos para gastos médicos en caso de accidente. El asociado que conduzca paga 500 pesos por el examen psicométrico (disponible en línea) y lo puede cubrir descontando un porcentaje de sus primeros viajes. El socio debe inscribirse en hacienda para el pago de impuestos y abrir una cuenta para recibir los pagos de Uber si cobró con tarjeta de crédito o depositar el saldo a favor de la empresa cuando recaudó en efectivo.

Es claro que Uber no otorga prestaciones de ningún tipo ni tiene obligaciones con los dueños de autos y choferes. Es la subcontratación en su máxima expresión: trabajadores sin servicio de salud, aguinaldo, utilidades, sindicato, derecho a huelga, ni incentivos. El chofer perdiendo los derechos alcanzados por las luchas de la clase obrera: ahora depende de la demanda del servicio, así se pierde la cooperación gremial por la lógica de la competencia. Es el individualismo exacerbado neoliberal, para qué la seguridad social si con las ganancias se pueden pagar operaciones, el seguro y el mantenimiento del auto, los impuestos, la gasolina, la comida, la escuela y la diversión.

En la fascinación por la supuesta independencia laboral, no hay futuro sino solo vivir el auge de una sociedad que hizo del automóvil un signo de distinción y jerarquía. Será barato el servicio de Uber para quién goza de un Smart phone, pero no para quien debe usar la rutera porque su teléfono de teclas carece de Internet. Los gobiernos en vez de impulsar el transporte público eficiente y menos contaminante, conceden permisos de taxis sin restricción saturando las calles de la ciudad y aumentando la contaminación. Con el valor de Uber, cualquier gobierno que se respete, le exigiría a la trasnacional un impuesto especial para abrir nuevas rúas y mejora el servicio de transporte colectivo. Es el momento ahora que las empresas se autonombran “socialmente responsables.”

En el ahora o nunca no se delibera respecto al futuro. Con el avance de la informática y la biotecnología, la sustitución del trabajo humano avanza constantemente. Los cajeros automáticos en los bancos, los Cfematicos, las máquinas contestadoras, las gestiones por Internet desde pagos, reservaciones de todo tipo y declaraciones de impuestos, son muestra de ello. Incluso el trámite para obtener la visa para cruzar a Estados Unidos, puede prescindir de la entrevista al solicitante. La automatización y la robotización son la mejor vía para disminuir los salarios y precarizar las prestaciones. Un robot se viste de recepcionista en un hotel de Japón, los drones de espionaje ya no necesitan piloto y un tractor puede barbechar vía satélite.

La agencia de noticias EFE, en septiembre de 2016 informó que Uber comenzó a ofrecer traslados con automóviles sin conductor en Pittsburgh como prueba en el centro de la ciudad y aún con un chofer de seguridad asegurar la llegada al destino. Para 2017 se unieron al experimento Apple y Google. Ahora Uber ofrece ganancias y en el futuro desempleo. A costa de los “socios” que ahora lo enriquecen en 59 países, invertirá en tecnología para desplazarlos en el futuro. Sus tarifas bajas se explican por la demanda al mayoreo, asegura el 25% por cada viaje y no gasta en prestaciones. No se preocupa por el pago de incapacidades ni primas de riesgo laboral, menos de jubilaciones y accidentes de trabajo. Así de colaborativa es la economía de Uber.

Pero cuando el destino nos alcance, habrá menores ingresos por la saturación de conductores, el servicio público de transporte seguirá caro e ineficiente porque ya existe Uber. Ya empieza el pulpo taxista de la era digital, porque se observa rentabilidad y se invierte en la compra de varios vehículos y a explotar conductores. El negocio para la gente de ingresos medios y altos florecerá. Los choferes de los sitios de antaño no tendrán cuando menos 80 mil pesos para participar en la “democratización” del servicio de taxis. Entiendo que el neoliberalismo no ofrece mejores opciones laborales y la escuela promueve el “empléate a ti mismo”, porque los trabajos estables y con prestaciones son cosa del pasado. Así Uber es una” estupenda” oportunidad de hacerte capitalista, pero sin seguridad social.