El próximo mes de agosto la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez celebrará comicios para elegir a un nuevo rector. En este contexto, la comunidad universitaria vive desde hace varios meses la irrupción de distintos grupos políticos que, en vías de la búsqueda del poder, tratan de sumar adeptos a su causa y difunden su visión sobre el rumbo y futuro de esa casa de estudios. Interprete y parte de esta discusión, Gustavo Herón reflexiona acerca de las políticas neoliberales que han impactado de manera negativa en la UACJ y propugna porque el nuevo relevo de prioridad a la ejecución de un proyecto de universidad humanista, democrática, incluyente, abierta y popular. A partir de esta fecha, alLímite abre sus páginas e inicia la publicación de un serie de artículos sobre este proceso en el que habrán de tener cabida todas las voces.   

La presencia de la libre empresa en la academia no crea

una nueva conciencia académica: la altera, la inmoviliza,

la privatiza, la compra, la explota, pero no la conduce ni

la fortalece como patrimonio social, cultural ni universitario.

Lentamente los académicos o investigadores se convierten

en empleados o jefes corporativos.

-Carlos Montemayor; 2006 –

Hay quien pensaría que en tiempos de transformación social y política en la sociedad mexicana, las universidades deberían también cambiar al vaivén de la política local y nacional. Al parecer muchos están a la espera de que frente a los grandes faroles de la política inminente se den cambios desde “arriba”, desde “los jefes”. Como si la transformación tuviera que venir de afuera, como una especie de aliento burocrático-estatal-salvador-conservador-extraño, que sirviera para dar vida a una Institución que pasivamente espera las señales de la oficialidad acomodaticia.

Bajo esta misma tónica conservadora, la política al interior de la Universidad usualmente produce desconfianza. Una forma cotidiana de hacer política en los pasillos institucionales, generalmente  mostraba que tan pronto como algún compañero o compañera quisiera sospechosamente hablar o fomentar directa o indirectamente la simpatía por un aspirante a la rectoría, sea de la índole que sea, la mayoría de los universitarios se vuelven recelosos. Pero, una vez que salimos de la Universidad, en los cafés, en los bares, en restaurantes, en los estacionamientos, en el mundo de las redes o en otros espacios no oficiales, el tema obligado son las apuestas políticas por la Sucesión de las autoridades universitarias.

Una cosa muy clara es que en la Universidad se hable de transformación y otra, muy distinta, es que la Universidad se transforme. El primer sentido, es el eterno cambio cosmético al que se nos tiene acostumbrados en el país, el inminente cambio que permite que las formas de dominación se mantengan, aunque con rostros diferentes. En el otro sentido, el del verdadero cambio institucional, es algo que requiere valentía intelectual y política. La primera noción es ventajosa y cómoda; la segunda, es peligrosa e incierta. Pero ambas se han intercambiado a lo largo de la vida institucional de la UACJ.

Ya muy pronto, en 2023, la UACJ cumplirá 50 años de existencia y ya desde hoy eso nos lleva a la reflexión,  pues sabemos que desde los inicios, con el rector René Franco Barreno allá en 1973, hasta el rectorado de Ricardo Duarte Jáquez, en 2018, la Universidad ha transitado por múltiples desafíos y momentos institucionales importantes. Se puede pensar que desde hace casi 50 años de existencia hasta hoy,  la Universidad se ha enfrentado al dilema o a la disyuntiva que hoy nos ocupa: por un lado el camino oficial-estatal, el de seguir la senda errónea del neoliberalismo educativo, marcado por el conocimiento por competencias, el servilismo empresarial maquilador, la política de explotación laboral a ultranza, la tecnificación y deshumanización del saber y la vida científicos. O en disyuntiva, caminar por terreno inexplorado, de la Universidad humanista, democrática, incluyente, abierta y popular.

Ante esa disyuntiva caminamos hoy. Por un lado una serie de aspirantes a la Rectoría que buscan medrar con la cercanía política con el gobierno conservador que hoy administra el Estado. Aspirantes que buscan el cambio cosmético y que airada e hipócritamente reclaman lo que nunca han dado ni ayudado a construir. Esos que aprovechan la oportunidad de lucirse ante el panorama del inminente espanto del quebranto de la autonomía universitaria; esos que están esperando que el mundo de la política del Estado en que habitamos, les convierta en líderes legítimos de lo que no se han ganado ni construido. Esos grupos que tristemente son universitarios también, pero que han vendido su alma a los nuevos dioses de la tecnología y el dinero.

En el otro polo, estamos los universitarios que nos hemos animado a hablar de transformación democrática al interior de la Universidad. Aquellos que estamos en la búsqueda de darle un sentido y un significado trascendente a nuestro paso por la UACJ. Esos que, sin duda, nos animamos a asumir el reto de trabajar diariamente, brazo con brazo en la construcción de un pensamiento crítico y diferente. Esos que generalmente nos dedicamos más a la vida científica, a construir una ciencia vital, pero que, ahora, ante el peligro inminente de la conciliación conservadora en rectoría, nos vemos en la necesidad de proyectar nuestros ideales y perspectivas legítimas, para defender los espacios académicos ganados, y que hoy al parecer peligran ante los objetivos de esos “universitarios”; esos que sin ningún proyecto académico real, más que la ambición política, proyectan sus intereses personales en busca de la rectoría de la UACJ.

Es evidente que hoy colisionan estas dos visiones de entender la vida universitaria. Es evidente también,  que como científicos o aspirantes a serlo, debemos envolvernos en la lucha por el equilibrio de poder en el contexto universitario; por eso nos vemos en la necesidad de tomar partido, por la opción que consideramos más cercana a la que debería ser la UACJ como proyecto Vivo de la Ciencia, no como botín de intereses políticos que trasgreden la autonomía universitaria. Entendemos muy bien que cada poder en pugna genera su propia hegemonía; también sabemos que quienes tenemos menos de ese poder tendemos a construir argumentos legítimos y creíbles como posibilidad defensiva.

Las universidades en general sufren hoy una crisis institucional interna, en la que la especificidad organizativa es puesta en tela de juicio. Por un lado, se busca que se aumente sostenidamente la matrícula universitaria pensada en las dicotomías educación-trabajo y teoría-práctica. Por otro, se busca que los científicos universitarios sean capaces de producir inventos y comercializarlos. Ambas son reflejo de políticas neoliberales en la educación, mismas que por un lado disminuyen los recursos de las universidades públicas, pero por otro alientan a las instituciones educativas privadas a fortalecerse mercantilmente a costa del erario público. Estas tendencias generan en especial en la UACJ tensiones y pugnas sordas al interior de la vida estudiantil y magisterial. Pareciera que están peleadas la calidad con la cantidad; pareciera que la distorsión comercial, tuviera más peso que el conocimiento en sí mismo. Pareciera que a propósito se han debilitado a las humanidades y al pensamiento crítico, tradicionalmente prestigiosos, pero que hoy se encuentran bajo enorme sospecha y trivialización.

Y es justamente en este contexto donde intentamos hablar y proponer una reflexión cuidadosa de las decisiones políticas y académicas del corto y mediano plazo en la UACJ. La UACJ no debe ser caracterizada por estas pugnas, debe trascenderlas. La Universidad no es un negocio o un trampolín laboral, es un lugar de conocimiento, cultura y de servicio a la comunidad. Se le debe dar siempre prioridad a la formación de grado y posgrado, a la investigación y a la extensión, nunca, pero nunca a la administración, a la política, al negocio. Se debe construir “una ecología de saberes” propia, una que corresponda a nuestra realidad fronteriza del norte de México y sur de Estados Unidos, pero de manera crítica, no servil ni acomodaticia al sentir empresarial-oficial. Educación popular sí, masiva no.

Creemos firmemente en el diálogo humanista hacia el interior de la UACJ. Observamos que es necesario que se reconstruya la Universidad dialogando las distintas disciplinas universitarias (organizadas artificialmente por Institutos), sin separaciones laborales-administrativas, que permitan producir acuerdos comunes. Una bandera común que nos unifique, no política ni administrativamente, sino científicamente. Que la UACJ celebre sus 50 años siendo científica y democrática internamente, eligiendo a sus representantes en todos los niveles. Privilegiando siempre el diálogo académico y no exclusión de las mayorías, por temor o recelo. Aprender a vivir científicamente en libertad.