“Cualquiera puede ver el futuro, es como un huevo de serpiente.
A través de la fina membrana se puede distinguir un reptil ya formado”.
El huevo de la serpiente.

Las políticas antimexicanas de Donald Trump siguen como trending topic de la polémica mundial. En diversas latitudes del globo se aventuran pronósticos, se esbozan análisis, y se hacen memes.

En México, el miedo ha tomado proporciones bíblicas. Sin embargo, detrás del terror a las políticas exteriores del vecino, nuestro desencanto tiene que ver más con el redescubrimiento de los Estados Unidos sin el maquillaje de los discursos políticamente correctos. Un pueblo en su mayoría racista y xenófobo, que todavía sigue mirando a Latinoamérica por encima del hombro.

La afrenta de Trump hacia los migrantes es directa. Su discurso de odio le dio vida a una auténtica épica posmoderna. La pièce de la rèsistance de las políticas antimigrantes: Donald Trump pretende imponerle a México el pago de un espectacular muro que blinde la frontera sur norteamericana, ya saben, por aquello de los continuos agravios que el tercer mundo le viene haciendo al sueño americano desde hace ya bastantes años.

A pocas semanas de haber comenzado su mandato, Donald Trump ha declarado una guerra de baja intensidad a México, los mexicanos y todo aquél al que le gusten los tacos, las piñatas y el cinco de mayo. No conforme con enfrentarse directamente a su vecino sureño, el magante neoyorkino ha ampliado su lucha a todos los inmigrantes que perjudiquen los intereses de los Estados Unidos, que en su propia opinión es casi todo el mundo.

-Ese bato nos cantó el tiro directo, se le va a caer el cantón.

-¿Tú se lo vas a tirar?

-¿y tú se lo tirarás con tus escritos chiruleros que nadie lee? Yo empezaré por tirarle su pinche murito y vender el metal por kilo.

La actitud antimexicana de Trump ha empezado a generar roces diplomáticos importantes entre los dos países vecinos. En la última semana, el gobierno mexicano ha reafirmado su postura de no pagar ningún muro y reprobó públicamente las políticas migratorias estadounidenses. Pareciera que ante esta emergencia, nuestra nación (que va más allá de las fronteras políticas) se ha unido en una sola voz que reclama el bullying norteamericano del que estamos siendo objeto.

Enrique Peña Nieto, cuyos niveles de popularidad, hasta hace poco, le disputaban a La Fosa de las Marianas el lugar como el abismo más profundo de la tierra, ha sacado la cabeza de la arena y espera redimir sus cuatro años de pésimo mandato con un súbito y poco creíble carácter ante los agravios al país. Carlos Slim, hombre que ha visto florecer su fortuna al amparo del sistema neoliberal estadounidense, se ha expresado también ante la emergencia nacional.

Es entendible, que la mayoría de la población no crea una centésima de las declaraciones de Enrique Peña Nieto, sobre todo porque el presidente mexicano, junto a Luis Videragay, flamante secretario de relaciones exteriores, han sido duramente criticados en el pasado por intentar remendar las relaciones con Trump cuando éste era todavía candidato, e invitarlo a nuestro país a pesar de las infamias que el republicano ya había despotricado contra México.

-Que no mamen, primero se empinan, y luego reniegan cuando les cala, como dicen los de los videos del verguillas, si ya la tienes adentro, pos enjoy it, o sea, gózala. Esos políticos no me sirven ni para el arranque. Que aprendan del Carlitos Slim que parte madres donde sea.

-Incluso a nosotros nos la ha partido.

-Si wey, pero chécate, ese bato es ley, te dice las cosas derechas, te va a partir la madre y te lo cumple, no anda con chingaderas como los políticos de mierda que tenemos que chingan y aparte quieren que les aplaudamos. Slim para presidente y chingo a mi madre si ese wey no va a ser el presidente más chingón que tengamos.

México es un país que ha sabido defender a capa y espada su soberanía. Ante la desesperanza de quedar ahogados por las políticas antimigrantes de Trump, acudimos despavoridos a Carlos Slim.

Sin embargo, en conferencia de prensa, Slim declaró, de manera tibia, su desacuerdo con algunas de las políticas norteamericanas. Por otro lado enfatizó que el miedo de México es infundado, ya que los mexicanos contamos con una posición de privilegio en las negociaciones por venir con los Estados Unidos. Palabras más, palabras menos, este mesías de la industria, nos pidió que apechugáramos frente a los desvaríos trumpistas.

Es obviamente más fácil “aguantar a Trump” cuando tu fortuna rebasa los 50 mil millones de dólares y que un millonario piense primero en sus intereses, no es nada nuevo. Lo que pareciera en todo caso preocupante, es el respaldo que México le ha brindado a Carlos Slim, quien desde siempre se ha mostrado como un paladín en contra de la discriminación. Y que a través de Sanborns, Telmex, Telcel, Grupo Carso y demás, ha dedicado su vida a vaciar sistemáticamente todo bolsillo que se le atraviese, sin importar el lugar de origen, raza, sexo o condición económica. Al contrario de lo que podamos pensar de una nación colonizada como la nuestra, las y los mexicanos sabemos que si nos van a partir la madre, preferimos siempre que quien nos la parta sea un paisano.

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La llegada de Trump a la Casa Blanca tiene una explicación más allá de los rednecks y el ku klux klan. Millones de estadounidenses no comparten del todo las ideas xenófobas del magnate, sin embargo se volcaron a las urnas en la búsqueda por recobrar el “glorioso” pasado norteamericano. Estados Unidos privilegió al elefante republicano en sus comicios sin prestarle atención al enorme paquidermo en el despacho oval: el neoliberalismo.

Desde que Ronald Reagan llegara a la presidencia norteamericana, Estados Unidos se encargó de mostrarle al mundo las “ventajas” de abrir los mercados, desaparecer a los Estados-Nacionales y entregarse a las tendencias globalizadoras. Es cierto que hasta hace muy poco era más cool tomar café de Starbucks que preparar café de olla. Cómo también es cierto que el colmo de la ironía es que los hipsters fueran los defensores de los ingredientes endémicos y el rechazo a la uniformidad del mundo ¿Cómo es posible que le hagamos más caso a un montonal de millenials con smartphones que a las comunidades indígenas en resistencia, cuyo rechazo al neoliberalismo está mejor fundamentado? Tal vez hemos malinterpretado a Milan Kundera cuando dijo que la burla es la única arma contra la caótica realidad que vivimos.

La políticas trumpistas, al igual que el Brexit, son las primeras llamadas de alerta al sistema neoliberal que empieza a desmoronarse. Cuando las grandes potencias se desmarcan de una política global que ellos mismos han creado, es momento que las economías periféricas pensemos en dejar el tren de la modernidad que desde siempre nos ha prometido salir del subdesarrollo.

A lo largo y ancho de Estados Unidos, millones de personas han salido a las calles para levantar la voz y dejar claro que el pensamiento de Trump no es compartido homogéneamente por todos los gringos ¿Qué hacer cuando la mayoría de tus conciudadanos te repudian al colmo de un posible Calexit, cuándo Japón y Europa han dado muestras de apoyo hacia México?

Tal vez, este dictaduerzuelo, no ha entendido el error que la historia le ha marcado a sus predecesores: por muy poderoso que te pretendas, no puedes enfrentar a todos tus enemigos al mismo tiempo. Lo supo Julio César en los traicioneros pasillos del senado romano, lo entendió Napoleón Bonaparte en las frías estepas de la Rusia zarista, lo alcanzó a vislumbrar Adolfo Hitler entre los lodazales petrolíferos del Cáucaso.

Donald Trump empieza a sonar peligrosamente parecido a los discursos que Goebbels le preparaba al führer en la Alemania del periodo entre guerras. Si algo le aplaudieron los alemanes al Nationalsozialistische Deutsche Arbeiterpartei ( Partido Socialista Obrero Alemán) fueron sus propuestas del cierre a mercados externos, el fortalecimiento de la economía interna, rehacer la industria armamentista, el robustecimiento del ejército, la limpieza de los valores teutones esenciales y el usar a los judíos como chivos expiatorios para la desgracia germánica.

En pleno siglo XXI, las propuestas que más se le aplauden al magante estadounidense son: la salida de tratados internacionales, las leyes pro armas, el enaltecimiento de la cultura bélica, las legislaciones conservadoras en materia de abortos, drogas y derechos humanos, y el culpar a los mexicanos por la desgracia nacional. Esto recuerda peligrosamente al final de Animal Farm, cuando los animales de la granja no pueden distinguir entre los cerdos capitalistas y los puercos comunistas.

Si la historia es cíclica, a México le puede sonreír un futuro promisorio como al pueblo Judío, quien hoy, a menos de cien años del holocausto, aplaude las políticas de segregación estadounidenses para los migrantes, y fija su imaginaria frontera con Palestina a fuerza de sangre y fuego. Quizás, en cincuenta años, a nuestro país le toque aterrorizar con bombas a toda Centroamérica, cumpliendo la hipotética redundancia histórica. Al fin y al cabo, Donald Trump ya se está encargando de construirnos nuestro propio muro de los lamentos.

Me acuerdo que en uno de los tantos cómics del Capitán América que leí cuando niño, el “centinela de la libertad” luchaba contra Red Skull, quien había suplantado al presidente de los Estados Unidos y desde su ingenioso camuflaje implantó los valores de Hydra a la democracia más “avanzada del planeta”. Es aquí donde la realidad, una vez más supera a la ficción ¿qué pasa cuando un Hitler posmoderno se apodera de la casa blanca?, ¿hacia donde irá Estados Unidos ahora que todo su sistema de valores a favor de la “libertad” se ve amenazado desde su propia oficina oval?¿que será del mundo ahora que Donald Trump es presidente? Sintonícenos la próxima semana, a la misma hora, por el mismo baticanal…

-No sea mamón bato.

-Es para enganchar al lector.

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Hace unos días, Donald Trump, ante la ola de repudio que ha despertado en Estados Unidos y el mundo, ha matizado sus declaraciones públicas antimigrantes. Después de una hora de conversación telefónica con su homólogo mexicano, twitteó : “ Me gusta México y amo el espíritu de los mexicanos, pero debemos proteger nuestras fronteras de la gente, de todas partes, que está entrando a Estados Unidos”. Horas más tarde volvió a usar la misma red social para afirmar: “México está matando a Estados Unidos económicamente porque los líderes y negociantes mexicanos, son LEJOS más astutos que los nuestros”.

Estas declaraciones, aparte de ir contra el sentido común, atentan contra la memoria histórica y abonan al cinismo de la clase política a la cual Trump ha declarado categóricamente que desprecia, pero vámonos despacio.

Trump dice que ama el espíritu mexicano, pero va a construir un muro para alejarlo lo más alejado que se pueda ¿es posible que el presidente gabacho esté confundiendo a México con Taco Bell? A estas alturas, creer que Donald Trump es un fanático mexicano sería tan estúpido como asegurar que la margarita es la forma en la que se debe tomar el tequila.

Sin embargo, Trump decidió ir un paso más lejos acusando a México de explotar económicamente a la nación más poderosa del mundo. Paren las máquinas, un nuevo titular es la estrella de ocho columnas del mundo al revés. Según Estados Unidos, nosotros hemos abusado históricamente de su generosidad, hágame usted el chingado favor. Ahora resulta que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), responsable directo de la desaparición del campo mexicano, fue un buen negocio.

Peor aún, es decir que los líderes y negociantes mexicanos son más astutos que los estadounidenses ¿pero que no fueron ellos quienes inventaron una guerra, invadieron el país, cobraron indemnización y a parte nos despojaron de la mitad de nuestro territorio? Los dolorosos relatos de las batallas de Padierna, Cerro Gordo y Molino del Rey son fieles estampas de la muy poca afortunada vocación defensiva que México ha tenido que desarrollar hacia los caprichos de su vecino norteño.

Si se cumplen la mitad de las promesas de campaña de Trump, y México vuelve a agonizar ante los desvaríos bélicos e imperialistas de los americanos podemos rescatar del fondo del baúl de los recuerdos la frase trascendental del general Pedro Anaya “Si todavía tuviéramos parque, ustedes nos estarían aquí”. O ya de perdido la de Molotov “no me llames frijolero pinche gringo puñetero”.