Hoy que sus hallazgos están en boca de todos, es fácil olvidar que ellos mezclaron rock y reggae antes que nadie, que hicieron de su sonido una afilada declaración política.

Mientras los Pistols sucumbían a su propia ignominia, a The Clash les tocó sacar al punk de las cloacas para llevarlo a dar la vuelta al mundo. Desde sus inicios habían ignorado la mayormente fútil temática del rock, la cegadora e inconsecuente rabia del punk, para encararse desde una postura combativa a la problemática de su entorno. Ver a The Clash en acción no era sólo un fabuloso espectáculo de apasionamiento rock y ritmos blanquinegros, suponía también el compromiso ante problemas que a todos nos afectaban, del racismo y la corrupción policial a las drogas y el desempleo.

Este talante concienciador bordeando el proseletismo político lo equilibraban con música jugosa y vital. Ofrecían, en definitiva, lo que hace trascendente al rock: una conexión con el presente inmediato.

Que pasaran de acérrimos críticos del imperialismo yanqui a caer fascinados por la noción mítica de América, de cantar «muchos no van a cenar esta noche» a proclamar «¿debo quedarme o debo irme?», se les perdonaba por facturar rock que se resistía a engordar, por presentar una imagen que transmitía rebeldía y ‘’urban chic’’ a partes iguales.

Eran The Clash e ibamos a ver como se comían el mundo. Y, en cierto modo, lo consiguieron. Sólo la degradación final evitó que llegarán más lejos. Su ausencia vió el florecimiento de una influencia -en el punk californiano, el rock radical vasco y tantos otros ámbitos- hoy aceptada como lengua vernácula. «From Here To Eternity», que puede verse como un ‘’grandes éxitos en vivo’’, reivindica su importancia.

Las siguientes declaraciones han sido extraida de «From The Westway To The World», documental realizado por su colaborador Don Letts del que existen dos versiones, una de largometraje para salas de cine y otra de una hora para televisión que la BBC estrenó el pasado octubre. La versión completa la publica en dos partes RUTA 66 en sus números 155 y 156, correspondientes a noviembre y diciembre de 1999.

(Joe Strummer) Creo que nuestros orígenes guardan más relación con el instinto que con el intelecto. En 1968 el mundo entero explosionaba: el mayo francés, Vietnam, Grosvenor Square, la contracultura.…

(Mick Jones) Iba a ver muchos conciertos de otros grupos. Me fijaba en todo lo que hacían, en el batería, en lo que tocaba el guitarrista, y en si conectaban entre ellos a través de cierta comunicación telepática. Entonces aparecieron los New York Dolls y lo fueron todo para mí. Eran increibles, me alucinaba cómo vestían, su actitud. Todo les importaba una mierda, eran una banda interesada solamente en tener estilo.

(Paul Simonon) Me acuerdo que iba al apartamento de Mick para que me enseñara a tocar la guitarra. Me enseñaba acordes y me decía donde debía poner los dedos. Tras un buen rato de frustración mutua decidimos hacernos con un bajo. Para hacérmelo fácil, enganché unas pegatinas en el traste marcando cada acorde. Y funcionó. Mick decía ‘’G’’ y yo buscaba la letra en el traste.

(MJ) Recuerdo que fuimos a una heladeria en Edgware Road. Todos compramos helados y escribimos con ellos en el escaparate: «I’m so bored with the USA». Siempre estábamos hablando de que había demasiado McDonalds por aquí. Aunque nos habíamos criado con series de televisión americanas, veíamos que la influencia americana era enorme. De eso precisamente trata la canción.

(JS) No debe ignorarse el gran impacto que tuvo el primer elepé de los Ramones en la escena de Londres. Era lo bastante simple como para poder tocarlo. Paul y yo pasamos horas, días, semanas, tocando con ese disco. Paul aprendía a tocar el bajo.

(PS) Utilizábamos patrones para pintar palabras en la ropa. Lemas y esloganes, también cosas de nuestras propias letras, las transferíamos a la ropa. La gente se quedaba parada cuando te veían andando por la calle con las palabras ‘’odio’’ y ‘’guerra’’ pintarrajeadas en la espalda.

(JS) Nos quedamos muy jodidos cuando Charles Shaar Murray escribió: «The Clash son una de esas bandas de garage que deberían ser devueltas al garage y encerradas allí con el motor en marcha». De esa crítica surgió la idea para «Garageland».

The clash 4

(PS) No nos importaba quien fuera a ficharnos. Recuerdo que estábamos delante de las oficinas de Polydor esperando en un taxi y, en el último momento, Bernie dijo que ibamos a visitar otra discográfica. Minutos después habíamos firmado contrato con CBS.

(JS) Era necesario que esa música rompiera fronteras y llegara a América para así convertirse en algo a nivel global. Alguien tenía que agarrar al toro por lo cuernos.

(MJ) Todos veníamos de diferentes aspectos de la vida, pero nos sumergimos juntos en lo que ahora se conoce como cultura popular.

(JS) Grabamos el primer álbum en tres fines de semana, lo hicimos en sesiones de cuatro días.

(MJ) Bueno, el primer álbum es el que prefiero. Me gusta como suena..

(JS) El primer elepé fue en cierto modo decepcionante, pues como grupo habíamos alcanzado una gran conjunción, pero el disco sonaba muy plano. No escribimos nada en el estudio, simplemente tocamos lo que teníamos.

(PS) Recuerdo que el ingeniero estaba todo el tiempo encima de Joe para que pronunciara correctamente las letras P y Q.

(JS) Las bandas punk llenaban los locales, ya no había forma de pararlo. Era como si el muro de contención se hubiese resquebrajado. Pero nuestra actitud ante la discográfica era: «¿Qué…? ¿Qué significa eso del segundo álbum». Recuerdo que fuimos a Jamaica con Mick, una semana o diez días, y escribimos algunas canciones.

(PS) Debo admitir que la grabación de aquel segundo elepé («Give ‘Em Enough Rope») fue lo situación más aburrida en la que he estado nunca. Fue una grabación tan puntillosa, un contraste total con el primer álbum que arruinó toda espontaneidad.

(MJ) Si te caes del escenario y el público te sostiene, es que molas. Pero si se apartan y dejan un hueco, la has cagado. A veces me movía tan rápidamente que era difícil predecirlo. Saltaba desde un extremo del escenario, pero el público frenaba la caida.

(PS) Recuerdo que estábamos de gira y Mick yo tuvimos una discusión. No sé qué ocurrió, pero perdí los estribos. Me fuí a por él y le dí un puñetazo en la oreja. Joe me frenó agarrándome por los codos mientras yo seguía forcejeando para darle a Mick. A Joe le dí varios golpes de codo, salió de allí con morados. Después, en el estudio, Mick se situó en un extremo y yo en el otro. Joe tenía que ir de uno a otro para decirme qué acorde tocar.

(JS) Fuera lo que fuera The Clash, tenía que ver con Bernie Rhodes. Esto lo mantendré siempre, para bien o para mal.

the Clash 3

(MJ) El punk se hizo cada vez más estrecho de miras y llegó un momento en que nos vimos atrapados en un rincón. Ahí nos dimos cuenta de que, en realidad, podíamos tocar cualquier tipo de música que quisieramos.

(JS) Tan pronto como tocamos el último acorde nos largamos y dejamos a Neil Price haciendo las mezclas (de «London Calling») bajo la supervisión de Guy Stevens.

(PS) De repente, miramos hacia la cabina de control y, a través del cristal, vimos a esos dos hombres luchando, inclinados sobre la mesa de mezclas. Cuando nos acercamos a ver que pasaba vimos que eran Neil Price y Guy Stevens. (Neil Price) Se excitaba tanto que tenía que mantenerla a distancia con una mano y con la otra nivelar los controles de la mesa.

(PS) Actuábamos en el Palladium de Nueva York. Estábamos acabando la actuación y me sentía frustrado porque no había ido demasiado bien. No sé, no nos sentíamos satisfechos. Así que machaqué el bajo contra el suelo. De hecho, no tenía el más mínimo respeto por los bajos. Cuando compraba uno nuevo lo primero que hacía era coger un martillo y arrancarle a golpes unas cuantas esquirlas.

(JS) A la que teníamos una mezcla en bruto, poníamos cinta virgen en la grabadora y pasábamos a otra cosa. Así lo hicimos día y noche. Esa es la razón de que («Sandinista!») tuviera que ser un triple álbum, aunque hubiera sido mejor un doble, o un elepé sencillo, o un EP, quién sabe. El hecho es que grabamos toda esa música, para bien o para mal, en un mismo lugar y en un breve espacio de tiempo, durante tres semanas febriles. El álbum es el documento de aquello.
(PS) Hubo una ocasión en que fuimos a Kingston, Jamaica. Fue magnífico, porque allí yo podía… bueno, finalmente estaba allí.

(JS) Los pistoleros iban a llegar de un momento a otro para hacernos picadillo. ¿Quienes os creeis que sois, venir a Kingston sin rendir pleitesía a los rastas? Iban a venir a por nosotros, así que tuvimos que escapar corriendo.

(PS) Allí grabamos «Junco partner». Ibamos a grabar algunos temas más pero surgieron ciertos problemas. Para empezar, tuvimos problemas financieros. Demasiadas llamadas a ‘’room service’’, así nos alimentábamos. Tuvimos que salir por piernas del hotel. Eso es todo lo que hicimos en Jamaica.

(MJ) Aunque Bernie (Rhodes, mánager y factotum del grupo) pasaba el cien por cien de su tiempo pensando ideas para el grupo, no las compartía con nosotros. Nunca sabíamos exactamente lo que estaba ocurriendo.

(JS) Lo que hace a un grupo guarda estrecha relación con la química entre sus componentes. Es la química entre cuatro personas lo que hace funcionar una banda. Puedes quitar a un miembro y reemplazarlo por otro músico, o por diez de ellos, pero nunca será lo mismo.

(MJ) Intentamos mezclar «Combat Rock» mientras estábamos de gira por Extremo Oriente. Reservamos un estudio en Australia y allí fue donde acabó todo.

The Clash interiores

(PS) No eramos gente corriente, ni eramos estrechos de miras. No eramos los típicos ingleses mediocres. Por lo menos supimos abrazar todo aquello que se nos ofrecía, que fue el mundo entero en toda su variedad. En América, y en España, Francia, Italia, Suecia, Japón o Australia, se conoce y se aprecia a The Clash. En todas partes menos en el Reino Unido. Fuese lo que fuese The Clash, funcionaba por la química entre cuatro personas. Esa es la lección que todos deberían aprender: si funciona, no la fastidies; haz lo que debas hacer para que vaya adelante, pero no juegues con ello. Aprendimos esa lección amargamente.

(MJ) ¿Quién puede componer canciones tan grandes, con letras tan buenas y un batería formidable? Fue fantástico estar con Paul, desde el instante mismo en que le conocí, ¡el muy bastardo!
(PS) Hicimos nuestro trabajo y esta es nuestra historia, pero ya no existimos. Por mí, así ya está bien.

Publicado originalmente en Ruta 66