En 1950 Ramón Vinyes, escritor, dramaturgo, librero Catalán, y mentor del “Grupo de Barranquilla” sale de Colombia con destino a Barcelona donde moriría dos años después. Gabriel García Márquez, le escribe esta breve despedida a uno de sus primeros maestros en el mundo fantástico de la literatura.

Don Ramón:

Desde hoy habrá un sitio desocupado entre nosotros. Un espacio deshabitado que servirá para orientarnos cuando alguien nos pregunte cuál es la cabecera de nuestra mesa redonda. Usted va a Cataluña. Eso es lo cierto. Lo falso sería decir que usted vuelve, que usted regresa a Cataluña. El único sitio del mundo al cual podría usted regresar, es este espacio sin nadie que deja entre nosotros.

Tenemos el privilegio de ser sus amigos más egoístas. Los únicos que nos alegraríamos de frustrarle ese placer que es para usted el retorno a los patios de su infancia, a la contemplación del muro verde de tiempo y enredaderas donde alguna vez se tendió a esperar las golondrinas de Bécquer; a la visión de la tierra a través de esa ventana que ahora, pasados muchos años, le parecerá a usted más estrecha y más baja que aquella otra ventana donde una tarde tuvo que empinarse para poner la belleza del campo al alcance de su edad. Todo eso que usted encontrará en su viaje, serán migajas de nuestra muerte dispersa por el mundo. Porque en cierta manera, usted, don Ramón, se lleva la mejor de nuestras veinticuatro horas cotidianas.

Usted ha sido siempre muy poco más que eso: la mejor hora de nuestro día. Seguiremos viéndonos, sintiéndonos en nuestros autores predilectos. Seguiremos observando la vida desde ese rincón que usted ha construido para nuestro uso y desde el cual aprendimos a admirar la fruta por su color, mucho más que por su sabor; y a gozar del cordero por su mansedumbre y no por la calidad de su lana; y a creer en la rosa porque es rosa y no por la certeza de sus espinas; y a abrir la puerta para que entre el visitante y no para mostrar el interior de la casa. Nos quedamos con ese rincón que nos pertenece y haremos uso de él en la medida en que usted nos ha enseñado a hacerlo.

Pero vuelva a ocupar su sitio. Tal vez no nos hará falta lo que admiran en usted quienes le han conocido y que nosotros respetamos. Nos hará falta –eso sí- lo que sólo nosotros le hemos conocido. Su diaria lección de no tomar en serio a la vida, como el mejor recurso para triunfar sobre la muerte. Nos hará falta en la mesa el pitillo retorcido dentro de la botella de gaseosa. Nos hará falta esa corbata juvenil que usted usa en los días de sol. Nos hará falta su manera de torcer la boca cuando no le gusta lo que se ha escrito en esta sección. Nos hará falta el crujido de sus zapatos y ese mechón rebelde que va a sentirse incómodo con el viento de Cataluña. Todo eso, que ha llenado diariamente una de nuestras horas, nos deja ahora viviendo nuestros días recortados.

Tal vez, cuando llegue usted a Barcelona, saldrán a recibirle Germán Vargas, Alfredo Delgado, Roberto Prieto, Héctor Rojas Herazo, Riverita. Allí estará, haciéndole consultas sobre los autores ingleses, Alfonso Fuenmayor. Y estará José Félix Fuenmayor esperándolo para compartir esa extraordinaria experiencia vital que los hace similares todos los días. Y estará Gabriel García Márquez, escribiendo sus notas diarias, temiéndole a la hora de su viaje para nos escribir la única nota que nunca habría querido escribir. Tal vez usted los encuentre a todos, juntos en Barcelona. Sin embargo, nosotros, de este lado del mar, seguiremos esperándolo a usted.

 Publicado originalmente en el el periódico El Universal de Cartagena en 1950. Texto parte de la recopilación. Obra periodística volumen 1. Textos Costeños (1948-1950)