Permítame empezar esto como Usted, buenas noches. Hoy se toma el tiempo después de regresar de sus vacaciones para explicarnos porque estamos mal al sentirnos inconformes con el aumento al precio de los combustibles y yo haré lo mismo pero a la inversa. Comienza Usted puntualizando que los nuestros “son sentimientos que entiendo y que comprendo” pero olvida que este no es un problema del sentir, ni mucho menos un conflicto de un corazón roto de quinceañera de pueblo, si así quiere verlo. Es una realidad económica y social que al parecer desconoce por completo. Para probarlo bastan simplemente retomar sus propios argumentos o los de su equipo, que para el caso es lo mismo pues resultan en su conjunto de igual imbecilidad. No entiende, por ejemplo, que este no es un aumento en exclusiva a las gasolinas sino de los insumos energéticos de uso cotidiano como el diésel, gas L.P. y natural, electricidad, cuya modificación está ligada a la liberación de los precios que su reforma energética propuso y no el contexto internacional como nos lo quiere hacer “sentir”.

Culpa a los gobiernos anteriores y en eso tiene Usted razón y le aseguro que el Pueblo mexicano tomará cartas en el asunto cuando finalmente Pemex quiebre por la desgraciada administración de la paraestatal y el enriquecimiento ilícito y procaz del que han gozado sus dirigentes. Pero antes de que eso suceda habría que actuar. Asegura que el problema viene de fuera y dice que “En todo el mundo el precio del petróleo aumentó cerca del 60%”; eso debe ser terrible para un país que se dedica a venderlo, ¿no? ¿Qué hicieron con ese dinero? ¿a dónde se fue? ¿en qué se invirtió?

Dice además que mantener los precios falsos, proteccionistas y que sólo enriquecen a los más ricos le costaría al gobierno federal casi 200 mil millones de pesos y que eso resulta inasequible para un gobierno que aprobó un presupuesto para 2016 por 4.6 billones de pesos mexicanos y que no hay de dónde sacarlos. Nos amenaza con la constante de su estupidez y altanería diciendo que habría que recortar programas y ayudas sociales y luego pretende hacernos sentir empatía y culpa con los inservibles públicos señalando que ya han logrado maniobrar, con terrible reducciones del 10% a sus sueldos, acolchonar el gasto en 198 mil millones; señor Presidente, si se toma el tiempo de entender lo que nos estaba leyendo se dará cuenta que entonces ya sólo le faltan dos mil millones.

Habla también acerca de las terribles afectaciones por las que pasará el pueblo mexicano si no nos subimos al tren de los aplausos y de la anomia que propone. Nos pone en alerta sobre lo inimaginable que le resulta un país en el que los jóvenes egresados de las universidades no encuentran empleo, en el que las parejas que suman sus créditos para obtener una vivienda no alcanzan a pagar o de lo complicado que le resultará a las amas de casa surtir la despensa. Yo sinceramente no sé en qué país vive, porque esa es ya la realidad de más de 60 millones de sus gobernados, esos que según Usted no consumimos gasolina. ¿Será que los memes de Andrea Legarreta no son broma?

Y ya ni hablar del entreguismo. El daño moral que le hacen sus posturas timoratas, cobardes y desguazadas a la dignidad que usted dice defender. Es notoria y profunda su falta de amor al país cuando se trata de defenderlo frente a los Estados Unidos. Por último, lo conmino, así como Usted lo hace con nosotros, a ser fiel a su palabra: “Como Presidente mi responsabilidad es justamente tomar decisiones difíciles en el presente, para evitar afectaciones mayores en el futuro”. Tómelas, dé marcha atrás y hágase responsable de sus malas decisiones y de las constantes omisiones en el ejercicio del cargo que le fue encomendado. No queremos paquetes de medidas de respuestas asustadas y de reacciones. Queremos un gobierno consciente. Si lo único que su gobierno sabe hacer es besar la mano de quien lo abofetea, déjeme advertirle que el Pueblo al que hoy insulta con estos escupitajos de mala retórica y pobreza de ideas no recibirán la misma respuesta. Hoy, el Pueblo de México le dice a usted y su camarilla de imbéciles lo que a los caballos en las carreras: en sus marcas, listos, ¡FUERA!