No es fácil tratar un tema tan espinoso como una propuesta para la legalización de las drogas porque hay cuestionamientos morales, políticos y sociales. Por esa razón, Froylán Enciso plantea un argumento muy bien elaborado en que se apoya de su formación como historiador, además de presentar capítulos ágiles a la manera de pequeños reportajes, crónicas o notas periodísticas. El tema es serio, pero rompe toda solemnidad mediante de una presentación dinámica, apoyada de una espléndida edición que incluye imágenes para dar una idea más clara sobre aspectos mostrados en el libro como personajes, situaciones o sustancias.

Es un texto fundamental para estar enterado de cuál ha sido la relación de los mexicanos con el asunto de las drogas a partir del siglo XIX y, sobre todo, los distintos pasajes en el XX y lo que va del XXI. No se trata de una historia exhaustiva, pero sí puntual en momentos decisivos como el intento de legalización de las drogas durante el régimen de Lázaro Cárdenas. Pasaje que por muchas razones se ha olvidado u omitido como parte de las iniciativas memorables, muy cercana al olvido en que ha caído la expropiación petrolera, pero ese es otro asunto.

Enciso revela que la guerra contra las drogas no siempre existió, sino que ha sido un discurso y ha comprendido una serie de acciones que tienen una explicación histórica. No es que siempre se haya condenado el consumo de estupefacientes. Basta recordar que al general Victoriano Huerta se le tenía por “pacheco”. Así como a finales de la década de 1910 no era raro que en las calles de la ciudad de México hubiera vendedores de cigarros de mariguana. El autor nos muestra también cómo han llegado al país distintos tipos de drogas, desde Europa, Sudamérica o Asia.

En este libro pueden encontrarse historias curiosas como la de un vendedor de huaraches en Mazatlán, a principios de la década de 1930, que es ayudado por un amigo ferrocarrilero para que salga de apuros económicos. La forma en que busca ayudarlo es proporcionándole cierta cantidad de cocaína para que la venda y así obtenga algo de dinero. Cuando el vendedor quiere colocar la mercancía contacta a alguien para que lo ayude a venderla. Después de un tiempo el fulano se pierde, entonces el comerciante pone la denuncia de que le robaron la cocaína que iba a vender. Se inicia un proceso para encontrar al otro personaje, pero lo que puede verse es que si bien el narcomenudeo no era tan común, tampoco se tenía la conciencia de la criminalización de estas sustancias.

Además de personajes como el vendedor de huaraches están otros como el “narcostar bisexual”, Alberto Sicilia Falcón, un cubano de los primeros en atraer la atención de Estados Unidos y México como narcotraficante poderoso e influyente, ya que a mediados de la década de 1970 convierte Tijuana en su centro de operaciones. Tenía vínculos con las altas esferas políticas mexicanas y organizaba fiestas descomunales.

Aparecen otros narcotraficantes más conocidos en el ámbito mexicano como Caro Quintero o Joaquín el Chapo Guzmán Loera, originario de un poblado que sufre abusos militares constantes con el pretexto de combatir el crimen organizado: la Tuna, en la sierra sinaloense. Dedica un capítulo a esta figura en una conversación por demás interesante, ya que establece conexiones políticas, ya que el sistema partidista ha sido aprovechado para el funcionamiento del narcotráfico y la extensión de sus operaciones. A ello hay que sumar la corrupción y la postura del gobierno.

marihuana

Si en un principio se busca entender cómo funcionan las drogas en el cuerpo, luego se tratan de manejar como asuntos de salud pública, es la presión de Estados Unidos quien obliga a considerarlo como un asunto de seguridad pública y nacional. Esto desencadena varios conflictos, sobre todo desde finales de la década de 1940 y tiene sus picos más altos durante administraciones como la de Richard Nixon y Ronald Reagan, así como en la primera década de 2000, a través de diferentes operaciones binacionales como nacionales, así pueden nombrarse la Intercepción, Cooperación, Cóndor, Canador, y más recientemente, la Iniciativa Mérida.

El desconcierto se provoca cuando apenas unos años atrás en algunas localidades Estados Unidos se ha legalizado el consumo de la mariguana para asuntos médicos o de esparcimiento, mientras que se exige que se criminalice en otros países, en este caso, México. El problema se vuelve complejo, porque, explica Enciso, a través de varios momentos, lo que ocasiona el endurecimiento de las medidas contra las drogas, la inversión y todos los recursos que se le asignan, aumentan el riesgo para dedicarse a ello, con lo cual buscan quitar a los peces pequeños del mercado, además de que aumentan los costos de las drogas, lo que hace más atractivo el negocio.

Este volumen es generoso y revelador en varios sentidos, sin ser totalmente académico, provee fuentes de diversos tipos como bibliográficas y electrónicas, entre las que se encuentran libros, revistas, sitios web, documentos y fotografías inéditas del Archivo General de la Nación. También de este importante repositorio, se da cuenta de otros archivos y bibliotecas que se consultaron y a las que podría acudir el lector que busca profundizar en alguno de los temas. Asimismo, se brinda un índice onomástico que siempre es útil cuando se intenta ubicar algún personaje que interesa o regresar a aquél que se olvida en cuál página se había identificado.

En unos cuantos párrafos no puede hablarse de toda la riqueza del libro en cuestión. Solamente queda invitar a que se lea este texto para tener una serie de elementos y entender mejor este fenómeno que ha causado tantos estragos en este país y cuáles son las posibles soluciones. Enciso, luego de proveer tanta información acerca de este tema y sus conexiones, aventura de manera clara sus propuestas para discutir una posible legalización de las drogas. Entonces, este volumen, se vuelve importante en un momento clave de la historia mexicana para saber cuáles serían los rubros necesarios en un tema complejo y urgente de las distintas agendas nacionales como la de salud, la política y la jurídica.