En el mundo en dónde nada es verdad, nada es mentira, sino que todo depende de la tajada política a la que se aspira, la visita del Papa a México mostró claroscuros. No obstante, entre la multitud de opiniones de papalógos improvisados para narrar una gira artística y no una visita de misericordia y paz, de expertos en la temática y articulistas, el balance indica que ganó el gobierno mexicano. La evidencia es que Francisco, en sus discursos, omitió tres asuntos incómodos para la clase política de esta especie de narcoestado: Ayotzinapa, la pederastia y los feminicidios.

En el recuento perdedores y ganadores, pero para que todos ganen, como declaró en Ciudad Juárez en el encuentro con empresarios, perdió Norberto Rivera por su alejamiento de la gente y sus aires de príncipe. La gente porque pagamos los puestos VIPs en los eventos de la clase política, como Belinda usando el helicóptero del gobernador del PRD para acercarse al Papa. Perdieron los políticos que refrendaron el cobre de su sordera porque a pesar de las críticas, les importó más tomarse las selfies y hacer añicos el estado laico. Ganaron los comerciantes de toda talla, y las televisoras del sistema mocovisión. Pierde la Iglesia católica que convierte en espectáculo visitas pastorales. Gana el mundo indígena con la visita a la tumba de Samuel Ruiz y el reconocimiento de que se debe aprender a pedir perdón de la explotación ancestral. Pero como me junto con gente mal pensada, alguien expresó: “Como no, si en Chiapas cada vez hay menos católicos. Sobre todo en el sector indígena”.

En fin, el Papa en el avión rumbo a Italia, empezó, en una conferencia de prensa, a cambiar el discurso. Justificó no reunirse con los padres y madres de Ayotzinapa, porque estaban divididos. Los internautas opinaron que no era necesario conversar con un hombre que hizo una visita acotado a los deseos de Peña Nieto. De la pederastia, pues que no “hicieran eso”. El Estado Mayor Presidencial controló a Francisco y en Juárez, a los periodistas los transportó en camiones especiales y les impidió el recorrido por lugares ajenos al recorrido del Pontífice. La escenografía funcionó porque fue un pacto por México y por el Vaticano. Como que se pasó de cortés el Papa.

El ambiente previo a la visita del Pontífice a la frontera 

Acá en Juárez las expectativas no se cumplieron. En las vallas y en las calles aledañas a la misa no hubo aglomeración de personas, sino de policías cuidando los cientos de sanitarios y las verjas para evitar acercarse al Papa. Desde el domingo, los soldados tomaron el parque de los Hoyos del corredor Bertha Chui. Sitiaron la zona y no pudimos disfrutar de los juegos ni de los aparatos para hacer ejercicio. Con sus armas largas y la mirada de desconfianza, los militares vigilaban los nuevos accesos para llegar al Punto; se derribaron tres tramos de la impecable malla verde y de buen grosor del parque. Fue evidente el dispendio en la movilización, la comida y hospedaje de policías externos. En el Gimnasio Universitario se concentraron como 50 patrullas de tránsito estatal.

El papa interiores

Desde el lunes la policía federal cuales Robocops, con su escudo anti-manifestantes, se aburrían en el cruce de Cinco de Mayo y Malecón. La mayoría se distraía con sus celulares. Los choferes del autobús de la línea Norte, en camiseta blanca expresaban su fastidio. Algunos federales con en motocicleta daban vueltas por algunas calles, como estrenando sus juguetes nuevos en navidad., prendiendo las luces y a alta velocidad. El martes en cada calle hasta la Costa Rica, patrullas con un promedio de cuatro integrantes platicaban y entraban con frecuencia al Oxxo a comprar café, galletas y refrescos. Enfrente de ellos los soldados contradecían el ambiente pacífico de los cuentos de hadas de las autoridades municipales, pues: ¿por qué tanta vigilancia si la ciudad se encuentra en calma? Después del propio Francisco supimos de la tregua pactada de los narcotraficantes fronterizos de 12 horas para “no entorpecer” la insigne visita.

El martes desde la tarde llegaron más policías y aparecieron puestos de hamburguesas en varias calles. El negocio de carnitas permaneció abierto hasta las dos de la mañana. El miércoles en la tienda de la esquina una cartulina verde anunció el cobro de cinco pesos. En una casa de la Brasil y Pedro S. Varela, se ofrecieron donas, café, burritos y el uso del sanitario. Las vallas nos aislaron del Malecón y en las cercanías pulularon los estanquillos vendiendo panes, churritos, agua, bolis de agua purificada para la misa del Papa. No faltaron las camisetas, pulseras, gorras y cualquier afiche alusivo a Francisco. Pero los ávidos oferentes no pudieron hacer su agosto: las hamburguesas de 40 pesos, las rebajaron a 30; la gente llegaba al Punto con sus bolsitas con agua y los más indispensable para sobrevivir hasta la misa. Los cientos de baños portátiles evitaron el cobro del uso del sanitario del hogar. Las ventas fracasaron. En un negocio de Plaza Juárez los souvenirs del Papa, se venden a mitad de precio.

Cual si fuera día feriado vivimos la calma chicha sin el asedio y la extorsión de policías ni tránsitos, gracias a que escoltaron el recorrido del Papa por la ciudad y se dedicaron a bloquear calles y avenidas. Fue un remanso para quienes padecemos cotidianamente sus abusos. Luego las autoridades reportaron saldo blanco y resaltaron la civilidad de la comunidad juarense. ¡Qué bien! Pero más que nuestra urbanidad y cortesía, fue el pacto de no agresión. Hasta los moneros locales estuvieron a la altura de no festinar tanta hipocresía. Uno dibujó a un hombre dándole la bienvenida a Francisco barriendo y ocultando la tierra bajo la alfombra. Otro ironizó que si se trataba de regalar al Papa algo de Juárez, sería un bache. Los empresarios cerraron filas. Ahora los comerciantes no protestaron por la ley seca de casi dos días que traería pérdidas monetarias, como en las elecciones. Los bares perdieron la oportunidad de, igual que en la Fórmula Uno, publicitar precios especiales y botanas. Digo, porque a la velocidad que circuló el Papamóvil¸ parecía una carrera y no una caravana religiosa donde la gente alcanzara disfrutar la presencia del visitante.

Los discursos del Papa en Juárez

Como se entiende, pero no es motivo para estar de acuerdo con la actuación de Francisco, sus alocuciones fueron acordadas con Peña Nieto. En el encuentro con empresarios, más que con el colectivo trabajador, se destaca el señalamiento sobre el mundo que gira sobre las mercancías, los bajos salarios y la explotación. Les dijo claramente que la miseria lleva a la juventud al narcotráfico y a la delincuencia. Pero también habló de diálogo y encuentro, de invertir en las personas. En otras palabras, llamó a la conciliación de clases y a promover el capital humano, que no sean antagonistas, como si fuera posible. Ni una palabra para los obreros y obreros de Lexmmark que se oponen, precisamente, a lo que dijo el Papa: la explotación de los empleados como si fueran objetos para usar y tirar; dios pedirá cuentas a los esclavistas de nuestros días. Por lo pronto y desde antes, el colectivo obrero reclamó sus derechos y no se les hizo caso. Otros dirán: ¡Qué friega les puso Francisco a los empresarios¡ Pero ¿qué de nuevo dijo el Papa que no hayan declarado, dientes para afuera, cualquier diputado? O techo, tierra y trabajo, demanda de la izquierda desde antaño.

el papa con empresarios

En el Cereso Francisco habló de la misericordia de Jesús, de romper los círculos de la delincuencia. Dejó en claro su desacuerdo en la lógica de resolver los problemas con la prisión. Resaltó que las cárceles son un síntoma de cómo está la sociedad, es una cultura del descarte, donde la reinserción no comienza atrás de las rejas, sino en las calles de la ciudad. Propuso un sistema de salud social para prevenir situaciones que deterioran el tejido social. Para quien no quiera oírlo o entenderlo, crítico al sistema socioeconómico actual. En ambos discursos se nota su desacuerdo con la política del Peña Nieto, aunque por cuestiones de diplomacia debió abrazar a éste y a Navarrete Prida, secretario del Trabajo pro empresarial, y omitir los nombres de los responsables. Pero en el Canal 11, las y los especialistas, si señalaron a los responsables.

En los claroscuros de la vista Papal, como decimos cuando nos disgusta un espectáculo: ¡qué me devuelvan mis entradas, porque con mis impuestos se pagó el dispendio de su visita! Cuando menos hubieran construido el púlpito de la misa como la escenografía de cualquier película de Hollywood, ficticio como las fachadas con llamas y detrás tienen unos simples botes con fuego. Igual que cuando termina el rodaje, aquí se desmontaría el escenario, porque el Papa no vivió la realidad de Juárez. Hoy no faltó quien afirme que El Punto quedó bendito y las patrullas cuidan las instalaciones todo el día, como en la Equis. Ya se anunció que se harían misas, y después un gran centro comunitario. Ojalá se edifique lo segundo, porque lo otros es privilegiar a la iglesia católica y/o privatizarlo dentro de poco como llamada Plaza de la Mexicanidad.

En conclusión, como decimos en este país, cuando no hacemos caso de los consejos: Fue como oír misa. ¿O acaso los políticos, los empresarios, las cárceles, las políticas migratorias o hacia la juventud, ya empezaron a cambiar? Claro que no. Y no es por el tiempo, sino porque las palabras no cambian la realidad, sino las acciones. Obras son amores y no buenas razones. En el ámbito religioso dirían: Por sus frutos los conoceréis. Al represor Macri, presidente Neoliberal de Argentina, le entregó el Pontífice una medalla grabada con un olivo de dos ramas que simboliza la unidad cuando algo “en el medio no funciona”. ¿Será por sus políticas de despido, de devaluación del peso, de regresar los medios de difusión al empresariado, de disminuir los programas sociales, que generaron huelgas y protestas? ¿Cómo se logrará la unidad en Argentina en tales circunstancias o en Juárez entre obreros y maquiladores?