Pareciera ser que el siglo XXI pretende construir su identidad caricaturizando las expresiones culturales del ayer ¿Será esto un acto desacralizador con sentido crítico y aires renovadores, o simplemente una mala broma, consecuencia de la profunda deshumanización que vivimos? Antonio Rubio Reyes explora las empantanadas aguas digitales e intenta aclarar el acertijo que suponen las actuales tendencias literarias.

I. Desde el boom en México de los blogueros, cuyo momento más rico fue en el Norte con escritores de la talla de Rafa Saavedra y Heriberto Yépez, o desde la fama reciente y agotada ya de los géneros breves como la minificción y los tuitcuentos, pareciera, en comparación, que cualquier intento o tendencia poética nacida de Internet ha encontrado un hilarante fracaso. ¿Por qué entonces, cuando hasta nuestra cotidianeidad ha sufrido un cambio considerable, esta época en la poesía se antoja estancada pese a los diversos intentos por reformarla?

Para responder la cuestión previa, hace falta reflexionar el éxito que sí tuvo tanto el blog, la brevedad y, desde otra perspectiva, el fan fiction. En el caso de los dos primeros, el hecho de economizar el lenguaje y la búsqueda de imágenes e información contundente provocan efectos inmediatos en el posible lector: desde las primeras líneas hay un gancho, un shock estético. La brevedad sugiere y cuando es de calidad, permanece. Irónicamente, bajo este punto de vista, hubo más poesía en las literaturas mínimas que en la actual poesía. En el caso del fan fiction su atractivo está en la reinterpretación de signos lingüísticos y literarios ya asumidos por la memoria colectiva. A pesar del daño que ha hecho al panorama de la literatura actual, por culpa sin duda de la mercadotecnia asquerosa que intentan vendernos las mafias editoriales, su primera función, anónima, era la de entretener y generar vínculos individuales. Su éxito se debe sin duda al efecto de identificación que produce en sus lectores: un sueño hecho realidad, dirían algunos insomnes. En conclusión, en estos tres momentos de la literatura en Internet se percibe que la búsqueda no está en el hermetismo del lenguaje, como ocurre en la poesía, sino en la reformación de la escritura y en una complicidad con el lector. Por ejemplo, en sus entradas de blog, Yépez puede escribir sobre un autor que desconocemos; sin embargo su estilo dialógico y directo permite que nos interesemos en el tema. Lo mismo ocurre con Rafa Saavedra al describir la vida nocturna de Tijuana: hay un atractivo en lo desconocido, en los ambientes de ausencia y en el desmadre.

La poesía al parecer no corre con la misma suerte. Su brusco intento por explorar las nuevas herramientas que Internet ofrece han distanciado a los poetas de sus lectores. Tristemente a la poesía mexicana moderna sólo es leída por los mismos poetas, quienes no obstante se quejan de “incomprensión” y “rechazo”. Bajo una supuesta vanguardia, utilizan el argumento de autoridad para justificar sus experimentos: “soy bueno, pero no me entiendes”. Por supuesto, los que apoyan estos movimientos son sus amigos funcionarios y otros poetas de ínfima calidad:

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%3Cdiv+class%3D%22MsoNormal%22+style%3D%22text- (¿Fragmento? de “Ser A Será y Hacer…” de Yaxkin Melchy)

Su lenguaje no es oscuro sino esfíngico. Detrás de esta nauseabunda complejidad se haya un autismo poético notable. No es una poética que parta desde lo grotesco o siquiera desde cualquier noción estética. Hay una negación de la poesía —no una antipoesía, sino una poesía mutilada, extraña y difícil de comprender:

.come sabroso y fresco en el hospital de gineco obstetricia luis castelazo ayala. .en caso de ingestión no se provoque el vómito. .¿solicitar atención médica de inmediato?. .come natural. .hemos visto hasta camiones tirando cascajo. .vive natural. .escucharon varias detonaciones de arma de fuego. .se natural. .un incendio en un colegio causó la muerte a 87 niños. (Fragmento de “Residuos” de Rodrigo Flores)

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Lo experimental en esta poesía simula una reinterpretación de lo que lograron las vanguardias europeas durante principios y mediados de Siglo XX. Aunque el objetivo de los Futuristas o los Dadaístas, y después de los Surrealistas, era romper por completo con una visión clasista del arte a partir de lo salvaje y la broma —para luego conformar una nueva élite de poder cultural—, en las generaciones modernas de México no existe un enfrentamiento con la poesía “dominante”. Más bien estos poetas son financiados por las becas del FONCA y sus experimentos se publican en las editoriales y revistas de moda como Tierra Adentro. Tampoco imploran un arte efímero, signo de la Vanguardia; añoran la trascendencia, el chisme, que se conozcan sus nombres y sus textos. Y al final sigue el vacío. Porque en Internet todo impresiona sólo una vez.

A mi juicio, es una poesía asentada en el fracaso, sin ningún hallazgo, sin ningún valor salvo el del morbo, como es el caso reciente de los poemojis, una combinación rara y breve entre lo que serían palabras (o versos, si se quiere…) y emojis, ideogramas que se utilizan en las redes sociales para economizar el lenguaje. En defensa de Dante Tercero, la creadora, alguien (no he podido identificar su nombre, pese a que he buscado en todos lados de Facebook la referencia) responde a las burlas (no críticas) de la gran obra maestra:

Este libro de poemas no es para académicos y puristas de la poesía, es para los otros, los que viven la poesía del Siglo XXI, los que saben que la poesía es arte, a éstos les encantará. Dante ha creado un escándalo, y las diatribas no se han hecho esperar, las envidias y apatías llegaron a montones.

A través del argumento de autoridad, donde se atañe a “las envidias y apatías” de aquellos que no comprenden el experimento poético de Dante Tercero, la defensa comete uno de los pecados más injustos y comunes en el ambiente literario: subestimar al lector. Existe entonces una paradoja, pues si bien es una renuncia de la gran poesía erudita, tradicional, purista, crea asimismo otra especie de elitismo mitificado: el del círculo de lectores. El error de Dante y sus defensores está en asumir que el escándalo que ha producido su obra sea más importante que el hecho poético. Contagiado de amiguismo, surge en Playground, una de esas pestes en el muro de cualquier vago de Facebook, un video en el que se vende la idea de que Dante es una humilde poeta acosada por malvados críticos que no comprenden este producto. Eso de englobar a la “comunidad” con las personas que atacaron a Dante (hecho que, insisto, es denunciable) es desvalorizar a la crítica justa que se ha realizado tanto de los poemojis como del pésimo uso de las becas por parte de las instituciones. Al final la verdad trascenderá: esta obra carece de valor más allá del sentido del escándalo que su autora desea crear.

Entiendo sin embargo la incertidumbre de Dante Tercero por jugar con las herramientas que las redes sociales ofrecen. Sin embargo sus poemojis no son poéticos, sino traducciones de frases azarosas, que pertenecen a otros poemas de la autora publicados en sus poemarios previos. Siento que no comunican nada, no hay una desautomatización del discurso: están condenados al olvido de las tendencias. El ejercicio tampoco es original, bandera que parece abrazar la poeta, puesto que hay ejercicios recientes en inglés que también exploran el lenguaje poético mezclado con emoticones. La diferencia está en que estos últimos nacen como chistes: memes.

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Poemoji, Dante tercero.

Por otro lado, personajes como Ashauri López, quien es una figura popular de Facebook antes que poeta, utilizan lo opuesto a lo que he descrito anteriormente, pero con un sentido de la poesía nacida en el discurso salvaje y motivacional: el de las frases que comparten los usuarios de Facebook. El ejercicio de Ashauri es no obstante interesante porque utilizó en su tiempo las redes sociales para transmitir sus frases poéticas con cierta efectividad. Sus estados eran compartidos y leídos en muchos espacios. Lo curioso es que a la hora de volverse un autor más “serio” y transcribir sus estados a libros no tuvo el mismo éxito:

Necesitas de alguien que te ves guapa cuando andas bien cruda y jodida y gorda que hay días en que es muy difícil ser una chica independiente pero no puedes evitarlo así eres ya te chingaste por más que quieras amar a alguien sabes que cuando cojan sólo te vas a venir cuando pienses en tu libertad.

Ashauri utilizaba frases y lugares comunes, maquilladas con un lenguaje duro y cotidiano que sin embargo no trascendió del like en sus estados de Facebook; en sus libros utiliza la misma fórmula que cede a su innecesario deseo de violentar el discurso sin ningún indicio de genialidad.

La seductora magia de las posibilidades de Internet no es un fenómeno que afecte sólo a autores emergentes, sino a escritores consagrados que dieron uso a estas herramientas, fracasando igualmente, como el caso de Cristina Rivera-Garza y su horrible libro de poemas, La imaginación pública (2015). Cuando las reseñas críticas están compuestas por un 60% de masturbación verbal, un 20% de datos sobre lo interesante y productiva que es la carrera literaria de la autora, un 10% de autores de renombre hablando por compromiso de la obra reseñada y otro 10% de intentos por “acercarse” a La imaginación pública sabes que no hay nada valioso en la lectura de este experimento —venga, siquiera una muestra del libro o algún poema de ejemplo—. Rivera-Garza, además, coincide con el comentario autoritario que emplea la defensora del libro de Dante, afirmando que es un libro para “cierto tipo de lector”:

El lector que se aventura, el que no le tiene miedo a la relación del lenguaje y la tecnología; a los hipocondriacos que buscan definiciones de enfermedades en Wikipedia, para los que se preocupan por los cuerpos desaparecidos que también nos crean identidad en el mundo en que vivimos actualmente; creo que por ahí encontrarán algo que les llegue. (“Presentan La imaginación pública, de Cristina Rivera-Garza”. Consultado en http://www.lja.mx/2016/06/presentan-la-imaginacion-publica-de-cristina-rivera-garza/).

Y bueno, su “poesía” está muerta y es perfectamente olvidable incluso para el más aventurado lector: “De la familia de los Orthomyxoviridae, las palabras gripe o gripa proceden de la francesa / grippe; procedente / del suizo alemán grupi; / acurrucarse […] la influenza / procede del italiano, un tipo / de virus ARN, de la familia / de los Orthomyxoviridae proceden / de la francesa palabra / del suizo del alemán procede del italiano / influenza la infección de las palabras” (“Acurrucarse”, Rivera-Garza).

El problema está en que sus autores se contemplan como la reforma de la poesía, aquel giro que cambiará para siempre el panorama, como mencionaba la defensa de Dante Tercero. La percepción que tienen estos autores de sus críticos quizá tenga sentido y no es posible establecer un vínculo inteligente con su obra nacida en Internet porque no “vivimos la poesía del Siglo XXI” de la misma manera.

II. Se viven tiempos de crisis lectora, y siento que esta reacción poética nace debido a la ausencia de lectores de poesía. Nadie, salvo los mismos poetas y algún loco como yo, se atreve a leer poesía, mucho menos aquella que está fuera del canon. Por ello el desprecio de los poetas hacia el lector, su distanciamiento, su horror. Y esto es un desesperado llamado por atención. A fin de cuentas, buscamos ser leídos.

La obra de Dante Tercero, por ejemplo, se conoce debido a su mismo origen: Internet. A nadie le importaba hasta que se transformó en un poemario y su autora afirmaba que eran poemas con emojis, que había gastado el dinero de la beca en comida para gatos y que estaba siendo acosada por su aspecto y sus gustos personales. Gracias a su breve percepción visual y al escándalo,  esta obra no se puede pasar de largo sin antes contemplar el ejercicio y asimismo producir una opinión: en un libro esto es menos efectivo.

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Entre tanta problemática y discusión, entre tanto meme, burla y beca, la respuesta es tan simple a la hora de renovar la poesía, contenida en la esencia de esta última. Los grandes poetas de todos los tiempos limpiaron el gran verso a través del hallazgo lingüístico, el misterio de lo estético y la deformación de la armonía. Las Vanguardias fueron una maravilla porque en ese contexto histórico, caótico como el nuestro, dieron una bocanada de aire a una poesía estancada en la contemplación pedante de sí misma. Pero las Vanguardias fueron superadas rápidamente por los mismos autores que las impulsaron. Detrás de sí no obstante dejaron aprendizaje y placer, así como poesía terrible como la de Guillermo de Torre —un excelente ensayista—. Lo mismo ocurrió con los blogs de Heriberto Yépez y Rafa Saavedra, quienes ante el dominio institucional y tóxico que existió y persiste todavía en la literatura mexicana ofrecieron una nueva perspectiva de las cosas, sincera y crítica, desde Internet, que todavía se puede consultar en nombre del divertimento y el aprendizaje. Yépez, tal vez el crítico más interesante del panorama actual, sigue apostando por Internet a la hora de publicar ensayos de gran impacto, porque el blog ofrece una libertad de expresión que no tienen las revistas o las editoriales y twitter le permite un contacto directo con aquellos a quienes critica. El regreso hacia el pasado también confirma una angustia de los escritores de mi generación (y menores) por descubrir las maravillas del género fantástico o la brevedad mágica del haikú y la minificción.

Quizá, en fin, nuestra época necesite de esta poesía de emojis y de frases de Facebook, de links a la Wikipedia a la hora de definir el amor, de gifs y poetuits para dar el siguiente paso hacia el vacío o la iluminación.