Afila,

el golpe que de un tajo llega al hueso. Mirada que desnuda, reviste, destruye y recompone. Miles de ojos revientan y se diluyen en tinta, páginas de tiempo, lienzo-palimpsesto de siglos, edades que no han sido.

Pausa.

El proceso se revierte. De la pupila brotan los destellos que prefiguran mares y continentes. Relámpago constante, trueno convoca a la sinfonía que estalla en aleteo de mosca, vello erizado de la nuca. Confín del sueño, presente.

Algo no concuerda con su estatura y su voz inverosímil. Pero todo tiene sentido.

Sismo que abre la tierra para que nazcan flores nuevas. Árboles y hombres, reverberación de imágenes. Palabra que antecede, crea.

Montaña proteica.

Fuego sacrificial. Principio y fin de cenizas reconfiguradas.

Boca del encanto, sortilegio metaléptico.

Hierofante de la lengua.

Hay un canto que no alcanzo a reconocer debajo de escombros digitales.

El camino se construye a cada paso, no es el mismo, no hay regreso.

Desde joven era ya un clásico. Fue hombre de muchos defectos, sin embargo deja un legado poético y ensayístico importante sobre la literatura, el arte y lo mexicano. Su narrativa no es lo mejor. Nos enseñó a ser contemporáneos. Para bien y para mal estableció un canon en que el centro era él. En sus revistas publicaban sus amigos, discípulos y aduladores, lo que sucede en todas las revistas, la diferencia es que su grupo no estaba delimitado por la colonia donde vivía, sino por el planeta.

No inicia con Paz el cosmopolitismo mexicano, por supuesto que no. Desde el siglo XIX hay publicaciones nacionales que incluyen textos en inglés o francés, de autores extranjeros. No obstante, muchas veces eran colaboraciones de las que no se enteraban quienes las escribían. Después aparecen proyectos como la Revista Moderna y Revista Moderna de México —a finales de ese siglo e inicios del XX— que congrega a las mejores plumas de Hispanoamérica. Lo que sí puede encontrarse en la empresa paciana es una visión global que rebasa a sus antecesores.

Ensayo y poesía en Paz se funden, no existen límites que separen. Antes, el lector asiste al trabajo adánico de nombrar por primera vez al mundo. Voz, objeto y sujeto se superponen, medio y fin al mismo tiempo. Dintel que cruzo hacia mí mismo. Humanidad que se apropia de sí a cada hora y punto geográfico.

Túnel subterráneo de la conciencia y maravilla.

Augusto puente de forma y fondo.

Arpista del sistema nervioso. Cuerdas atraviesan piel, cartílagos, ancladas al inframundo, las nubes en el otro extremo.

Gota incesante horada lajas de la existencia.