Podrá haber una cuarta transformación del país sin cambio de modelo económico, es una de las preocupaciones de Cesar Silva Montes en este texto escrito a propósito del apabullante triunfo de Manuel López Obrador, quien según cifras del Instituto Nacional Electoral gobernará con el aval de más de 30 millones de mexicanos, cifra impensable en un mundo en el que la credibilidad de los procesos electorales ha marcado a la baja.

¿Qué cambiará con el gobierno de Andrés Manuel López Obrador? ¿En qué consistirá la prometida cuarta transformación de México? ¿Se le puede otorgar el beneficio de la duda después del anuncio “de reconciliación”? La respuesta la encontré en el comentario de Leo Zukermann, conocido anti-peje, palabras más, palabra menos: “Sí yo, que soy neoliberal me tranquiliza la postura de AMLO”. Complacencia expresada en el programa de “análisis” después de las elecciones en Televisa. El motivo: respeto a la autonomía del banco, libre flotación del peso, interés por mantener la disciplina fiscal y las variables macroeconómicas. (Estrategias refrendadas por AMLO después de su encuentro con Peña Nieto). Por eso no extraña el contenido de sus dos mensajes del 1 de julio, a pesar de presumir que “primero los pobres”, en realidad primero les “habló a los mercados”, para que “no se pusieran nerviosos.”

El talante de López Obrador no sorprende. En la casa de campaña, les guiña el ojo a los capitalistas con “ex Fobaproa” Alfonso Romo y no declara de manera contundente su rechazo a la reforma energética. En el Zócalo, con el pueblo promete doblar la ayuda a los adultos mayores y la gente marginada. Aún en términos espaciales, primero estuvo, virtualmente, con la clase económica y política; después con la gente. En el frenesí del triunfo, subyace la contradicción: ¿es factible mejorar las condiciones de la vida de la población con el mismo modelo económico que se basa en contraer el gasto público? En Sudamérica los llamados gobiernos progresistas mantuvieron la esencia de la estrategia económica y avanzaron. Lula en Brasil, Cristina Fernández en Argentina y Correa en Ecuador. El relevo del primero fracasó, la segunda perdió y el sucesor del tercero apenas ganó.

Más allá del boicot de los capitalistas y las falsas acusaciones de corrupción, como en el caso de Lula, algo no hicieron bien en sus gobiernos. Una de ellas fue no cumplir las altas expectativas prometidas, centrar el crecimiento económico en el extractivismo y no generar la participación de la gente en los asuntos del gobierno. Raúl Zibechi condensa los problemas del extractivismo: causa daños sociales y ambientales derivados de las explotaciones mineras y petroleras, más las grandes obras de infraestructura. En Venezuela se democratizó la renta petrolera hacia los sectores populares. Pero el pueblo construye la autogestión económica con cooperativas de alimentos con tres mercados semanales, o sus centros de salud que atienden 190 mil personas al año. La red de trueke intercambia alimentos artesanías, saberes, servicios y utiliza monedas comunales. O se edifican viviendas en colaboración comunitaria.

Entre los capitalista y el pueblo AMLO decidirá qué hacer y nos sorprenda con la cuarta vía. (Digo, porque la tercera la propuso Anthony Giddens). Tal vez demuestre que con abatir la corrupción y acabar con los privilegios sin cambiar el modelo neoliberal, volveremos al Estado de Bienestar Recargado. Por eso no se le puede pedir al Peje un cambio radical, pues nunca lo planteó en campaña ni ahora como ganador de la presidencia. Pero si habló de favorecer a los indígenas. Esperaría que enviara al Congreso la discusión de los Acuerdos de San Andrés de 1996 que reconocen los derechos y cultura indígenas. También que derogue la reforma laboral, no educativa, porque socava la estabilidad laboral del magisterio. Y frene las modificaciones curriculares en las escuelas normales, pues apuntan a convertir al nuevo profesorado en la didáctica digital, pero sin compromiso político.

Espero que la cuarta transformación alcance a las maquilas. Como se vale hacer cartas a Santa Claus, empezará la libre sindicalización, más porque tendremos un diputado local defensor de las y los obreros maquiladores; ya no habrá despidos en masa por exigir un derecho constitucional; el salario aumentará y los bonos se sumarán en el pago de vacaciones, despidos o jubilaciones; se respetará la normatividad ambiental y no habrá más explosiones ni muertes como en Blueberry en 2013; se incrementará el uso de insumos nacionales en la producción. También, se terminarán los contratos mensuales, la subcontratación y el largo periodo para obtener “la planta”, mejorarán las prestaciones y las utilidades se repartirán con justeza, no como en Bosch, Eaton, Foxconn. Así, la competitividad de las maquiladoras se basará en la productividad de su mano de obra y no en su ínfimo costo.

Para terminar, AMLO se sacó la rifa del Tigre y reitero “no les voy a fallar”. El tiempo lo dirá. Ahora la votación del pueblo le deposita toda la confianza para transformar a México. El carro completo, sin compra de votos ni presiones laborales. La gente le dijo: “va la presidencia y la mayoría en las Cámaras, para que no haya obstáculos legaloides, porque no queremos el cambio de Fox”. Los treinta millones de votantes no estaban enojados; algunos no quisieron más al PRI por corrupto; algunas esperan la abolición de la reforma energética; otros el cese de la corrupción; otras por la movilización social. No voté por nadie, porque creo en la propuesta de Marichuy. Así que, sabiendo su talante neoliberal, le pregunto: “Sí ya ganó con amplio margen: ¿qué espera para extirpar la raíz del modelo económico, causante de los males del país? ¿Acaso no dijo en campaña que era el causante de los males del país?