Sobre la ascensión de Trump al poder ha corrido suficiente tinta. Sin embargo existe un ángulo que ha sido poco explorado por los analistas y la prensa internacional. Se trata de una arista que revela de cómo Cuba, una isla de 10 millones de habitantes, logró sopreponerse a la caída del imperio soviético y a un feroz bloqueo económico impuesto por Estados Unidos, desde hace más de medio siglo. La Cuba de Fidel no se doblegó ante las pretensiones imperialistas de Estados Unidos y desde esa época aciaga de su historia se ha mantenido a flote gracias a la implementación de una política de racionamiento y uso equitativo de sus recursos. En contraste, México, un país de incalculables recursos naturales y humanos, pareciera doblar las manos y aceptar que el gobierno estadounidense siga decidiendo sobre su destino. Atrás de esta política entreguista subyacen los grandes intereses económicos de las trasnacionales, el autoritarismo y corrupción interna que padecemos. Sobre este y otros puntos versa el artículo de César Silva Montes, un empedernido defensor de la dignidad y la soberanía nacional.

La asunción de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos generó una ola de protestas mundiales. Hay consenso en que es una amenaza para la paz mundial, es fascista, misógino, antiinmigrante y agregue el epíteto de su preferencia. En el fondo los dislates de Trump se convierten en foco de atención mundial y se olvida la historia. Antes existieron las dos guerras mundiales y la denominada Guerra Fría que utilizó a terceros países malgastando vidas humanas y afectando la naturaleza. La muestra más evidente fue la crisis de los misiles en Cuba en 1961. Desde el 2000 el recrudecimiento de las invasiones de Estados Unidos en Medio Oriente, el bombardeo de cualquier país de la región; ni demócratas ni republicanos, hicieron la diferencia. Los crímenes de mujeres y sus escasos derechos, libertades sociales, políticas y sexuales, siguen a la orden del día. Africanos naufragan y fenecen en los mares europeos, miles de migrantes latinos muertos y otros asesinados, debido al cierre de fronteras y las políticas xenófobas de los países ricos.

La política de Trump no contrasta con absurdos que no hayan sucedido. Solo evidencia una parte de la falaz democracia occidental y la conjunción en un solo hombre de lo peor de la humanidad. Tristemente, este ser si cumple sus promesas de campaña… para mal. Después de pasar la primera parte del protocolo de su encumbramiento, firmó la orden ejecutiva para acabar con el Obamacare. Siguió con la anulación del ingreso de EU al Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (ATP por sus siglas en inglés), canceló los empleos en la burocracia, advirtió la necesaria renegociación del Tratado de Libre Comercio (TLC) y mandató la construcción del muro. Al menos es cohernte con sus inadecuadas promesas de campaña. No se trata de ensalzarlo, sino de la vergüenza que le debería dar a tanto político mexicano de prometer cambios en favor de la gente y no consumarlos. Pretextos le sobran a la clase política del país para justificar su incongruencia.

En el maremágnum de opiniones, denuestos, descalificativos, histeria colectiva, nacionalismo descafeinado y algunos análisis: ¿qué más se podría decir sobre Donald Trump? Nadie duda (salvo su equipo de gobierno) del absurdo de querer cobrar el muro al país que afectará con su construcción. Las protestas en Estados Unidos son la muestra de la impopularidad de las políticas de Gobierno de Trump. En la especie de cortina de humo generada por tantas barrabasadas debería concederse, al menos, la posibilidad de renegociar el Tratado de Libre Comercio. Entiendo que no podemos confiar en los aprendices de canciller y presidente por su manifiesta subordinación a Estados Unidos, pero conviene presionar para negociar sin seguir vendiendo la patria. Si se rechazan las previsibles imposiciones de Donald, lo peor que le puede pasar al país es vivir un “periodo especial”.

El revuelo ante la posibilidad de cancelar el TLC aceleró la devaluación del peso y se avizora un panorama sombrío como si el tratado hubiera servido para mejorar las condiciones de vida en el país. Las cifras de pobreza muestran que la promesa de Carlos Salinas de llevarnos al primer mundo fue una mentira y que estos acuerdos comerciales solo trajeron más desigualdad social y económica. Un pequeño paseo por Internet informa que aparte de Estados Unidos y Canadá, México tiene libre comercio, entre otros, con: la Unión Europea y la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI); Costa Rica; G2 con Colombia, Nicaragua, Chile; con la Unión Europea; con Israel; el Triángulo del Norte, Uruguay, Japón, Perú, Panamá; AELC con Islandia, Liechtenstein, Noruega y Suiza; con los países de Centroamérica y la Alianza del Pacífico. Además, participa en organismos y foros multilaterales y regionales como la Organización Mundial del Comercio (OMC), el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

El cálculo del potencial de los acuerdos comerciales de México es de un mercado de más de mil millones de consumidores y 60% del PIB mundial. ¿Entonces por qué tanto escándalo? Como dicen ahora, es un área de oportunidad para diversificar el comercio, volver a “mirar al sur”. Ya dijeron que ajustarían el tratado con la Unión Europea. De pasada se buscaría revertir la dependencia tecnológica y el desarrollo maquilador con base en la mano de obra barata. No quiero minimizar la afectación inmediata en la población, en la producción, el campo y la vida en general. Pero en Estados Unidos también habría problemas por el aumento en los precios de los productos por los nuevos impuestos. Tal vez la gente norteamericana o cambiaría de auto con la frecuencia porque se eliminaría el “subsidio” de la miseria salarial incluida en los arneses, vestiduras, estéreos, focos y otros aditamentos de los vehículos de General, Ford, Chevrolet, Toyota, y los que se puedan agregar.

Cuando aquí cunde el pánico, en el sitio de Internet de Cuba Debate, nos ilustra que la isla es una muestra de la capacidad de sobrevivencia de un pueblo y sus gobernantes para mantener un proyecto de país. A inicio de los noventa con la caída de la Unión Soviética, Cuba enfrentó una aguda crisis económica y social y diseñó el llamado “período especial en tiempos de paz”. Entonces se reconocieron los errores internos en la agricultura, la industria y el comercio interior y de exportación. Por otro lado, se acentuó el bloqueo de los Estados Unidos sobre la patria de Martí con las leyes Torriceli (1992) y la Helms- Burton (1996). La primera prohibió el comercio de las subsidiarias de compañías de estadounidense establecidas en terceros países con Cuba; además, prohibir a los barcos que entren a puertos cubanos, con propósitos comerciales, tocar puertos de EU. La segunda, estableció que cualquier compañía no yanqui que comercie con Cuba sufriría represalias legales y a los dirigentes de las empresas se les negará la entrada a EU.

Así, de pronto perdieron los vínculos económicos y comerciales con el Consejo de Ayuda Mutua Económica con los países del denominado bloque socialista y de la URSS dependía comercialmente en un 80%. Cuba dejó de recibir alimentos, tecnologías e insumos y una drástica merma en el financiamiento externo a precios accesibles. Esto generó el descenso del comercio externo en más del 70% en 1993 y el aparato productivo se semiparalizó, aparte por la falta de los energéticos. También se afectó la vida material de sus habitantes. Las medidas para salir de la crisis: apertura al capital extranjero y la despenalización de la tenencia de divisas; Decreto-Ley, ejercicio del trabajo por cuenta propia, creación de los mercados de productos agropecuarios, industriales y artesanales. Además, el Decreto-Ley sobre zonas francas, la modificación de la Ley Arancelaria, nuevas formas empresariales, reorganización de la administración del Estado y del sistema bancario. También se permitieron las casas de cambio y una nueva moneda: el peso convertible.

Con la estrategia, en Cuba creció el PIB 2.5% en 1995, aumentó el intercambio con las empresas extranjeras, las granjas estatales se transformaron en cooperativas. Después se renegoció la deuda con el Club de París y otros acreedores para obtener nuevos financiamientos. El turismo se convirtió es la segunda generadora de divisas del país. Luego los servicios se encumbraron como la mayor fuente de divisas del país, por el trabajo de médicos, maestros y otros profesionales en decenas de naciones del mundo. En ese periodo especial se fundó el Centro de Inmunología Molecular que impulsó la biotecnología y la industria farmacéutica, como el Grupo BioCubaFarma, que en el 2015, le ahorró a Cuba en importaciones más de mil 940 millones de dólares. De importar el 98% del combustible en 199, produce petróleo para el 41% de sus necesidades. Ahora existen cuatro 4 parques eólicos y varios fotovoltaicos, asimismo minihidroeléctricas y comienza la construcción de plantas bioeléctricas.

En suma, no es el espacio para mencionar las dificultades económicas actuales de Cuba. El interés es destacar que sus situación en 1990 era adversa para su desarrollo y sobrevivió. Por tanto, México con mejores recursos naturales y una economía más grande, podría salir adelante si se terminara el TLC. Con el Tratado o sin él, no se han evitado las crisis de las maquiladores en 1974, en 1983 y la reciente el 2000 al 2008. A cada crisis México le cede mayo exención de impuestos, flexibilidad laboral como la subcontratación y la anulación del trabajo de planta. Además, la merma de salarios para el personal profesional porque disminuyen los puestos de supervisión, mantenimiento e ingeniería, los paros técnicos y el desempleo. Tampoco en Europa se puede presumir de jauja económica y social con la Unión Europea. ¿Habrá algún país con una economía precaria que en un acuerdo de librecambismo mejorara sustancialmente las condiciones de vida de la población?

Si se asume con dignidad y el nacionalismo de no someternos al imperio, como se lo dijeron el Ché y Fidel a Estados Unidos, al fin que el neófito Peña Nieto ya declaró que no “vivimos una crisis, sino un desafío económico”. Claro que, como dijo Carlos Fernández-Vega, en la república de los discursos no existe la realidad. Previendo que el canciller-becario y Peña no desafiarán a Trump, habría que decirle al hipnotista Jhon Milton que nos prepare para el periodo especial. En EU no la tendrán fácil, la reducción de impuestos a las empresas no cambiará el endeudamiento de las familias, ni aumentará los salarios y compensaciones de los trabajadores y empleados para reducir la desigualdad, prevé Alejandro Nadal. Menos recuperar los empleos perdidos hace 20 años, ni impedir la reubicación de empresas en países con mano de obra barata, ni frenar la automatización y la robotización de los procesos productivos que reducen las plazas laborales.

No obstante, como si fuera juego de póker, la retórica de ambos mandatarios es de no ceder. En el caso de Peña, por la presión en México. Si se llegara a renegociar el TLC difícilmente se cancelará. Mientras, el gobierno sigue sin difundir un plan para diversificar las exportaciones, abrir nuevos mercados y cómo mantener a maquiladora.

Adendum: Del “él sí sabe cómo hacerlo al Ustedes que harían

Cuando Peña Nieto preguntó Ustedes que harían después del gasolinazo, prácticamente nadie le contestó. Será porque no entiende que no entiende o por la obviedad de la respuesta. O tal vez por lo absurdo de seguir el juego a quien muestra incapacidad y sensibilidad para gobernar en favor del pueblo. Ahora con la exigencia de Trump de que México pague el muro, sin que inquiriera qué hacer, debido a la abusiva demanda abundan propuestas de acciones para detener al lenguaraz magnate. Desde el coloquial “que se faje los pantalones” hasta romper relaciones, pasando por la nota diplomática. Otras de que no vaya a Washington porque fue una cita unilateral. O que asista y le manifieste a Trump la negativa a pagar el muro. Por el momento se suspendió la reunión y vía telefónica decidieron negociar en lo oscurito.

Ahora sin que preguntara ni el aprendiz de canciller ni Peña Nieto, los analistas e internautas propusieron. Jorge Duran entrevistado por Carmen Aristegui sintetizó el meollo del problema. Primero, el actual becario del servicio exterior mexicano invitó a Trump antes de conocer su postura migratoria. Carecieron de timing político. Segundo, la mínima acción cuando un país ante una política agresiva es mandar una nota diplomática. Tercero, si un gobernante ordena construir un muro aún en contra de los derechos humanos, pero le ordena pagarlo a quien se pretende bloquear, lo menos es romper relaciones comerciales y de todo tipo. Además, es una paradoja: Trump quiere reforzar una cerca entre los estados que nos arrebató Estados Unidos y México. Por su parte, Jorge Bustamante, sin minimizar el problema, destacó que la estrategia de edificar muros y expulsar inmigrantes es añeja.

No hay novedad en el intervencionismo de Estados Unidos como el militar en 1847, el robo de territorios y el denominado Muro de la Tortilla. La construcción de muros entre Estados Unidos y México con el manido argumento de detener la inmigración ilegal no ha sido solo promesa de Trump. Lo peor, su efecto más visible fue el aumento de inmigrantes muertos al utilizar rutas más peligrosas y minar la ecología, en especial la del Río Bravo. Desde 1990 en San Diego, California, los gringos cimentaron muros y cercas con malla reforzada, alambres de púas o con tubos de acero en áreas urbanas fronterizas. Bill Clinton, fortaleció el muro con la Operación Guardian en el contexto de la firma del TLC. George Bush promulgó en 2006 la “Ley de Valla de Seguridad” con barreras reforzadas con tecnologías y más personal para frenar el ingreso de inmigrantes.

Entonces, entre la vorágine de comentaristas oficiosos y las ganas de Peña Nieto de olvidarnos del gasolinazo y la estela de crímenes que se viven en el país, conviene enfriar los ánimos. La única novedad es que Trump quiere que paguemos el muro y cambiar las reglas del TLC, no abolirlo. En el río revuelto, Peña Nieto convocó a gobernadores, legisladores, empresarios y jueces, la cúpula política económica del país para la unidad nacional. Sobre el muro es claro, no pagarlo y enviar la nota diplomática. Respecto a quiénes decidirán faltan las y los excluidos de los beneficios de los supuestos beneficios del TLC desde 1994. El campesinado, el mundo indígena saqueado de sus recursos naturales, el colectivo obrero explotado en las maquiladoras, la juventud sin acceso a la educación superior y los 60 millones de compatriotas en pobreza extrema.

En consecuencia, la unidad nacional es en torno a la ofensiva de Trump, de exigir cambio en el modelo económico y que vayan todos y todas quienes hundieron al país en la miseria. No se trata de unirnos a Peña Nieto, pues no es Benito Juárez confrontando la invasión francesa, menos Fidel Castro llamando a resistir la agresión militar y el embargo económico estadounidense. La unidad será por la defensa de la dignidad y soberanía mexicana, no por un presidente acorralado por su entreguismo junto a la clase política. La historia registra la protesta y resistencia del pueblo mexicano contra los muros, la imposición del TLC, la impunidad y por la reaparición de los presos políticos o los estudiantes de Ayotzinapa. Desde antaño se les ha dicho a los gobernantes que miren al sur y no al norte, como ahora que Peña faltó a la reunión del Celac. De plano no aprenden.

Por lo pronto, la marcha de la unidad nacional fracasó. Pudieron, por ahora, más las redes sociales que las alegorías de Telerrisa y Teveapesta.