Al calor de los 40 grados de temperatura en la frontera, y de los denominados retenes antiebrios, conversábamos un grupo de colegas sobre el abandono del Estado a la educación. Abordamos la ofensiva contra el magisterio y los altos salarios de la burocracia. De pronto mi amigo Lalo preguntó: ¿Qué va a pasar en México? Después de un breve silencio, dije que no sabía, pero me aventuraba a plantear una conjetura: al despeñadero. Sin la bola mágica de Walter Mercado, más falsa que las promesas de los políticos que cobran por expoliarnos, traté de atar cabos para después avizorar el futuro. Mi respuesta no fue original ni reclama los copy rigths, sino que deriva del pensar colectivo. A fin de cuentas opino sobre lo que leo, escucho, platico y debato. Posturas avanzadas proponen los copy left por el acceso libre al conocimiento, porque el avance de la ciencia es social. Un ejemplo es la universidad donde se genera conocimiento con el financiamiento público, en consecuencia, la difusión de los hallazgos científicos no deben comercializarse. Como no hemos llegado a este consenso, para que nadie se sienta plagiado, tendré que citar algunas fuentes de información. Las otras son producto de mi reciclaje de ideas.

Para empezar a sintetizar la situación actual del país vale una palabra: caos, producto de la explotación, despojo, desprecio y represión. Cito un ejemplo reciente de cada noción que la gente de abajo vivimos y entendemos, va en ese orden. Los tiempos del porfiriato remasterizados (para usar palabras de la era digital) con los niños, niñas y adultos oaxaqueños que recogen las cosechas en el Valle de San Quintín. Las obras para construir presas en la Parota y el Acueducto Independencia en Sonora que quita las aguas del río Yaqui, derecho ancestral de la tribu, para nutrir a las industrias. La segregación para quienes son diferentes, últimamente centrados en el estigma hacia los anarquistas, los matrimonios del mismo sexo y la insensibilidad para castigar a los responsables del incendio en la guardería ABC. Del último, son la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa, inaceptable en una nación del mundo autodenominada democrática, donde se supone que no hay dictadura. Desde mi perspectiva es la muestra más contundente de la corrupción policiaca, la violación cotidiana a los derechos humanos y los nexos gobierno-narcotráfico.

Entonces recordé las dictaduras sudamericanas, centroamericanas y española, y en tal contexto se “entenderían” las masacres. Pero en país que se precia de democrático, donde las elecciones son-la-vía-civilizada-para-cambiar-el-país, ¿por qué hay matanzas e impunidad? Antes el sistema priista asesinó el 2 de octubre de 1968, el 10 de junio de 1971 a estudiantes, en 1995 masacró a miembros de la Organización Campesina de la Sierra del Sur. En 1997 el asesinato de 45 indígenas en Acteal por paramilitares que le costó la renuncia a Emilio Chauffet de la secretaría de Gobernación, actual inquisidor del magisterio disidente. En 2010, en San Fernando, Tamaulipas, los Zetas ejecutaron a 72 personas.

Aunado a la dictadura perfecta, aunque se lea a título de película, según la Coneval aumentó el número de pobres, la economía no crece, el peso de devalúa y la reforma energética privatiza el petróleo, en la primera ronda, traerá algunos cacahuates. La reforma laboral legalizó la subcontratación, la estabilidad en el empleo y hasta acabar con la garantía del aguinaldo. En lo hacendario nos aumentaron los impuestos, al magisterio le ofrecen despidos y tratarlos como peones intelectuales, con la reforma educativa. En las jornadas electorales sigue la impunidad de los partidos que violan la ley, pagan una multa y conservan la franquicia, como el Verde Ecologista, la sombra del fraude permanece y las promesas de campaña se van a la basura. En Ciudad Juárez, la policía criminaliza a sus habitantes por su aspecto, en los sitios turísticos más que ofrecer hospitalidad se reciben extorsiones y los tránsitos recaudan millones de pesos con los anticonstitucionales retenes. Y las dos cerezas del pastel: se fuga el Chapo Guzmán por un túnel que supera la ingeniería de la reciente carretera Durango-Mazatlán; y la selección de fútbol pasa a la final de la Copa de Oro con dos penales inexistentes.

En este México la corrupción aflora todos los días. Tal vez el Chapo con sus operadores es tan inteligente para construir el túnel y organizar la huida con tal precisión que se alabaría su estrategia. Pero la doxa, el sentido común fundamentado en tantas tropelías, expresa que tal fuga fue posible por la corrupción de las autoridades y salió por la puerta principal. Así se empieza a armar el rompecabezas por periodistas y medios no oficialistas que registran la estancia de Guzmán Loera en prisión. Respecto al famoso Tri, adscrito a la Concacaf considerada la confederación más corrupta del fútbol mundial, la experiencia nos dice que con tal de vender más publicidad el día de la final, se favoreció a México, por cierto un día 26 (memoria de Ayotzinapa). Después de este panorama que no puede ser exhaustivo pues falta incluir a todos las presas y presos políticos indígenas, líderes de las policías comunitarias, luchadores y luchadoras sociales, ni la desgracia de la guardería ABC, ni el ataque a la liberta de expresión, la siguiente pregunta es: ¿por qué los gobernantes siguen gozando de impunidad y a eso que llamamos pueblo nos tranquilizan con una televisión y más promesas?

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La Resistencia ante el control del Estado

Alguna vez una maestra nos dijo que a Pierre Bourdieu lo invitaban a los foros para expresar opiniones que otros, otras, callaban. Crítico a los medios de difusión capitalista, Bourdieu reclamó la falta de espacios para las voces disidentes y su convicción de que la intelectualidad debería fundar sus propios medios. Analizó a la escuela como una colaboradora de la desigualdad social, porque reproduce el pensamiento de la ideología dominante. Para Bourdieu el sistema escolar, el Estado, la Iglesia, los partidos políticos y los sindicatos no son aparatos, sino campos. Esto significa que los agentes y las instituciones luchan por conservar o transformar las relaciones institucionales, bajo ciertas regularidades no siempre explícitas. Quienes dominan en un determinado campo lo hacen funcionar en su beneficio, pero también enfrentan la resistencia, las reivindicaciones y las pretensiones, políticas o no, de los dominados.

En este sentido, en México abundan las acciones de resistencia. Canek se rebeló a la conquista. Vino la independencia (con todos sus bemoles). Después se enfrentó a la intervención francesa y norteamericana, se realizó una revolución armada contra Porfirio Díaz. Lo reciente es la indignación por el asesinato del fotoperiodista Rubén Espinosa. Después de la revolución de 1910, se “institucionalizó la revolución” y con el nacimiento del Partido Nacional Revolucionario abuelo del PRI, se empezó a controlar a la disidencia. Esto incluye al Partido Comunista que en 1976 aceptó participar en el juego electoral. Entre la represión y las prebendas, el denominado sistema de Estado encabezado por el PRI consiguió cooptar a la disidencia en las elecciones mediante las prerrogativas a los partidos políticos registrados. Me acuerdo del PRT, de filiación trotskista, que de partido movimiento terminó privilegiando las elecciones y el financiamiento. Para los partidos de siempre llegaron los grandes salarios a la burocracia legislativa y gobernante, bajo la consigna de que mientras más ganen, menos corruptos serán. En 2015 se sabe que esto no evitó la corrupción. Querían enterrar la sentencia: “A mí no me den, nomás póngame donde hay”.

En el año 2000 llegó un ranchero de lengua larga y oídos cortos a saquear el país. Las esperanzas depositadas en Vicente Fox se diluyeron porque en menos de sus seis años aprendió a aprovechar del puesto para beneficiar a sus amigos, con Oportunidades a recoger votos y a exonerar a los hijos de Martha Sahagún de las tranzas de sus hijos. Incluso violó los gastos de campaña con su organización Amigos de Fox. Como sucede hasta el 2015 con el Partido Verde, la resolución del quebranto de la ley se resolvió cuando nada se podía hacer. Planteado como ruptura con el sistema de impunidad, el sexenio foxista lo fortaleció. Siguió Felipe Calderón con su guerra contra el narcotráfico que en Juárez cobró muchos muertos y la economía no creció. Luego arribó Peña Nieto para retomar los negocios del PRI. El llamado telepresidente, aparte de iletrado, encabezó las reformas para privatizar al país con la anuencia del PAN y PRD. Como en México no se discute, sino se vota, “las mayorías” acordaron reformas en contra de la gente y a favor del empresariado. La resistencia surgió, pero también los llamados al “diálogo con la izquierda moderna”, a las “vías institucionales” y la estigmatización de la disidencia. El magisterio sigue en lucha, pero los partidos siguieron colaborando con el gobierno.

En suma, en el campo político ganó el poder con sus medios de difusión afines, la entrega de televisiones, la amenaza de “que mañana no tienes trabajo, si no votas por mi” y la represión policial. La gente resistió, desde las policías comunitarias, el movimiento magisterial, las protestas por Ayotzinapa y la autonomía zapatista. Regresando a Bourdieu, la gente en México ha intentado cambiar las reglas del juego, incluso las electorales, pero el poder del gobierno se impuso. Permanece en el debate si es necesario tomar el poder del gobierno para cambiar el mundo o construir el poder desde abajo.

El ejemplo es Sudamérica. Guillermo Almeyra (La Jornada, 9-8-2015) hace un recuento de los problemas de los gobiernos progresistas: brasileño y boliviano. Lula ganó la presidencia durante la primera ola de resistencia neoliberal con el apoyo de sectores populares, en Bolivia Evo Morales no cogobierna con el Movimiento al Socialismo. A ambos les tocó dirigir países capitalistas dependientes que venden materias primas, sin eliminar las medidas asistencialistas, nacionalizar los bancos o elaborar una reforma agraria radical. La venta del petróleo, granos y productos agrícolas, por ejemplo, depende de la bonanza de los países capitalistas. En tiempos de crisis disminuye la demanda y los precios se reducen. Por tanto, depender de la exportación de materias primas no es la mejor estrategia para el desarrollo de estas naciones. Y cuando se intentan combatir las políticas neoliberales como en la experiencia griega, donde en un referéndum el pueblo griego votó por eliminarlas, los países dominantes en Europa no lo permitieron. Ni les rebajaron la deuda externa y si mantuvieron los recortes en las pensiones y en la red de seguridad social. Grecia es un ejemplo de que ganar las elecciones o tomar el poder del gobierno, no se traduce en cambios radicales en favor de la gente. No obstante, Para Raúl Zibechi (La Jornada, 23-1-2015), son tiempos de inestabilidad global y la transición puede ser anárquica para derrumbar al sistema.

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Las posibilidades

Las elecciones del 7 de julio trajeron novedades del pasado: ganamos los abstencionistas, los principales partidos políticos perdieron votación, se intensificó la compra de votos y se gobierna en algunas regiones con el 20% de los votos del padrón electoral. Algo distinto fue el triunfo de un gobernador y dos o tres diputados independientes de los partidos. En el caso del gobernador, ligado al poder económico de Nuevo León. Los hechos pudieran interpretarse como el hartazgo de la gente por los partidos. Antidemocráticos como son, de inmediato en Chihuahua y Veracruz se elaboraron leyes para bloquear las llamadas candidaturas independientes. Los gastos de campaña fueron un desperdicio para el número de sufragios emitidos. Una vez más el pueblo votó por sus explotadores, por aquellos y aquellas que diseñan las políticas de empobrecimiento. A fin que para los gobiernos panistas, perredistas y priistas, la estrategia es: un pobre, un voto.

Aludir lo conocido es para reafirmar que las elecciones no son la posibilidad para un cambio radical en el país. Sin embargo, hay quienes siguen luchando desde abajo y a la izquierda, fuera de los partidos y de la forma tradicional de hacer política: el único horizonte es la conquista del poder para volverse gerentes del México, S. A. A quienes buscan un camino alejados del sistema económico y político actual, les llaman antisistémicos. Entre ellos y ellas se encuentran La Casa de Todos y Todas que proponen un Diálogo Nacional, por un proyecto de Nación incluyente, libre y democrática. Diálogo que mirando al futuro no se olvide de exigir el regreso de todas y todos los desaparecidos políticos, por un Acuerdo Social Mexicano y una Nueva Constitución, generado en las calles de las ciudades, en los centros de trabajo, en la fábrica, en la organización vecinal, en el caminar de indígenas y campesinos, de la niñez indigente, de personas de la tercera edad, en cada aula, en cada escuela, dentro del sindicato verdadero, en la cooperativa, en los talleres, en las maquiladoras. Por sus mañas, en el diálogo no caben los partidos ni el gobierno.

Para el diálogo no hay guiones ni modelos. Se aspira a construir desde cada realidad y cada comunidad. Lo común, la posible unidad es pensar que otro mundo es posible y en contra del neoliberalismo. Cada espacio definirá sus formas de luchas, sus demandas, su organización y su método para tomar decisiones. Sin prisas, sin liderazgos ni profesionales de la política. Se trata de construir experiencias donde la gente tenga voz y sea capaz de actuar desde la autogestión. Tres ejemplos: desde cada colonia impulsar las huertas comunales como formas de asociación y de resistencia a la comida chatarra; la organización para que las obras de infraestructura sean consultadas con los vecinos y las vecinas; nombrar representantes rotativos por cada calle para enfrentar las políticas de cobro de los servicios de la administración municipal.

Las propuestas enunciadas en el párrafo anterior que parecieran abstractas tienen referentes con la realidad. Con la irrupción del movimiento zapatista en 1994 se renovó la resistencia mundial contra el neoliberalismo. No se plantea que el zapatismo sea el único movimiento inspirador de las luchas por un mundo nuevo, pero si la trascendencia de los últimos años y la materialización de una nueva forma de hacer política. En sus múltiples comunicados puede entenderse que nunca se han propuesto como un ejemplo a seguir, ni presentan su experiencia como la única, tampoco dictan manuales de cómo encabezar revoluciones. Tampoco esperan que les erijan estatuas porque luego las cagan las palomas, pero además porque significa la petrificación de sus ideas. No falta quien señale que las protestas de Seattle de 1999 contra el capitalismo mundial se motivaron por la experiencia zapatista. Después de la crisis Argentina de 2001, el pueblo recuperó fábricas, intentó la autogestión, el trueque como forma de cooperación y sobrevivencia.

En territorio zapatista la autonomía para gobernarse sin pagar a sus representantes en las Juntas de Buen Gobierno, de evitar que la escuela y la medicina sean mercancías, de crear cooperativas y depositar el poder en las comunidades, son realidades. No es el paraíso ni un espacio sin contradicciones ni errores. Pero si viví en la escuelita zapatista de enero de 2014, su cotidianidad, sus formas de organización y como son dueños y dueñas de su destino. Construyeron sus propios medios de comunicación y sus leyes, tienen su ejército para proteger a sus comunidades y defenderse de la agresión del gobierno. Allá no se obliga al profesorado a asistir a los mítines y a promover el voto por el PRI o el Panal para conservar el trabajo. Es una lástima que en la era digital una parte del magisterio se someta y sea cómplice de las tretas electorales del PRI.

Entonces Lalo, si no hay resistencia y organización vamos al despeñadero. Reconozco la falta de originalidad del término, pero como dice el refrán: le quedó como anillo al dedo. En México se necesitan rupturas que no llegarán con Morena ni de quienes se orientan por la lógica del poder. Mientras miremos hacia arriba solo recibiremos asistencialismo. Si volteamos para abajo es para reconstruir los lazo comunitarios, la solidaridad y el hoy por ti, mañana por mí. Resistencia sobra, pero también represión.