Lo principal es que la coyuntura para elegir rector en la UACJ se convierta en un espacio deliberativo que conduzca a la construcción de una universidad critica, democrática y popular, señala Cesar Silva Montes en esta tercera y última parte de su texto Medios, Universidad y Democracia, que alLímite ha publicado en las últimas semanas con el afán de de provocar el debate y abrir una tribuna donde se discuta sin cortapisas, más allá de los intereses grupales –por legítimos que éstos sean– temas que conciernen al devenir de la sociedad misma.

El momento para la elección de nuevo rector (todavía no hay aspirantes mujeres) en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ), coincide con los 50 años del mayo francés y del 2 de octubre; además con los 100 años de la movilización en Córdoba, Argentina por la autonomía universitaria. Por tanto, en el transcurso de las políticas neoliberales y del Estado Evaluador que orienta la vida colegiada y administrativa universitaria: ¿cuál sería el anhelo democrático en la UACJ? ¿Estaremos ante la situación como en la frase de moda: ¿la cuarta transformación de la UACJ, en sus 45 años? ¿Habrá que repensar el pasado de una escuela crítica, democrática y popular u optar por la “moderna” universidad innovadora, emprendedora y de clase mundial? En la antípoda hay múltiples matices y será asunto de las y los universitarios construir el tipo de convivencia democrática y autonomía que deseamos.

Son tiempos de hablar de democracia, casi como dijo Enrique Krauze, sin adjetivos, después del triunfo electoral de Andrés Manuel López Obrador. Acá también habrá elecciones e importa trascender en la búsqueda del individuo idóneo y ampliar la mirada a los espacios de participación y de formas alternativas de gobierno universitario. En general en las universidades la representación de estudiantado y profesorado se deposita en los consejeros técnicos y universitarios. En el mundo se cuestiona la democracia representativa y se sugiere la democracia directa. En la UACJ la Ley Orgánica señala que en el Consejo Universitario se elige al rector sin representantes del personal administrativo, mantenimiento o de intendencia. Aquí se plantea la posibilidad de agregar la representación de estos sectores al Consejo Universitario o, cuando menos, buscar formas de consultarlos sobre la elección.

Otro asunto es la relación de consejeros y consejeras con quienes representan. En la experiencia de los gobiernos estatal y federal, en sentido estricto no rinden cuentas. Por ahí crearon oficinas de enlace con la ciudadanía y dan informes de sus actividades. Pero no preguntan a la gente el sentido de su voto, por ejemplo, con la reforma energética o el pasado aumento del IVA en la frontera. En la UACJ ¿cuál sería la factibilidad de modificar esta relación? ¿Podría convocar cada representante del estudiantado y del profesorado a sus representados para escuchar las opiniones sobre cada aspirante a la rectoría y considerarlo como mandato para votar? Por ahora se podría tomar solo como una orientación para no eliminar la secrecía del voto. También conviene debatir si es obligación del consejero o consejera votar según las voces de sus representados.

Respecto a la difusión de programas de los aspirantes antes de la elección, es adecuada. La lectura con tiempo de los proyectos de desarrollo de la UACJ permitiría el voto con mayores elementos para elegir al rector. Asimismo, podrían organizarse conversatorios entre los aspirantes ante la comunidad universitaria. No como los debates presidenciales, sino respecto a las ideas de la educación superior, su aporte a la comunidad o la función social de la universidad. En 2012 en el contexto del movimiento Yo soy 132, en la UACJ se realizó un foro con la asistencia de un candidato a la rectoría y otro mandó sus respuestas por escrito. Estudiantes de los diversos institutos hicieron preguntas y comentaron las respuestas de cada candidato. Entonces no recuerdo desaprobación o descalificación a una comparecencia que ampliaba la democracia electoral. Es un antecedente de que “todo” es posible.

En el aspecto sindical, aunque se realizó la renovación de la dirigencia sindical con tres planillas, aún hay camino largo por recorrer. Por falta de quorum no se ha avanzado en la reforma estatuaria y en la nueva relación dirigencia-representados. Ojalá de la preocupación por el manejo y el uso del dinero, se amplíe al posible papel del sindicato en la definición de los programas de estímulos y las encuestas de opinión, que manifieste su postura ante los problemas regionales y nacionales. El sindicato de la universidad tiene derecho a intentar colaborar con la sociedad y ser parte del ideal de la universidad como conciencia crítica de la sociedad. Pareciera que la incipiente democracia electoral sindical aún nos sorprende. Y solo será posible con un profesorado actuante, en donde no se culpe a la supuesta falta de difusión la escasa asistencia a las asambleas, sino a la falta de participación en el sindicato.

Muchas ideas faltan en el debate sobre democracia en la UACJ. Habrá algunos puntos de coincidencia, discrepancia y por deliberar. ¿Será posible consejos en lugar de dirigencias sindicales o una junta de gobierno y no un rector? ¿Una elección de rector universal y directa, con un conversatorio entre aspirantes? Esto no es una remembranza del ’68 de que “seamos realistas y pidamos lo imposible”. Un ejemplo es la Academia Libre que, desde el 5 de mayo de 2012, es la única universidad del mundo cuyo rector, el poeta David Hevia, fue electo por sufragio universal y voto igualitario. Sus Estatutos se basan en el principio de democracia participativa, así como en el carácter público y gratuito de cada uno de sus programas de estudios. Las decisiones cotidianas las deciden en la Comisión Ejecutiva integrada por académicos y estudiantes, que cumplen las funciones de rectoría y secretaría general.

Recordando Silvio Rodríguez, “hablemos de lo imposible, porque de lo posible se sabe demasiado”. En consecuencia, los puntos a deliberar no son “una provocación” como se acostumbra en los eventos académicos con el fin de generar participación del público. Se trata de reflexionar sobre experiencias como en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), donde un colegio electoral garantiza que las propuestas de los candidatos a rectoría sean cabalmente conocidas por la comunidad, y realizar la consulta de preferencias por sector, colegio, sede y plantel para definir una terna de aspirantes. En uso de su autonomía la UACM no tiene examen de selección, ni obsesión por la eficiencia terminal, ni adapta sus licenciaturas y planes de estudio según exige el mercado. No debe obviarse que la UACM se fundó en 2001 en tiempo de la jefatura de gobierno de AMLO en el ex DF.

En la UACJ la dinámica ha sido muy distinta. En el nuevo escenario, en la página web de la propuesta Transformando Contigo la Universidad se puede verificar el diálogo con quienes emiten comentarios o críticas. Si se revisa el documento-propuesta se encontrará la inclusión de ciertas sugerencias de las y los interlocutores. Ya se difunde la versión dos y se afinará hasta agosto. El hecho es un indicador de la pluralidad e inclusión del documento. Mucho más habrá por deliberar, pero ya se lee que las jefaturas de departamento y las coordinaciones de programas sean mediante convocatorias y con un plan de trabajo del aspirante. O la consulta a la comunidad universitaria sobre la elección de rector y asuntos de trascendencia institucional. O crear la comisión de seguimiento al cumplimiento del plan de rectoría. El fin es que la UACJ responda al sector social marginado y sea más democrática.

Por último, si alguien en 2016 observó tiempos de cambios, ahora podría decirse que pueden ser de trasformación. Al menos en la universidad se pudiera abandonar la lógica neoliberal a ultranza. Para que las universidades públicas, más que emprendedoras y de clase mundial, se dediquen al pueblo y usen su autonomía para vincularse con los excluidos; mantener su rasgo plural, universal y no dogmático; obligar al Estado a financiarla; con una gestión participativa y democrática. Lo principal es que la coyuntura para elegir rector en la UACJ se convierta en el espacio para deliberar respecto a la universidad deseada. Sin ingenuidades, buscar consensos en un diálogo sin cortapisas. Al fin que en el imaginario universitario el consenso aún es por la jerarquía, la representación, la eficacia, la evaluación, educar para el trabajo y la burocracia ideal de la planeación estratégica.