Contar la historia siempre ha sido una de las maneras más eficaces para abatir el olvido. Armida Valverde escribe este recuento del Mayo del 68 con rigor, pero también con una buena dosis de empatía hacia uno de los acontecimientos que marcaron al mundo y revolucionaron la segunda mitad del Siglo XX. Para desencriptar algunas claves de los movimientos sociales sucedáneos es imprescindible retornar a las calles parisinas de aquel lejano Mayo y envolverse en el fragor de los discursos libertarios de sus estudiantes. 

El Mayo francés de 1968 representa un analizador de las instituciones emblemáticas de la sociedad de la década de los sesenta. La educación, la familia, la religión, el arte, el orden burocrático, la democracia representativa, los partidos políticos, la gestión de los procesos productivos, el trabajo, los sindicatos, los medios de comunicación, la sociedad de consumo, los valores dominantes, el papel subordinado de las mujeres y la juventud, entre otras, fueron sometidas a crítica por la imaginación y creatividad desbordante de la juventud francesa.

La gran movilización social desatada por los estudiantes e intelectuales de la universidad francesa en mayo de 1968, se gestó en el declive del modelo de reconstrucción en los años de la posguerra (1950-1960). La migración de la población rural a las ciudades incrementó la pobreza y el desempleo. En las periferias se asentaron bidonvilles, zonas de precariedad que contrastastaban con el bienestar citadino. El descontento popular frente a las políticas autoritarias del gobierno de Charles De Gaulle (1958-1969) desató huelgas y paros en el sector productivo y en el universitario.

Acumulen rabia

Es precisamente en la Universidad de Nanterre donde se prefigura Mayo de 1968. Ahí, el 21 de marzo de 1967, los estudiantes se organizaron para protestar contra la guerra en Vietnam. Se manifestaron también contra el Plan Fouchet, un programa de reformas universitarias enfocado primordialmente a adaptar la enseñanza superior a las demandas del mundo empresarial y a la implementación de procesos selectivos de ingreso. La reforma de la educación superior despertó en los estudiantes el cuestionamiento al sistema universitario y al sistema de valores que se intentaba inculcarles. Además, los jóvenes demandaban libertades sexuales y el “derecho de circulación”, impedidos porque en las residencias del campus se prohibía la convivencia de hombres y mujeres en el área de dormitorios. Sobre todo, exigían libertad de expresión política dentro de la universidad, para debatir la urgencia de cambios sociales, económicos y culturales en la sociedad francesa.

El movimiento fue desalojado por la policía. Las autoridades universitarias circularon una lista negra con 29 estudiantes para impedirles entrar a clases y solicitaron se prohibiera la residencia en el país del joven líder estudiantil Daniel Cohn-Bendit, Dany el Rojo -por su melena-, francés, estudiante de sociología, hijo de refugiados judío-alemanes e integrante del grupo más radical contra la guerra en Vietnam, bautizados como Enrages -Iracundos-.

La agitación estudiantil continuó en los meses siguientes. En noviembre de 1967, los estudiantes de sociología de Nanterre mantuvieron una huelga durante diez días y constituyeron una comisión mixta de profesores y estudiantes, para solicitarle al Ministro de Educación mejoras materiales para la universidad. Sus demandas fueron rechazadas.

En los exámenes, responda con preguntas 

El 8 de enero de 1968, Francois Missoffe, ministro de la Juventud y el Deporte, inauguró una piscina en la Universidad de Nantere. Cohn-Bendit se acercó a pedirle fuego para encender su cigarrillo y le interpeló:

“Monsieur le ministre, he leído su informe sobre la juventud. En trescientas páginas no hay ni una sóla palabra sobre cuestiones sexuales entre los jóvenes”. (…)

“No me extraña, con una cara como la tuya, que tengas esa clase de problemas: te sugiero que te des un chapuzón en la piscina.”

“Esa respuesta –contestó el estudiante– es digna del ministro de las Juventudes Hitlerianas.”

El hormigón armado educa la indiferencia 

Meses después, el 22 de marzo de 1968, 300 activistas ocuparon el área administrativa de la universidad de Nanterre. Exigían libertad de expresión política dentro de la facultad. Expresaban su apoyo a la resistencia del pueblo vietnamita frente a la ocupación de las tropas norteamericanas y su descontento por la detención de algunos compañeros. Entonces entró a escena el Movimiento 22 de marzo.

En el Movimiento 22 de marzo participaban estudiantes con diversas filiaciones políticas, o sin ninguna de ellas. Troskistas, anarquistas, situacionistas, maoístas y marxistas-leninistas compartían el análisis crítico de las instituciones pedagógicas, sobre el autoritarismo de la escuela-cuartel y sus profesores. Los unía el deseo de suprimir la organización centralizada y burocrática de la sociedad Aspiraban superar las divisiones entre clases, entre géneros, entre razas, entre jóvenes y adultos, entre trabajadores manuales e intelectuales, entre naciones. Su lucha no era para tomar el poder político, ni para cambiar a un gobernante por otro, sino para liberarse de la sociedad de consumo que les ofrecía ser “libres para nada”. Luchaban para abolir la sociedad instituida. En Nanterre, los muros empezaron a hablar:

“Profesores, son viejos, su cultura también, déjenos vivir.” “No me liberen, yo basto para eso.”

El carácter incluyente del Movimiento 22 de marzo, atrajo la simpatía de los indiferentes y permitió ampliar su influencia en el estudiantado. Ante la fuerza del movimiento, el decano se vio orillado a facilitarles un anfiteatro para realizar sus reuniones. Lo bautizaron con el nombre de Che Guevara.

Según Jean-Paul Sartre, el Movimiento 22 de marzo era “inaprehensible”. No se sabía si tenía 5 mil o 50 mil militantes, se negaba a dotarse de una estructura, y consideraba que el papel de las “minorías actuantes” era ser un “fermento siempre presente pero siempre difuso en la sociedad”. Para Sartre, el pensamiento de Cohn- Bendit se inscribía en la lógica de que “las masas engendran, de cuando en cuando, pequeños grupos de hombres que nunca llegan a ser “jefes”, pero que pueden desencadenar -en ciertos momentos privilegiados en que su acción corresponde a una exigencia popular profunda- un movimiento de masas que los sobrepasa y los envuelve enseguida.”

El acto instituye la conciencia

 Después de las vacaciones de pascua, el 2 de abril, los estudiantes de Nanterre se reunieron en el Auditorio Che Guevara para analizar el desarrollo del movimiento. Consideraron que la etapa de lucha universitaria había madurado lo necesario para articularla con la juventud de clase obrera.

Al respecto, Daniel Cohn- Bendit, expresó en una entrevista para Le Nouvel Observateur:

“…Es al sistema en conjunto al que atacamos en nuestras reivindicaciones; al poder político, al capitalismo, a su concepción de la Universidad. La politización parte de allí: cuestionar al sistema capitalista por la función social que asigna a la Universidad; rechazo por parte de los estudiantes de llegar a formar parte de los futuros cuadros capacitados para explotar a la clase obrera…No son solo los estudiantes, sino la juventud obrera la que se rebela. El obrero padre de familia no siente deseos de combatir cuando ve que la CGT[1] frena, que los otros no se mueven. Pero los jóvenes obreros no tienen nada que perder: están sin trabajo, no tienen familia, ni cuotas de la heladera por pagar. No digo que mañana mismo habrá grandes luchas obreras, pero la situación puede evolucionar rápidamente…”

La agitación se mantuvo durante el mes de abril. El día 27, Cohn-Bendit fue detenido por la policía y su domicilio fue allanado. El Movimiento Occidente, un grupo neofascista de choque contra los estudiantes de izquierda, integrado mayoritariamente por jóvenes de la Facultad de Derecho, decidió recuperar los planteles y regresar a clases. El día 28, publicó un comunicado virulento:

“Ya que los marxistas quieren guerra, la tendrán. Todos nuestros militantes han sido movilizados. De aquí a una semana exterminaremos a la lacra bolchevique.”

El 2 de mayo, el movimiento 22 de marzo realizó la primera jornada anti-imperialista en Nanterre. La situación se tensó cuando los activistas se enteraron que el grupo Occidente marchaba hacia la universidad. Ante el riesgo inminente de enfrentamientos violentos entre los grupos antagónicos, el decano llamó a la policía para desalojar las instalaciones y cerró el recinto universitario ese mismo día.

El Partido Comunista Francés (PCF) mostró su desdén al Movimiento 22 de marzo. En la editorial de Georges Marchais, secretario general del PCF, publicada el 3 de mayo en la L’Humanité, se refería a los estudiantes como “grupúsculos izquierdistas”, gauchistes “pseudorrevolucionarios” que pretendían “dar lecciones al movimiento obrero”

La imaginación toma el poder

 La mañana del 3 de mayo, se realizó una movilización en la Sorbona por el cierre de Nanterre. Un centenar de integrantes de la organización Occidente, armados con palos y cascos marcharon sobre la Sorbona y el rector Roche solicitó la intervención policiaca. El grupo Occidente retrocedió, pero los manifestantes, organizados en grupos de auto-defensa se negaron a abandonar las instalaciones y solicitaron un anfiteatro para continuar su acto.

A las tres de la tarde, la policía cercó la universidad e impidió la circulación de los jóvenes. Los estudiantes de nuevo solicitaron un espacio y, ante la negativa del Rector, optaron por realizar un sit-in para revisar la situación y reorganizarse. Hora y media después, 300 guardias armados con cachiporras entraron a la Sorbona. Una comisión de estudiantes negoció con la policía el desalojo libre y en calma de las instalaciones, pero al salir fueron detenidos 527 para ser trasladados a las comisarías. En la Sorbona los carteles proclamaban:

“La revolución que se inicia pondrá en duda no sólo la sociedad capitalista sino la sociedad industrial. La sociedad de consumo debe morir una muerte violenta. La sociedad enajenada debe desaparecer de la historia. Estamos inventando un mundo nuevo y original. La imaginación ha tomado el poder.”

La detención de los activistas provocó una reacción espontánea de solidaridad. Estudiantes que no participaban en la movilización, que estaban en clases o en la biblioteca, transeúntes que pasaban por ahí, intelectuales, artistas, trabajadores, desempleados, se sumaron a la protesta. Durante la tarde, miles de personas se congregaron alrededor de la Sorbona con la exigencia de liberar a los arrestados. En el Barrio Latino, la policía trató de sofocar las movilizaciones y desencadenó enfrentamientos violentos. Los grupos de inconformes resistían los embates de las fuerzas públicas, lanzaban adoquines, recogían las granadas de gases y contraatacaban a la policía. Por la radio, Alain Peyrefitte, Ministro de Educación, informaba: “Sólo se trata de un puñado de agitadores”. La Sorbona fue cerrada bajo custodia policial. Ese día lo que nació en Nanterre se trasladó a la Sorbona y rompió los muros de la escuela para convertirse en un movimiento social.

Por la noche, los estudiantes, el Sindicato Nacional de la Enseñanza Superior (SNE Sup) y la Unión Nacional de Estudiantes Franceses (UNEF), convocaron la huelga general de las universidades francesas, con tres demandas: la libertad de los estudiantes detenidos, la reapertura de la universidad y la salida de la policía del Barrio Latino. La respuesta del gobierno de Gaulle fue condenar a cuatro estudiantes a penas de prisión y reforzar el dispositivo policial en el Barrio Latino. Las universidades de Nanterre y la Sorbona continuaban clausuradas.

Debajo de los adoquines están las playas

 El lunes 6 de mayo, 600 mil estudiantes pararon las universidades francesas. En París, 10 mil personas marcharon por la ribera del Sena, hasta el local donde Cohn-Bendit y cuatro estudiantes más eran juzgados por la Comisión disciplinaria de la Universidad. Por la tarde, el contingente al grito de “Somos un grupúsculo”, llegó al Barrio Latino. De nuevo, enfrentamientos con la policía. Al anochecer ya eran 20 mil manifestantes en Saint-Germain-des-Prés. Arrancaban pedazos de asfalto en las calles, los lanzaban a la policía, construían barricadas con adoquines y automóviles. Organizaron comandos de estudiantes para aprovisionarse de bombas caseras y proyectiles. Los vecinos se mostraban solidarios con los jóvenes y echaban agua por las puertas y las ventanas para aminorar el efecto de los gases. Entre las bombas de ácido diluido y los gases asfixiantes, los rebeldes entendieron que “era hora de sustituir la palabra con la acción”. El saldo de la revuelta fue de 800 heridos entre policías y estudiantes.

La tarde del martes 7 de mayo, 40 mil jóvenes, en su mayoría estudiantes y algunos trabajadores, volvieron a las calles a la “larga marcha” de 25 Km, organizada por la UNEF, afiliada al PCF, el SNEsup y el Movimiento 22 de marzo, con una leyenda: “Viva la Comuna”. Por primera vez, en la movilización ondean las banderas negras del estudiantado mezcladas con algunas banderas rojas del PCF, que hasta entonces había mantenido una actitud crítica frente al Movimiento 22 de marzo.

Después de la editorial de Georges Marchais en L’Humanité del 3 de mayo, El Movimiento 22 de marzo no esperaba mucho de los comunistas. Al respecto, Cohn-Bendit decía ese día: “Nosotros hacemos la revolución… si la CGT y mi abuela vienen con nosotros, pues muy bien; si no, nos las apañaremos sin ellas.”

La UNEF, el SNEsup, el Movimiento 22 de marzo y los Comités de Acción de Liceos (CAL) publicaron “Por qué luchamos”, en el primer número de Action, el órgano del movimiento estudiantil:

“Hoy, los estudiantes toman conciencia de lo que se quiere formar en ellos: los cuadros del sistema económico existente, pagados para hacerlo funcionar mejor. Su lucha concierne a todos los trabajadores, ya que es la misma lucha; se niegan a llegar a ser profesores al servicio de una enseñanza que selecciona a los hijos de la burguesía y elimina a los otros; se niegan a ser sociólogos fabricantes de slogans para las campañas electorales del gobierno, psicólogos encargados de hacer ‘funcionar’ los equipos de obreros según los mejores intereses del patrón; cuadros encargados de aplicar contra los trabajadores un sistema al que ellos mismos están sometidos”

La participación conjunta del movimiento estudiantil y las organizaciones del PCF, alarmó al gobierno francés. En los círculos del poder, ya no se hablaba de manifestación, sino de revuelta y, dos días después, de insurrección. El Consejo de ministros ordenó la entrada a París de refuerzos del Cuerpo Republicano de Seguridad (CRS), un cuerpo élite de la policía francesa.

Ceder un poco es capitular demasiado

 El miércoles 8 de mayo, cerca de 20 mil personas marcharon hacia el Barrio Latino. En el boulevard Saint-Michel, se escuchó la orden de dispersión que fue acatada por los participantes, pero provocó descontento en los militantes. El 12 de mayo, Cohn- Bendit narró la expresión de desaliento de un participante:

“Entonces. ¿Nos vamos? ¿Cedemos? ¿Hemos venido para nada? ¿Hubo mil heridos en dos días y se contentan con marchar, de la Bastilla a la República, para volver enseguida a sus casas? ¿Para qué sirve eso?

EL Movimiento 22 de marzo se reunió por la noche, para revisar lo sucedido en la marcha. No pudieron establecer de dónde había salido la orden de dispersión y concluyeron que no debían oponerse a la dinámica propia del movimiento. “No es momento -decían- para disputas de camarillas, sino para averiguar si queremos luchar o no.”

Al día siguiente, el gobierno anunció la reapertura progresiva de Nanterre y la Sorbona y autorizó el paso de los estudiantes a la plaza de la Sorbona. Los estudiantes rechazaron las medidas de distensión gubernamentales y realizaron un sit-in frente a la plaza de la Sorbona. Las Juventudes Comunistas Revolucionarias organizaron una jornada de debates con el lema: “La juventud, de la revuelta a la Revolución”, en la Mutualité de París, con la participación de Cohn-Bendit, Ernest Mandel y delegados estudiantiles de Alemania, Italia y Bélgica. Discutieron sobre la necesidad de encontrar formas flexibles de organización e hicieron un llamamiento a la unidad y a continuar la lucha.

La barricada cierra la calle, pero abre el camino

 Anunciar la reapertura de Nanterre el 9 de mayo no tuvo el efecto que el gobierno esperaba. El movimiento estudiantil seguía engrosando sus filas. A los universitarios ya se habían agregado los estudiantes de bachillerato y de secundaria. El viernes10 de mayo, el Movimiento 22 de marzo ocupó la universidad de Nanterre que, como la Sorbona a partir del 13 de mayo, se convirtió en el cuartel de los movilizados.

Por la tarde, se formó una marcha de la Plaza Denfert-Rochereau hacia el Barrio Latino, con la idea de ocupar pacíficamente el lugar y permanecer ahí hasta que sus tres reivindicaciones – libertad de los detenidos, retiro de las fuerzas de policía y reapertura de la Sorbona- fueran satisfechas.

El contingente avanzó hacia el Barrio Latino con la consigna de evitar los enfrentamientos y no forzar la entrada a la zona. Cuando la marcha llegó al Barrio Latino, los CRS los dejaron pasar. En el Boulevard Saint-Michel, los jóvenes se sentaron a discutir lo que podían hacer. Pero en la vanguardia algunos estudiantes ya habían empezado a desmontar el pavimento y a construir la primera barricada. Sobre lo sucedido, Cohn-Bendit manifestó el 12 de mayo:

“(…) pregunté lo que sucedía. (…) ‘Ocupamos el barrio’. Pero nadie había dado la orden de levantar barricadas. Simplemente algunos estudiantes comenzaron a construir una, entonces todo el mundo se dio cuenta de que era la mejor solución para ocupar un lugar pacíficamente.”

“No hubo un plan. No había un comando unificado, ningún plan predeterminado de ‘campo atrincherado’.  Nosotros nos contentamos con verificar que permaneciera siempre una salida al fondo de saco de Gay-Lussac y que determinadas barricadas no pudieran ser tomadas fácilmente por detrás. Además, fui de barricada en barricada para repetir y explicar la consigna: ‘Mantenerse firmes pero jamás provocar’.”

Los jóvenes obreros eran los más radicales en la acción. Uno de ellos interpeló a los estudiantes:

“Ustedes tienen sus problemas de estudiantes. Sus ‘tres puntos’ seguramente los conseguirán. Pero nosotros también tenemos nuestros problemas y nos han embromado siempre. Entonces, aunque el gobierno ceda sobre los tres puntos, no den la orden de disolvernos. ¡Es necesario continuar firme, por los otros, por nosotros!”

En el mismo tono se expresaban los “blousons noir”-chaquetas negras- grupos de jóvenes citadinos, “rebeldes sin causa”, desorganizados, desempleados y marginados que participaban en la movilización:

“A ustedes los policías los molestan de tanto en tanto, a nosotros, en todo momento. No podemos hacer nada sin que nos caigan encima. Y no podemos defendernos porque estamos solos. Hoy somos muchos y podemos hacerles frente.”

El activismo estudiantil había alcanzado a la juventud marginada de la sociedad francesa y había despertado una toma de conciencia política – si se quiere incipiente- que los llevaba a participar en la protesta. Este hecho les dificultaba a los organizadores mantener el carácter pacífico de la ocupación. Sin embargo, hasta ese momento la protesta mantenía una atmosfera festiva.

Tres profesores universitarios: Alain Touraine -profesor de Cohn-Bendit en Nanterre-, Lacombe y Mochtane, y dos estudiantes, se acercaron a la Sorbona para dialogar con el rector y solicitarle retirara a los CRS para evitar los enfrentamientos. En dos momentos urgieron la intervención del rector Roche que se limitó a hablar con Peyrefitte, el ministro de educación. Luego Touraine habló con el ministro sin conseguir nada.

Roche envió un comunicado a los estudiantes donde les ofrecía: si desocupan el Barrio Latino y regresan pacíficamente a las clases, el gobierno liberará a los detenidos. En ese momento, la policía ya había entrado en combate y con granadas lacrimógenas había despejado la plaza Edmond-Ronstand.

A las 2 de la madrugada, el Barrio Latino se convirtió en un campo de batalla. Los jóvenes se replegaron y resistieron tras las barricadas. Lanzaban pedazos de asfalto y adoquines. Incendiaban autos para fortalecer sus posiciones. Se protegían contra los gases con pañuelos impregnados de limón y con bicarbonato sobre los párpados. Corrían y se refugiaban en las casas de los vecinos que les brindaron auxilio y les ayudaban tirando agua para disolver los gases.

A las 6 de la mañana todo había terminado. El saldo de esa noche fue de 500 detenidos, un millar de heridos, 200 automóviles incendiados y el Barrio Latino arrasado.

El sábado 11 de mayo, las centrales obreras francesas convocaron a la huelga general para el lunes 13 de mayo. Más de mil trabajadores marcharon al Barrio Latino para expresar su solidaridad con los estudiantes. Pompidou anunció por la televisión que el lunes 13 se abriría definitivamente la Sorbona. El movimiento rechazó las pseudo concesiones de las autoridades. Ya era demasiado tarde para el gobierno, porque la lucha estudiantil había escalado a la clase obrera y la opinión pública había visto desnudo al rey y testificado la brutalidad del poder político.

La política ocurre en la calle

El lunes 13 de mayo, cerca de un millón de ciudadanos desfilaron por las calles de París. En las principales ciudades se replicaron las movilizaciones, en Marsella marcharon150 mil manifestantes, en Toulouse 40 mil y en Lyon 15 mil. Entre lemas: “Buen aniversario mi general” (se referían al décimo aniversario del gobierno de De Gaulle), “Diez años es suficiente”, “Pompidou al inodoro”, “De Gaulle asesino”, “Gobierno popular”, “Una decena de Iracundos”. La sociedad francesa mostró su indignación al régimen y el reconocimiento de legitimidad al movimiento democrático de los estudiantes. La marcha fue encabezada por los líderes de la CGT, de la Confederación Francesa Democrática del Trabajo (CFDT) y del movimiento estudiantil. Cohn- Bendit, socarrón declaró: “Me satisface desfilar delante de los crápulas estalinistas.”

El gobierno replegó a las fuerzas policiales, sólo los helicópteros militares sobrevolaban París. La Corte de Apelación decidió la libertad provisoria de los detenidos. Los estudiantes ocuparon la Sorbona y la convirtieron en el “cuartel general” desde donde se coordinaba la revolución en marcha. En la cúpula del recinto universitario, ondeaban tres banderas; la roja, la negra y la del vietcong.

La poesía está en la calle

El movimiento decidió continuar la huelga, ocupar las facultades, boicotear los exámenes y acercarse a la lucha obrera. Pasó de la fase estudiantil a la fase social. A partir del 14 de mayo, la huelga general se extendió por el país y desató la ocupación de fábricas. Entre el 14 y el 20 de mayo, 6 millones de trabajadores estaban en paro. En Sud-Aviation-Bouguenais, cerca de Nanterre, en Reault de Billancourt, en el Centro de Energía Atómica (CEA) en Saclay, Róhne Poulenc de Vitry y, en una larga lista de empresas, la clase obrera protagonizó acciones de protesta.

Los artistas, los estudiantes, los críticos de arte tomaron el Centro Censier, la Sorbona, la Escuela de Bellas Artes. El 15 de mayo, los estudiantes ocuparon el teatro Odeón y colgaron un cartel: “Cuando la Asamblea Nacional se transforma en un teatro burgués, todos los teatros deben transformarse en Asambleas Nacionales”. Se apoderaron del taller Brianchon, lo bautizaron “Atelier Populaire”. Ahí producían los afiches que los activistas se llevaban, a primera hora de la mañana, para pegarlos por la ciudad y así contrarrestar la información tergiversada de la prensa. En el mayo francés de 1968, la creatividad rebelde generó 500 carteles y 400 grafitti diferentes.

La Facultad de Ciencias en Halle aux Vins se convirtió en un centro para la venta de libros, carteles y grabados, donados por escritores y artistas para sostener la lucha estudiantil. El Hotel de Massa, sede de la Société des Gens de Lettres, fue tomado por un grupo de creadores y ahí establecieron la Unión de Escritores, un “centro permanente de contestation del orden literario establecido”. En el Teatro del Este, los cineastas establecieron los Estados Generales del Cine y debatieron sobre la libertad de la creación cinematográfica en la sociedad de consumo. Los actores y las actrices se pusieron en huelga. El célebre Festival de Cannes fue interrumpido debido a la turbulencia social.

El 19 de mayo, los periodistas denunciaron la parcialidad de los medios y la censura. Los trabajadores de la Oficina de Radio y Televisión Francesa (ORTF) se sumaron al paro y se apoderaron del local. Sus demandas no se limitaban a reivindicaciones laborales de orden económico, también exigían el derecho de los trabajadores de la información para gestionar la ORTF.

Los inconformes tenían su propia prensa. Desde el 7 de mayo, Jean Schalir encabezó la iniciativa de diversos colectivos para fundar Action, el órgano de difusión del movimiento. Los ejemplares se vendían en las marchas para sostener la rebelión. Además de la información referente a las jornadas de lucha francesa, publicaron artículos sobre los filósofos en boga como Wilhelm Reich y Herbert Marcuse. Después de mayo, información sobre los movimientos en otras latitudes como los de México y Praga. Action ilustraba sus páginas con dibujos satíricos de Georges Walinski y Siné, figuras míticas de la caricatura política en Francia.

El 25 de mayo, salió a la luz L’Enragé -El Iracundo-, donde también participaban Walinski y Siné. En su primera editorial, publicaron su declaración de principios:

“Este periódico es un adoquín.

Puede servir de mecha para un cóctel molotov.

Puede servir de porra.

Puede servir de pañuelo antigás.

Somos solidarios, y lo seguiremos siendo, de todos los rabiosos del mundo.

No somos ni estudiantes, ni obreros, ni campesinos,

pero queremos aportar nuestro adoquín a todas sus barricadas.

Si alguno de vosotros tiene dificultades o escrúpulos a la hora de expresarse en los

periódicos tradicionales, venid a decirlo aquí, ¡como si estuvierais en vuestras casas!

En este periódico, nada está prohibido, ¡excepto ser de derechas!

¡A las armas, rabiosos, formad vuestros batallones!

¡Marchemos, marchemos, que una sangre impune empape nuestros surcos!”

En el primer número de L’Enragé, imprimieron 100 mil ejemplares. En los doce números de este medio, se conserva la memoria de aquellos días.

También los científicos y profesionistas de diversos campos se inscribieron en la protesta y criticaron sus instituciones y el saber establecido. Los empleados del sector de la salud gestionaron los hospitales a través de comités, integrados con el propósito de democratizar la administración de los servicios médicos. Los estudiantes de teología de la universidad de París, elaboraron la crítica de las instituciones eclesiales:

“La institución eclesiástica, dado su lugar de privilegio, contribuye con sus silencios, con sus tomas de posición obligadamente conciliatorias, con sus prédicas de la paz allí donde no hay paz, al mantenimiento del statu quo. La teología no hace sino prolongar las contradicciones internas del sistema capitalista. Esto lo hemos comprendido definitivamente en las barricadas. Tomar partido por los oprimidos significa hoy entrar deliberadamente y sin reservas en el proceso revolucionario.”

En fin, la fiesta de la palabra liberada se instaló en la sociedad francesa que realizó el análisis de sus instituciones. Todo había sido cuestionado. En aquellos días de mayo, la autogestión del movimiento instituyente clausuró lo establecido y estrenó formas utópicas provisorias de vida social.

Todo reformismo se caracteriza por el utopismo de

su estrategia y el oportunismo de su táctica

Con la gasolina racionada, los servicios suspendidos de correo, de trenes, de aviones y del metro, la economía francesa estaba paralizada. Se estima que para el día 21 de mayo, sin ninguna coordinación sindical, ya estaban en huelga 10 millones de trabajadores de todos los sectores productivos.

El PCF y la CGT se mostraban rebasadas por sus bases. Trataban de obstaculizar que los estudiantes se acercaran a los huelguistas para impedir que “contaminaran” la lucha de los trabajadores. El 25 de mayo, la CGT inició las negociaciones con el gobierno y el 27 firmó con Pompidou los Acuerdos de Grenelle. El saldo a favor de la CGT fue un 55 por ciento de aumento a los salarios y la cuarta semana de vacaciones remunerada. Pero los paristas rechazaron los acuerdos, porque no incluían una de sus demandas principales: la cogestión de las empresas.

El reflujo del movimiento había iniciado. El 27 de mayo, los estudiantes y obreros se renieron en un mitin en la Plaza de Charléty, pero su alianza ya estaba minada por la desconfianza. Mientras tanto, la clase política francesa buscó su acomodo, el 28 de mayo Francois Mitterrand, del PCF, reclamó un gobierno provisional y se declaró candidato a la presidencia de la república. La CGT reaccionó con una manifestación de 300 mil personas y advirtió: “Mitterrand, nada de maniobras”.

Civismo rima con fascismo

 El 28 de mayo dimitió el Ministro de Educación. El día 30, De Gaulle regresó a la escena política y emprendió la defensa del “orden” contra la “revolución roja”. Además de anunciar la disolución de la Asamblea Nacional con el fin de llamar a elecciones anticipadas, convocó a la mayoría silenciosa para salir a las calles. La campaña del miedo inició y dio sus frutos: “Después de mí, el diluvio”. Por la tarde, 500 mil gaullistas participaron en una acción cívica en los Campos Eliseos.

Los estudiantes volvieron a las calles el 1 de junio, entre consignas: “Es sólo el comienzo, la lucha continúa” y “Elecciones igual a traición”. Pero ellos sabían que el sueño de Mayo había terminado.

Poco a poco, la desmovilización fue ganando terreno. El movimiento estudiantil progresivamente perdió protagonismo. Las huelgas y las ocupaciones disminuyeron en las empresas. El 16 de junio se evacuó la Sorbona. El 18, los obreros de Reanult, la Nanterre de la clase obrera, regresaron al trabajo.

El 23 y el 30 de junio de 1968, se celebraron “las elecciones del miedo”. Los electores le dieron una victoria aplastante a los gaullistas. Votaron por los candidatos de la Unión por la Defensa de la República (UDR). En segunda vuelta, los gaullistas alcanzaron la mayoría absoluta.

Carlos Fuentes en París, la Revolución de Mayo, cita la reflexión de un estudiante:

“Entre las últimas elecciones y ésta, medio millón de jóvenes han llegado a la edad de votar. Pero el Ministerio del interior decidió que dada la premura con que se convocó a elecciones, no tenía tiempo de regularizar nuestra situación…

No deja de ser irónico que quienes, en último análisis, provocaron las elecciones, no hayan podido votar en ellas…

¿Qué importa? Yo ya voté en las barricadas por el socialismo revolucionario. Mi boleta fue un adoquín. Lo importante es que los problemas siguen en pie. No serán resueltos por una elección sin caras nuevas, hechas a base de ‘notables’, dentro de un sistema de mayoría simple, sin representación proporcional y a partir de una campaña sin programa, en la que sólo votó el miedo.”

Todo había terminado también para De Gaulle. En abril de 1969, perdió un referendo y dimitió al día siguiente.

Sin embargo, la profecía de Mayo, ahora derrotada, se instaló en la imaginación colectiva de las generaciones posteriores. Cincuenta años después aún vive y conmueve conciencias.

 

Notas al pié de página

[1] Confederación General de Trabajadores