En el registro de la historia fronteriza ha quedado grabada para siempre la voz de Marichuy, la voz de quienes creen que otro mundo es posible, la voz de quienes navegan por los caudales de la gran utopía zapatista. César Silva Montes reaviva las líneas más sensibles de la crónica para recobrar y dar sentido al reclamo civilizatorio de quienes también aspiran a “un mundo donde quepan muchos mundos”.

El encuentro de Marichuy con la comunidad fronteriza puede sintetizarse en las palabras de Magdalena, integrante del Consejo Indígena de Gobierno (CIG): “No queremos estar en una silla manchada de sangre. No se trata de quitar a otro para ponernos nosotros. No queremos cargos ni trabajo. Trabajo ya tenemos, un chingo, pues, ‘se puede decir’”. Así respondieron a la pregunta sobre su perspectiva a aumentar la cuota de mujeres en el Senado. Congruentes con el discurso cuando anunciaron la conformación del CIG, Marichuy, casi al finalizar su exposición dijo: “No les traemos cachuchas ni despensas. Les traemos mucho trabajo, porque va para largo… construir un mundo donde quepan muchos mundos… Es la palabra que les dejamos. Guárdenla en su corazón”.

Sin estridencias ni falsas promesas, Marichuy, vocera del CIG, expresó de manera sencilla el motivo de su visita a Ciudad Juárez. Siguiendo sus usos y costumbres del ser indígena, nos invitó a no ver la tierra con signos de pesos, porque es nuestra madre, y privilegiar el colectivo por encima del individuo. Más allá de la recolección de firmas para aparecer en las boletas electorales como candidata a la presidencia, refrendó que el CIG escucha los dolores de la gente como base para la transformación de del país. Sin preocuparse por decir “lo políticamente correcto” o para endulzar el oído del empresariado, sin ambages afirmó que buscan la organización desde abajo y a la izquierda para luchar contra el capitalismo, causante de la miseria de México.

El encuentro fue coherente con ser “muy otro”. Empezó con música del grupo de rap No Hay Quinto Malo. De acuerdo con la búsqueda de los dolores del pueblo, su canto recordó la infamia de los feminicidios en el Campo Algodonero. La presentadora, en alusión a la lógica electoral vigente, expresó: “el voto vale el domingo y caduca el lunes”. En otras palabras, no asistíamos a un evento cacha-sufragios, sino a seguir deliberando que el voto no basta para lograr cambios radicales en el país. Enseguida habló José Luis Castillo, padre de Esmeralda, desaparecida hace ocho años. Relató los dolores durante su búsqueda, la ineficiencia e insensibilidad de la policía. Su experiencia le permitió entender la problemática de las desapariciones en un contexto más amplio, que incluye a los jóvenes.

Rosemary, de El Paso, Texas, se refirió a los abusos a migrantes y mujeres, y rechazó el muro de odio que divide al Estados Unidos con México. David Romo, historiador y activista que ha resistido la destrucción del Segundo Barrio y Duranguito, señaló la ofensiva empresarial para edificar centros comerciales y desplazar a la gente pobre. Hasta el momento, los planes del empresariado se detuvieron. Luis bautista Carrillo, huichol, y Magdalena, mazahua y presa de conciencia por la represión en San Salvador Atenco, ilustraron la represión policiaca y el decomiso de sus mercancías. Emigraron de sus comunidades para buscar un mejor nivel de vida a Juárez y el ex DF, pero hallaron desprecio y persecución. Estas voces son las que Marichuy vino a encontrar, no las de arriba y a la derecha.

Después Marichuy narró cómo llegó a ser vocera del CIG. Se remontó a la formación del Congreso Nacional Indígena (CNI) como una instancia de organización de los pueblos indígenas. En 2017, en conjunto con el Ejército Zapatista, analizaron la situación de sus comunidades: destrucción de sus territorios, contaminación de sus ríos y desplazamiento de los pueblos. La causa: la implantación de los megaproyectos capitalistas que les quita sus tierras. La resistencia a estos proyectos les trajo represión. Así que decidieron constituir el CIG para colocar en la discusión nacional el despojo y la opresión cotidiana que sufren. Aseveró que en el CNI no hay dirigentes, y ella fue nombrada vocera con el voto de las comunidades de cada una y cada uno de los representantes del CIG.

Del papel de los partidos, Marichuy afirmó “que nos han partido en nuestras tierras”. Enseguida se refirió a la imposición de formas de ser del capitalismo, de que los jóvenes se vuelven individualistas, les da vergüenza regresar a sus comunidades y se sienten superiores. Dimensionó al capitalismo como un sistema mundial, en ruinas, pero aún un monstruo que despoja a toda la gente y se requieren nuevas formas de resistencia para combatirlo, porque desde arriba no habrá cambios. A la pregunta de si volvería el ejido si llegara a la presidencia, contestó que antes hubo comunales despojadas de sus propietarios originales para convertirlos en ejidos. Nada prometió, sólo el mandar obedeciendo y renunciar si el pueblo lo demanda.

En la conversación con las y los asistentes no faltó quienes, legítimamente, preguntaran sobre su plan de nación. Ninguna promesa ni soluciones mágicas. Sólo el compromiso de seguir caminando después de las elecciones. Más allá de el obstáculo de la aplicación de la aplicación para recolectar firmas, se reiteró que no es un movimiento electorero, porque queda mucho por hacer. Magdalena nos exhortó a construir algo juntos. Cada quien sabe lo que quiere y desde abajo no es promesa, porque decidiremos sobre problemáticas como educación o salud. En el CIG ahora discuten los temas de tierra-territorio, diversidad sexual, mujeres, capacidades diferentes, trabajo, autonomía, jóvenes, justicia y patrimonio cultural.

Juzgue Usted el contraste para juntar firmas. Sin promesas, ni tortas, sin usar funcionarios en horas de trabajo. Reconociendo que la posible solución a la miseria del país es colectiva, no de una “mente brillante”. Mientras los políticos de paga se presentan como los salvadores y ubican el problema de México en la corrupción y en el “quítate-porque-ahora-voy-yo”, Marichuy va al origen: el capitalismo. Acá hablaron los dolores del vendedor ambulante y su hija desaparecida, del indígena discriminado y perseguido, de quienes quieren derribar muros y evitan la expropiación de los bienes de la gente del barrio. Eso es lo que importa, no si el auditorio estaba abarrotado y se abrió una sala extra para la audiencia. El fin es si la palabra nos llega al corazón y nos mueve a organizarnos, cada quien su modo y su geografía.