Desde Las infames elecciones, Cesar Silva Montes vuelve a poner el dedo en la llaga: ante la pobreza imaginativa y los mensajes sin contenido de los procesos electorales en México, más vale ver telenovelas de desenlace feliz. “Ahí si son castigados quienes desfalcan a la nación, se descubren los nexos del financiamiento del narco en las campañas políticas y se detalla como los medios venden su espacio al mejor postor”. Irónico, como en anteriores textos,  Silva Montes usa de telón de fondo Infames, un melodrama desde donde Argos, su productora, construye un símil entre la realidad y la ficción de los bajos mundos de política mexicana.

Algún diccionario en la web ilustra que infame significa “Que carece de honra, crédito y estimación”. Así se puede calificar el actual proceso electoral. El puntero dejó atrás la honra de la palabra de no juntarse con la mafia del poder. El que no es militante muestra todas las mañas acumuladas en 89 años y adolece de credibilidad. Y el precoz candidato hasta carece de estima en su partido. Pero esta situación es pecata minuta. No son tiempos de consecuencia ideológica o programática, sino de juntarse con dios y con el diablo para ganar la presidencia. Se vota por la candidez, calidez y promesas del postulante, no por su propuesta económica, política y social de gobierno.

Escuchar los mensajes infames de las precandidaturas vuelve ocioso opinar sobre la burda propaganda electoral. Más allá de los columnistas y de los medios de paga (los zapatistas dixit) que intentan análisis “serios” sobre el cambio de burócrata, a mí me causa hilaridad. AMLO levanta la mano a Cuauhtémoc Blanco elegido candidato a gobernador mediante una encuesta. El Peje reconoció la trayectoria del futbolista, pero olvidó las acusaciones de que el PES la pagó al Cuau 7 millones de pesos por aceptar la candidatura. Meade hablando de sus logros en las administraciones del PRI y el PAN, proponiendo soluciones cuando es parte del problema. Y Anaya, el azul vestido de amarillo sin ideología ni vergüenza.

Los independientes de los partidos políticos recopilando firmas, y los precandidatos de las franquicias autorizadas elegidos por dedazo. Según el Instituto Nacional Electoral (INE), 46% de las firmas de los primeros son invalidas. El Bronco utiliza a sus funcionarios para recoger adhesiones a horas de trabajo, según consta en los registros enviados al INE. A pesar de las trácalas de los ex miembros de partidos, exigir casi 900 firmas distribuidas en 2% de los 17 estados del país, es incongruente porque los dueños de las franquicias se auto-eligen con la opacidad de una encuesta. Solo se salva Marichuy, será porque no viene de un partido político o porque en el mundo indígena no se conocen esas mañas.

En Juárez, Cabada el independiente de los partidos, pero dependiente de los empresarios, colocó mesas para recolectar firmas en los 37 supermercados Smart de la ciudad. De inmediato junto las adhesiones requeridas para buscar la reelección. Será porque el pueblo transita por las calles sin baches y la policía sigue atrapando a los capos del narcomenudeo. Y en el circo electoral, la diarrea verbal de Corral anuncia una segunda revolución y una marcha de la dignidad, de risa. Y los colores del logo del nuevo amanecer copiados de la película el No. Para evitar la reelección de Pinochet las diversas corrientes políticas eligieron el arcoíris como el logotipo que representó su unidad. ¡Qué poca creatividad!

Con tales personajes y prácticas continuará la tragedia mexicana. Entre neoliberales salvajes (adjetivo innecesario, porque es su esencia) y moderados algo es claro: ambos aspiran a mantener el libre mercado. No cambiará la lógica socializar las pérdidas y acumular las ganancias en el empresariado. En este marco y ante la escasa inventiva de los propagandistas que acusan a AMLO de nexos con el oro de Moscú y con la revolución bolivariana imaginada por Hugo Chávez, mejor ver telenovelas con un final feliz. Ahí si son castigados quienes desfalcan a la nación, se descubren los nexos del financiamiento del narco en las campañas políticas y se detalla como los medios venden su espacio al mejor postor.

Infames, telenovela de Argos estrenada en febrero de 2012 muestra que en México nada cambia. En la productora intervienen Epigmenio Ibarra y Carlos Payán, periodistas que conocen el bajo mundo de la política mexicana. Por tanto, no extraña que los diálogos y los personajes puedan asociarse con la mafia del poder y los aparentes redentores del país. Le dedican amplio espacio en el argumento del uso de los medios para crear candidaturas como la de Peña Nieto. También aparece el propagandista español forjador del lema “peligro para México”. La diferencia es que en Infames el gachupín juega en el bando de los conservadores y los liberales como policía infiltrado para descubrir el lavado de dinero en la política.

No obstante, como todo teledrama es una historia de amor y la venganza en medio de la disputa por el poder y la corrupción en México. Los desencuentros entre parejas son el eje de la telenovela, pero ese amor entre un periodista, una Infame, Lola y el español, logran impedir que un candidato ligado con el narco asuma la presidencia. Podríamos decir que los Cuatro Fantásticos salvaron al país de un bad hombre. No fue una acción colectiva, ni resultado de la rebelión de las masas. El acto de justicia se inició por los deseos de Lola de vengarse de quienes mataron a su novio y la enviaron a la cárcel acusada de este asesinato. Para lograrlo se convierte en una “Reina de Palacio” en el Ministerio de hacienda.

A las feministas no les gustara el papel de cuatro mujeres que usan su cuerpo para convencer a gobernadores, empresarios, diplomáticos, diputados y lectores de noticias, de apoyar a Juan José Benavides en su candidatura presidencial. Por eso a estas féminas les nombran las Reinas de Palacio. Una de ellas es familiar del clan de narcotráfico de los Preciado financistas de la campaña de Benavides. Es interesante las discusiones entre aspirante y narcos para negociar la entrega de dinero y las facilidades para operar empresas para lavar el dinero y operar sin la presión de la policía. Resalta el monitoreo de los medios con sus me gusta o disgusta, hoy que tanta desilusión le causaron a Peña Nieto.

El teledrama abarca las intrigas entre Porfirio Cisneros y Ana Leguina por heredar el Ministerio de Hacienda. Cualquier parecido con la pugna ente Videgaray y Chong, es mera coincidencia. El presidente es bisexual y enamorado de su delfín, un diputado quien será el sucesor. Aquí no encontré el símil. La trama incluye asesinatos, subordinación, saqueo en el año de Hidalgo, el control de la información en la televisora igual a Televisa y López Doriga. Además, el uso de las redes y las encuestas para orientar el contenido del discurso de las campañas, las fake news y la propaganda de lodo para descreditar al adversario.

Al final, Casilda, la encargada de la imagen de Benavides en la campaña presidencial denuncia en rueda de prensa la corrupción del elegido presidente de México, antes de dar su mensaje a la nación. Aliada con su novio el periodista y Lola, decidió develar a Benavides porque fue secuestrada por el mismo candidato y la violaron. Así se juntó a los afanes de venganza de Lola y el español, porque a su hermana la asesinaron. Cisneros va a la cárcel por corrupto como ajustes de cuentas entre políticos y lo golpean en su celda. Ana Leguina, parte del cártel de los Preciado huye a otro país, con toda impunidad. Descubierto Benavides y su imperio destruido, opta por suicidarse de un balazo en la boca.

Reconozco que no aporté elementos nuevos para la comprensión del México de hoy. Pero prefiero ver en la televisión los desfiguros de los políticos que cobran por gobernar. Al menos sé que actúan y son menos falsos que los actuales suspirantes por el hueso. O quiero pensar que es ficción y esto no sucede en México, es una telenovela. O será porque la temática no es para publicitarse como: “Es una historia basada en hechos reales. Los nombres fueron cambiados para proteger a los inocentes.” Es difícil creer que en México mandan los capos y no el presidente, gracias al poder del dinero. En diálogo Ana Leguina le dice a Benavides que se discipline porque ellos aportan el dinero, sin él no hay campaña.

Sin embargo, el teledrama termina con una la voz en off de Lola: “Esto nos el final. Es tan solo la punta de una larga cadena. De una maquinaria que impunemente secuestra libertades. Nos han hecho prisioneros del miedo. Nos han enseñado a callar. No es una cabeza la que tiene que caer para que cambien las cosas… El poder de un país no está en unos cuantos. El poder está en la suma de conciencias y voluntades dispuestas a invertir la pirámide. El camino somos nosotros.” Mensaje para los mesías, pragmáticos y tránsfugas que pretenden transformar al país con “Este soy”. La segunda revolución no vendrá con discursos de la derecha y de arriba, sino desde abajo y a la izquierda, desde eso que todavía se llama pueblo.