Si alguien pretende traspasar los entretelones de Odebrecht, sin duda tendrá que acudir a la investigación periodística de Anne Vigna. Con una sencillez electrizante, propia de las grandes indagadoras, la periodista desnuda a los autores de uno de los casos de corrupción más escandalosos y sin precedentes que ha cimbrado las estructuras de poder en América Latina. alLímite es el primer medio mexicano que publica el texto de Vigna después de haber sido difundido por el periódico LE MONDE diplomatique en su edición de septiembre de este año. 

Era conocido por su buen humor y su sonrisa franca. Y así fue como, en diciembre de 2016, Emilio Odebrecht, expresidente del mayor grupo industrial brasileño, se presentó ante los fiscales responsables de la operación “Lava Jato” (“lavado a alta presión”), que persigue la corrupción desde hace tres años. El ambiente podría haber sido tenso: este hombre está acusado, junto a 76 altos directivos de su empresa, de haber repartido sobornos durante años para asegurarse las obras más importantes de Brasil, en particular los que se concretaron con la empresa petrolera Petrobras, cuya mitad de las participaciones está en manos del Estado. En cambio, este se presentó distendido, sonriente, divertido, incluso para ofrecer su “delación premiada” a cambio de sus confesiones. Odebrecht no irá a la cárcel.

La grabación de su testimonio se hizo pública. En ella se ve cómo este hombre aseguraba que siempre ha habido que sobornar para conseguir alguna obra, tanto en Brasil como en el exterior. “Lo que pasa hoy en día no surgió hace cinco o diez años. No hace treinta años que sucede”. Entonces pregunta: “Toda la prensa lo sabía. ¿Por qué salen a la luz estas revelaciones ahora?” “Siempre hay un momento para empezar”, le responde un juez al que no se ve en la imagen. Y el expatrono, concluye, con una amplia sonrisa y dando un puñetazo en la mesa: “Me parece muy bien. Ustedes, jóvenes fiscales van a contar con todo el apoyo de nuestra organización. Empezando por el mío ya verán, aquí tendrán a un colaborador eficaz”.

En diciembre de 2016, en el Tribunal Federal del distrito de Nueva York se concluyó un acuerdo judicial entre Brasil, Suiza y Estados Unidos. Odebrecht está acusado de haber desembolsado 780 millones de dólares (662 millones de euros) en sobornos entre 2001 y 2016. La sanción se calculó a partir de las ganancias que el grupo habría obtenido gracias a estos sobornos: 2,850 millones de euros, una suma que se corrigió seis meses más tarde, siendo de 2,200 millones de euros. Pero hubo que esperar hasta abril de 2017 para saber a quién, cómo y por qué Odebrecht había, ofrecido semejantes regalos, sobre todo en Brasil.

Después de haber negado cualquier clase de delito durante mucho tiempo, la familia Odebrecht “cantó” para obtener la liberación de Marcelo, 48 años, hijo de Emilio y último directivo de la sociedad condenado a diecinueve años de prisión. Peo el panorama había empezado a esclarecerse después del arresto de una secretaria que habría trabajado once años en lo que se ha convertido actualmente en llamar el “departamento de sobornos”. Durante la operación, los agentes policiales encontraron una lista de apodos ligados jugosas cifras. La estrategia de la empresa cambió de repente y 77 de sus ejecutivos confesaron. Así pues “la organización”, como le gustaba presentarla a Odebrecht, no siempre habría sido la encarnación de esa “virtud empresarial” que sus responsables de comunicación evocaban con tanto agrado…

“La riqueza moral es la base de la riqueza material”, explicaba Norberto Odebrecht, el fundador del grupo y padre de Emilio, cuyo “pensamiento” fue reunido en tres gruesos volúmenes repartidos entre todos los colaboradores. Un buen dirigente, según este gran hombre, debía llevar “una vida ejemplar” consagrada a su empresa y “al servicio del cliente”. Hoy podemos releer las obras de Norberto de otra manera —ironiza Malu Gaspar, periodista en la revista Paul—. Cuando habla de “satisfacer todas las necesidades del cliente”, quizás también tenía en mente los sobornos”. Por lo tanto, el grupo se habría convertido en un gigante entonces no gracias a la famosa “tecnología empresarial Odebrecht” desarrollada por su fundador, sino porque había conseguido poner a punto un sofisticado sistema de corrupción, perfeccionado bajo el reinado de Marcelo.

El último responsable del “departamento de sobornos”, Hilberto Mascarenhas, explicó a los jueces el funcionamiento de los “pagos paralelos”, pasaban por unas cuarenta cuentas bancarias establecidas en su mayoría en paraísos fiscales y, después por simples agentes que transportaban las bolsas llenas de billetes. “En 2006 Marcelo me pidió que estructurara el servicio. Para que la empresa creciera, él sabía que había que aumentar las contribuciones ilegales”, explicó, un poco incómodo, el ex alto ejecutivo.

A partir de 2008, por lo tanto todas las solicitudes de pago eran tratadas mediante un programa informático creado específicamente para ello. Con el fin de eludir los controles los pagos no se hacían desde Brasil, sino desde las filiales en el exterior. Las sumas transitaban posteriormente por paraísos fiscales (panamá y las Islas Vírgenes Británicas y Antigua, en particular), pero también por los bancos en el Reino Unido, Estados Unidos, Austria, Mónaco y Suiza. De ahí, el dinero era enviado a cuentas bancarias administradas por agentes que trabajaban, para Odebrecht consagrados a la distribución. También en este caso todos los agentes de cambio estaban designados con apodos; solo los responsables del departamento conocían su verdadera identidad. El sistema era tan complejo que los investigadores tal vez nunca habrían podido descifrar sin el sistema de las “delaciones premiadas”. Las cifras colosales exceden ampliamente las estimadas por el Tribunal de Nueva York. Según Mascarenhas, de 2006 a 2014, entre los sobornos y las contribuciones ocultas a los partidos políticos —no solo brasileños— se habrían desembolsado 2,800 millones de euros.

“Avisé varias veces a Marcelo de lo astronómicas que eran esas sumas. Se había vuelto un verdadero suicidio, pero su respuesta fue que siguiéramos”, aseguró Mascarenhas en el marco de su “delación premiada”. Dos curvas comenzaron a subir en enseguida: la de las sumas de los sobornos repartidos y la de los contratos conseguidos por el grupo. En 2006, los “pagos paralelos” alcanzaban “solo” los 51 millones de euros. Para 2013 se habían disparado a 620 millones. Por su parte, la cifra de negocios casi se cuadriplicó, pasando de 9,600 a 35 mil 100 millones de euros.

Junto a Marcelo Odebrecht, Claudio Melo Filho jugó un papel determinante. Oficialmente responsable de las “relaciones institucionales”.  Desde 2004, se encargaba de sobornar a los parlamentarios para que votaran —e incluso para que propusieran— medidas favorables para el grupo. El Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDE), derechas) del actual presidente Michel Temer fue el mayor beneficiario de estas dádivas. Melo Filho contó que sabía identificar, entre los senadores del PMDB “a los parlamentarios más afines a los intereses del grupo”, pero también a los “que pedían las contribuciones más elevadas”.

Venales pero agradecidos: en 2012, el Parlamento condecoró a Mello Filho con la medalla del mérito legislativo, su más alta distinción. A nivel municipal, las dádivas de Odebrecht tenían como objetivo “estimular las privatizaciones”, tal como explicó el exdirector de la división de medio ambiente del grupo, Fernando Reís, que consiguió así contratos para la gestión de las redes de abastecimiento de agua y de alcantarillado.

En total, los 77 ejecutivos de Odebrecht que se presentaron ante la justicia denunciaron a 415 responsables políticos pertenecientes a 26 partidos (de 35) en 21 estados (de 26 dentro de la federación). Entre ellos, los cinco últimos presidentes de Brasil: José Sarney, Fernando Collor de Mello, Fernando Henrique Cardoso, Luiz Inacio Lula da Silva y Dilma Rousseff. El actual presidente, Michel Temer, también es citado en muchas ocasiones pero, según la Constitución, no puede ser juzgado por hechos anteriores a su mandato. Ocho ministros de su gobierno, así como sus ocho asesores más cercanos, figuran en la lista. Finalmente, para mencionar solo los más importantes, los presidentes del Senado y de la Cámara de Diputados, 28 senadores, 48 diputados y 12 gobernadores fueron citados. Durante su declaración, Marcelo Odebrecht señaló haber desembolsado 100 millones de euros entre 2008 y 2015 para el Partido de los Trabajadores (PT), además de las contribuciones oficiales durante las campañas electorales.

“Los expresidentes Lula y Dilma estaban al tanto de nuestro apoyo, aún cuando nunca hayan pedido dinero directamente”, precisó. “Amigo” ese habría sido el apodo de Lula da Silva en las listas de Odebrecht. Aunque no se haya enriquecido directamente , el “amigo” en cuestión se habría beneficiado, según las declaraciones, de otras ventajas, contribuciones para su instituto y sus conferencias, así como para la renovación de una casa de campo de la que no es propietario, pero que ha utilizado. Acusaciones que el interesado niega.

Aécido Neves, desafortunado candidato en las últimas elecciones presidenciales por el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB, derechas) habría recibido 50 millones de euros para su campaña y su partido exigía sobornos en el estado de Sao Paulo: el 3 por ciento del contrato de la linea 2 del metro bajo la gestión de José Serra, y más tarde 4 millones de euros para las campañas de Geraldo AIckmin, actual gobernador, en 2010 y 2014. El PMDB, por su parte, recolectaba los sobornos en el Senado, en el cual era mayoría “algo de lo que Michel Temer estaba al corriente”, asegura Melo Filho. En Río de Janeiro, el PMDB (en el poder) financió su campaña gracias a las obras de grandes acontecimientos deportivos…

Ahora la justicia tiene que distinguir entre los que utilizaron estos sobornos en beneficio personal (como el expresidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, que poseía cuentas en Suiza) y los que están acusados de gestionar los sobornos para sus respectivos partidos. Tal es el caso de Antonio Palocci, ministro de Finanzas  entre 2003 y 2006, condenado por el juez Sergio Moro a doce años de prisión como “responsable de las cajas negras para el PT), según las declaraciones de Odebrecht, rebatidas por el interesado.

De forma paralela a esta gigantesca investigación en Brasil, a menos trece países recibieron, el 1 de junio de 2017, las confesiones de los ejecutivos de Odebrecht relativas a malversaciones cometidas en su territorio: Venezuela la República Dominicana, Panamá, Perú, Argentina, Ecuador, Guatemala, México, Colombia, Angola, Mozambique y…Francia. En este último caso, se trata de un contrato de transferencia de tecnología nuclear para la construcción de submarinos firmado por los presidentes Nicolas Sarkozy y Lula da Silva en 2008. En la operación habrían participado Odebrecht y la sociedad francesas Direction des Construction Navales (DCN); una delegación del Ministerio Fiscal francés acudió a Brasilia en mayo de 2017. Fuera de Brasil, Odebrecht adopta la misma estrategia de defensa: el grupo espera poder seguir esperando.

La escasa independencia de la Justicia frente al poder político en esos países ya plantea algunas cuestiones: ¿cómo se explica la detención preventiva de dieciocho meses, decida en julio, del expresidente peruano Llanta Humala (próximo a la izquierda), a pesar de que las obras más importantes de Odebrecht se desarrollaron bajo los mandatos de Alan García y Alberto Fujimori, a quienes no se les importuna? El exresponsable de Odebrecht Perú reconoció su amistad con García y no lo menciona nunca en sus declaraciones.

De la misma manera ¿porqué la justicia brasileña dejó que se filtraran en el diario O Globo, el 31 de julio, el contenido de las declaración de Odebrecht Venezuela? Según “revelaciones” que aparecían a pocos días del referéndum sobre la Constituyente en Venezuela, la empresa habría financiado la campaña del presidente Nicolas Maduro con 29,7 millones de euros y la de su opositor Henrique Capriles con 12.7 millones de euros.

No obstante, el respeto del secreto de las revelaciones es muy importante para el grupo si quiere conservar la esperanza de volver a operar. Porque su situación económica no es muy reluciente. En Brasil, hace tres años que Petrobras prohibió a 23 empresas nacionales que están siendo investigadas  por la Justicia, entre ellas Odebrecht, participar en sus licitaciones. Ademas, el Ministerio de Trasparencia, responsable de verificar los contratos entre el Estado y el sector privado, todavía está estudiando las responsabilidades judiciales de Odebrecht, lo que le impide aspirar a conseguir cualquier contrato nuevo con el Estado. El riesgo de quiebra ha estado en todos los titulares de la prensa ecónomica. La empresa despidió a 100,000 personas en tres años. A finales de 2016 contaba con solo 80 000 empleados. Su cartera de pedidos comenzó a reducirse cada ve más; mientras tanto, la reestructuración de su deuda provocó la venta de varias de sus divisiones.

Para Bruno Brandao, director de la organización Transparency international en Brasil, “Odebrecht es indefendible”: siempre hemos escuchado el argumento de que el impacto de una investigación por corrupción sería demasiado fuerte para la economía, de que, por lo tanto, no había que tocar a la empresa. A largo plazo, Brasil debería salir ganando de esta crisis. Si sigue siendo uno de los países con mayor desigualdad del mundo, es debido a esta promiscuidad entre las elites económicas y las políticas, a estos constantes intercambios de favores que describen los ejecutivos de Odebrecht”.

Según un cálculo efectuado por la organización no gubernamental brasileña Contas Abertas, especializada en la lucha contra la corrupción, los sobornos que pagó Odebrecht entre 2007 y 2014 habrán permitido comprar 83 944 ambulancias, en un país en el que aún hay personas que mueren por no contar con medios para llegar al hospital.