¿Qué hay detrás de las iniciativas impulsadas por algunos políticos en el Congreso en contra de la difusión de las narcoseries? ¿Los melodramas basados en argumentos sobre la operación del trasiego de drogas y la vida de narcos verdaderamente constituye un gancho para que miles de jóvenes se sumen a esa actividad? ¿No es la desigualdad del ingreso y la precarización del trabajo lo que obliga a miles de mexicanos a ser parte del mercado de la ilicitud? Estas y otras preguntas se desgranan del texto de Cesar Silva Montes, necesario para el análisis acerca de la convulsionada atmósfera de violencia que vive Chihuahua y el país.    

Según una nota periodística, los presidentes de las comisiones de Radio y Televisión del Senado y de la Cámara de Diputados, solicitarán a los encargados de normar y aprobar la difusión de programas televisivos, que expliquen por qué se transmiten las narcoseries en horarios aptos para toda la familia. Según los demandantes, se viola la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión, va en contra del artículo 4 constitucional, promueven la apología de la violencia y presentan al narcotráfico como un modelo de vida. Zoé Robledo (PRD) expresó que hay escenas de personas consumiendo bebidas alcohólicas o enervantes. Su preocupación es proteger a los menores de acuerdo con la Ley General para los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes, porque a las nueve de la noche todavía ven televisión.[1]

No me extraña que cuando aumentan los asesinatos en el país y en Chihuahua, se quieran combatir los efectos y no las causas del problema. Aquí no cabe la discusión de si fue primero el huevo o la gallina. Las llamadas narcoseries son producto de la realidad y la ficción cuando se convierten en telenovelas. Los medios que las difunden son reforzadores de algo existente. Ver el Cártel de los Sapos no es el motivo para que la niñez se convierta en narcotraficante o aspire ejercer la “profesión” de sicario. A los políticas y políticas, se les olvida que la pobreza, los bajos salarios, la desigualdad del disfrute en bienes materiales y la falta de garantías para estudiar, son el caldo de cultivo para la delincuencia organizada. Ellos y ellas prefieren aprobar presupuestos recortando el gasto social para mantener sus canonjías en viajes, viáticos y compensaciones.

Creo que la propuesta del perredista y de Lía Limón trata de ocultar la corrupción de funcionarios públicos y militares, la ineptitud policiaca y la compra de políticos, visibles en la trama de cualquier narcoserie. El guión no se reduce a exhibir a narcotraficantes en las grandes mansiones bebiendo, dándose un pericazo y rodeados de voluptuosas mujeres. Se dedica buen tiempo a detallar los acuerdos con las autoridades para el trasiego de droga o armas, las pláticas para persuadir a jueces y diputados de emitir veredictos y leyes en favor de los narcos. Se muestran diversas maneras de lavar el dinero, las negociaciones con la policía para obtener rebajas en las penas de cárcel, conservar bienes y comodidad en la prisión a cambio de revelaciones sobre el cártel rival. Abundan las escenas donde la DEA pacta con informantes para arrestar a los delincuentes, porque son incapaces de hacerlo sin un peinetón.

Al respecto, es ilustrativa la telenovela Ruta 35. En una variante más del estilo colombiano de combinar personajes del terruño cafetero, mexicanos y de Miami, que representa la relación de producción, distribución y consumo. La trama se desarrolla con Sofía esposa de un narco al que denuncia después de que la golpeó. Conchita, una abuela que trabaja en una agencia de paquetería y un día se le ocurre quedarse con una entrega de cocaína. Mercurio, futbolista al que lo embarcan con un traslado de dólares falsos. Rebeca, quien buscando una recompensa de dos y medio millones de dólares denuncia a su primo el traficante. Y Salomón, ex narco con experiencia para infiltrarse como informante y ayudar a la DEA a capturar maleantes.

Desarrollada la serie en Miami, se cuenta cómo los agentes norteamericanos violan la ley ante su incapacidad para terminar con el crimen organizado. A las y los informantes se les promete la visa y la posibilidad de permanecer en Estados Unidos con trabajo. Las recompensas prometidas no se cumplen como se estipuló. A quienes colaboran se les presiona a seguir colaborando porque de negarse, serán deportados a sus países en donde los esperan los miembros del cártel para vengarse de ellos y llegarán sin dinero para sobrevivir. En cambio, a los capos los dejan salir de la prisión, les dejan propiedades y les reducen las penas por su información. Cuando salen de la cárcel condicionan a los policías a sus caprichos y en la práctica se convierten en sus mandamases. Incluso, les dicen que son ineptos y solo pueden atrapar a los narcos con su ayuda.

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Tal vez lo anterior es lo que les perturba al senador y a la diputada de Ruta 35. Mostrar la corrupción oficial, el poder de negociación de los capos y si no puedes con el enemigo, únete a él. El guion es pródigo en escenas de violencia y tortura: cortar los dedos para obtener la ubicación del rival; la motosierra para dejar menos rastros; la muerte a balazos y el atentado contra familiares. ¿Entonces los legisladores tienen razón? Si no vivieran en México se los creería. Pero como no es Suiza ni Finlandia, en Ciudad Juárez es cotidiano encontrar mutilados, colgados, decapitados, con el tiro de gracia, encobijados y “cosidos” a balazos. Las escenas de la serie confirman que la realidad supera a la ficción. ¿Será más impresionante ver la sangre color tomate y el dedo de plástico deprenderse de una mano, que abrir una hilera con una cabeza humana en la calle de cualquier ciudad de México?

En las telenovelas, como diría Greimas, se exponen principios de organización relacional. El actante es un estereotipo de personas que cumplen determinados roles en un relato. En los cuentos los villanos, príncipes, hadas, princesas, actúan de manera similar, siempre con las mismas funciones, con relaciones específicas y establecidas entre sí. El mundo se mueve con sujetos que buscan un fin o un objeto guiado por el deseo, que es el destinatario, pero existen fuerzas que ayudan y se oponen obstáculos. Pero en las narcoseries se difuminó quién es héroe o villano, si el narco que ayuda a los pobres o el funcionario corrupto; el informante que reconoce su pasado delincuencial o el agente que en nombre de la justicia viola las leyes y los principios éticos. Al fin teledrama, en Ruta 35 los informantes cumplen sus sueños, un capo es encarcelado y el otro es asesinado. El policía corrupto antes que ir a prisión se resiste y muere acribillado.

Regresando a los argumentos del perredista, no menciona que por octubre del 2015, Carolina Monroy del PRI, propuso erradicar el consumo de bebidas alcohólicas en la Cámara de Diputados, porque: “el alcohol entorpece el funcionamiento óptimo de las capacidades humanas y en este lugar de tanta relevancia para la vida social no podemos permitirnos sino actuar responsablemente, siendo dueños absolutos de toda nuestra capacidad racional y emocional”.[2] Se arguyó que en su código de ética no se refirieron a restringir la venta o ingesta de tequila y otras bebidas alcohólicas. Tal vez aquí está la explicación de porqué votan en contra del pueblo y se preocupan más por mirar la paja en el ojo ajeno. Si de ver se trata, que también se prohíba la difusión de bebidas espirituosas en la televisión, en eventos deportivos, en los mantas de patrocinios a eventos en escuelas y de entretenimiento.

Será mojigatería o moralina pensar que “de ver dan ganas”. Por muy placentero que sea ver a los narcos disfrutar de alcohol y drogas, sin dinero no se pueden comprar. Es como ir a los aparadores de las misiones y observar bolsas, tenis y ropa de “marca”, pero el precio no me permite su consumo. Las bebidas espirituosas las consumimos por tradición. Es una parte de nuestra convivencia en bodas, bautizos, quinceañeras, tertulias, graduaciones, visitas familiares y demás. No se necesita publicidad para tomar una cerveza o un vino en una fiesta. Los machos se encargaran de invitarnos a tomar porque “ya estamos en edad” y “una es ninguna”. Así que las narcoseries nada extraordinario presentan. El asunto no es prohibir sino atacar las causas y no estigmatizar el derecho de las personas de sentirse en estado alternativo. Menos cuando en las Cámaras se comercializa el alcohol. El punto no es beber, sino que no se vea, digo.

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Busqué en el Rincón del Vago la ley que regula la publicidad de bebidas alcohólicas. En el Título Cuarto, Capítulo I, Artículo 30 se menciona la difusión de campañas para la moderación del consumo de bebidas alcohólicas y los posibles daños a la salud, especialmente en la juventud. El Artículo 31. Señala: “no se deberá incurrir en alguno de los siguientes supuestos: VI. Difundir testimonios o intervenciones relacionados con el consumo de los productos por parte de atletas, celebridades o figuras públicas de reconocido prestigio… Las empresas productoras o distribuidoras de bebidas de contenido alcohólico bajo podrán patrocinar actividades deportivas y eventos creativos. Capítulo II. Artículo 34. No se autorizará la publicidad de bebidas alcohólicas cuando: III. Se transmitan ideas o imágenes de éxito, prestigio, fama, esparcimiento, tranquilidad, alegría o euforia como consecuencia del consumo del producto o éste se presente como elemento desencadenante de las relaciones interpersonales; IX. Se utilice a deportistas reconocidos o a personas con equipos o vestuario deportivo”.

El reglamento me recordó aquello del autismo social que vivió Zedillo y se convirtió en un síndrome, porque los políticos profesionales ignoran la realidad. Viven en su mundo interior de privilegios y cochupos que se deprenden del mundo exterior. Así que senador y diputada, ¿han visto algún comercial de bebidas alcohólicas o cártel donde no se resalte el placer, el buqué, el disfrute o el linaje? ¿Entonces por qué en las narcoseries los capos deben estar aburridos, vomitando o con síntomas de cirrosis? Antes de hacer apología de que los narcos hacen apología de la bebida, no cuestionan la violación al precepto de usar al deportista para promover el consumo de cerveza. La imagen de mi equipo favorito de fútbol, el Barcelona que publicita a la Tecate, evidencia que en México los reglamentos son más útiles en el inodoro.

Para terminar con los dichos del senador y diputada, les preocupan los derechos de la niñez y la juventud, entonces que se avoquen a hacerlos realidad. Solo una mención porque las leyes aparte de que no se cumplen, son repetitivas y en consecuencia aburridas: Capítulo Quinto, del Derecho a la Igualdad Sustantiva, Artículo 37… garantizar la igualdad sustantiva…: II. Diseñar, implementar y evaluar programas, políticas públicas a través de Acciones afirmativas tendientes a eliminar los obstáculos que impiden la igualdad de acceso y de oportunidades a la alimentación, a la educación y a la atención médica (4-12-2014). Esto es lo importante, además de construir espacios para que gocen de la cultura, el deporte, la comunidad y la inclusión social. No hay recetas para alejar a la niñez y la juventud de los “malos hábitos”, pero si es una posibilidad para enfrentar las causas y no confundirlas con las consecuencias.

En el país bizarro que vivimos la apología de la violencia no la generan las narconovelas, es una derivación de la realidad. Si se trata de apologías, ahí están los candidatos y candidatas en campaña con sus promesas desmedidas, la exaltación a la alternancia y publicitarse como los incólumes políticos y políticas. Al sistema electoral dizque ciudadano que cuesta millones de pesos para evitar el fraude en las elecciones. A las reformas energéticas que salvarán al país. A considerar que los crímenes cotidianos son un problema de percepción y no producto de la devastación social. Al neoliberalismo para salir de la pobreza. A nadie por encima del Estado de derecho, lo que esto signifique. A tolerar la represión policial en aras de la seguridad.

Para cerrar, no es una defensa a las narcoseries porque caen en el teledrama y exhiben situaciones irreales para mantener a los protagonistas en toda la trama. En Ruta 35, Domingo el capo principal sobrevive a dos atentados de la manera más absurda, sus aliados igual. Terminan con algunos finales felices y la ficción obnubila a la realidad. La discusión es discrepar del poder que centra su incapacidad para detener la violencia llamando a ver programas de narco después de las 12 de la noche. De presumir células mixtas para contener al crimen organizado en el camino violan los derechos constitucionales de libre tránsito y presunción de inocencia. De creer que con más policías se combate al crimen. Bien harían los diputados y diputadas en aprobar presupuestos en favor de la gente como un principio para mejorar la vida material de la población, principal factor para ingresar a la delincuencia.

[1] http://www.jornada.unam.mx/2016/11/01/politica/007n1pol.

[2] http://izq.mx/noticias/14/10/2015/plantean-erradicar-consumo-de-alcohol-en-camara-de-diputados-30-veces-lo-rechazado/.