A manera de médico y a escasos días de que cierre el año, César Silva Montes hace un recorrido por la salud del proceso electoral y sus candidatos, y diagnostica un quebranto difícil de curar. ¿Podrá el voto ciudadano salvar al país de los males que le aquejan si la receta prescrita pareciera ser otra vez una aspirina para que detenga el avance de un cáncer?     

En la política electoral mexicana surgen escasas novedades bajo el sol. De las candidaturas presidenciales, lo “inédito” es la postulación de un candidato sin militancia en el PRI. Pero Meade no necesita inscribirse en el padrón del tricolor para compartir la misma visión económica y social. De Anaya no sorprende el perfil de acaudalado empresario que regentea al PAN, con más claridad, desde Francisco Barrio a la fecha. Con el Bronco y Margarita Zavala, tampoco hay novedad. López Obrador (quien debe ser fan del Cruz Azul) va por su tercer subcampeonato. Fetichizado por la intelectualidad ilustrada (valga la redundancia) como el mesías, el 100% honesto y capaz de unir a la Virgen de Guadalupe con Lutero (digo, porque trascienda a Benito Juárez que es local), va de puntero en las encuestas. Sobre todo, en esas hilarantes de que es el más conocido por el electorado, obvio, después de más de 12 años de activismo. Tránsfugas de sus partidos porque no los nominaron en su momento, recurrieron la figura de independientes de los partidos para gozar de presupuesto y poder.

De Meade se conoce su calaña neoliberal, su apoyo a las reformas laborales que precarizan el empleo y su responsabilidad en el nulo crecimiento de la economía. Esto bastaría para que obtuviera solo los votos del empresariado y del priismo. No obstante, como escribió Luis Spota en 1976, todo el aparato del Estado del PRI confluye para crear la imagen del mejor candidato. Entrevistas a modo, control de los medios, acarreos, recursos para recorrer el país y la compra de votos, siguen vigentes. En la novela de Spota Sobre la marcha, un día antes de la elección se le informa al ungido cuántos muertos habrá en el DF (hoy Ciudad de México) y en “provincia”, a causa del fraude. Cualquier parecido con la aprobación de la ley de Seguridad Interior es mera coincidencia. Un cambio respecto a la novela es que Meade no se deslinda de la política de Peña Nieto. De ahí el título, porque en la campaña el candidato denuncia la corrupción y la desigualdad que molestaron al presidente en turno. Ávila Puig, el ungido, sufrió un atentado en su campaña. Spota deja en suspenso al responsable.

En cambio, Ricardo Anaya pintó su raya a Calderón y Fox. Nada que reconocerle. Del primero se deslindó porque Margarita Zavala, su esposa, lo desconoció como líder; y del segundo, por su apoyó a peña Nieto. Por tanto, su discurso debería ser congruente con la supuesta propuesta de transformar a México, sabiendo que ambos dejaron al país en ruinas. Conocida la tendencia de que el PAN lograría el tercer lugar en la elección de 2018 y el PRD debilitado por la aparición de Morena, decidieron unirse. En el jaloneo para elegir al candidato presidencial plantearon las encuestas, procedimiento “democrático” por excelencia en los últimos tiempos. Pragmáticos como son, mejor se decidieron por el lugar ocupado en la elección del 2012. Y el PRD aceptó la candidatura de la Ciudad de México, porque todavía cree que puede volver a ganarla. Así de “bonita” es la política mexicana: no las encuestas ni el sufragio de la militancia, solo el reparto de posiciones.

En referencia al famoso Peje, criticarlo equivaldría a negar la existencia de la Guadalupana ante los católicos. Pero como desde hace tiempo pienso que el principal enemigo de López Obrador es él mismo, me resigno a recibir (de algunos de sus feligreses) el epíteto “de servir a la derecha” con mis comentarios. Antes de las posadas le pregunté a un colega simpatizante de Morena: ¿cómo le hace AMLO para perder la ventaja en las encuestas para la presidencia de la república? No hubo respuesta precisa. Yo menos la pondré contestar pues no me junto con Morena. El asunto es que en las últimas dos elecciones iba en caballo de hacienda y perdió. Las de 2006 por un fraude cibernético y en 2012 por las tarjetas Monex (por decirlo en dos palabras). Ahora lleva más ventajas sobre sus oponentes que puntos el Barsa sobre el Real Madrid para ganar la liga española. (Paréntesis metafórico para ilustrar que, en el año de la declaración de independencia de Cataluña, los insumisos le ganaron en fútbol al equipo preferido de Francisco Franco, que es sinónimo de Mariano Rajoy).

¿Entonces porque el Peje se convirtió en el Cruz Azul del fútbol y se la pasa cruzazuleando? Sus prosélitos dirán, que en 2006 el EZLN llamó a votar contra AMLO, que en 2012 se metió la “mafia del poder” y en 2018 apareció Marichuy para dividir los votos. A ello se agregan los independientes. Siempre el problema es externo. Hablando de Fox, la zorra nunca se ve su cola. Si no presentó al primer debate en 2012, que ante el aborto y las bodas gays decida el pueblo, que los transgénicos habrá consulta. Obnubilado por la fascinación de John Ackerman de presentarlo como hombre intachable, López Obrador no escucha a Jesusa Rodríguez ni a Elana Poniatowska cuando le reclaman la coalición “antinatura” con el Partido Encuentro Social (PES). Menos a las plumas pagadas que se ensañan con él. Pero comete el mismo error que el jefe de la mafia del poder, Carlos Salinas: ni ve ni escucha a opositores o a sus apoyadores. Sólo responde: “Esto soy”, maquillado por un documental elaborado para resaltar su figura, usando la misma técnica de la televisión oficial.

El cruzazuleo de López Obrador se manifiesta en su gabinete. Como bien lo definió Julio Hernández en La Jornada: de guiños, históricos, luchas y enigmas. Pero no fue el único articulista que analizó las incongruencias de AMLO es su gabinete. Retomado a Hernández, sintetiza a los hombres y mujeres del gabinete para apaciguar inquietudes del gran capital y de la clase política tradicional. En la república de la austeridad tendrá la ex ministra Olga Sánchez Cordero que recibió sueldos exagerados, una pensión ídem y consejera de administración de Banorte. En Educación Pública a Esteban Moctezuma Barragán, ha presidido la Fundación Azteca, ex secretario de gobernación de Ernesto Zedillo. En agricultura a un defensor de los transgénicos. El gabinete y la Alianza con el PES ya le costaron votos, como la manifestaron en el Correo Ilustrado de La Jornada. Pero a Morena, la vale, le apuesta que el Peje es el menos peor.

Del Bronco, rebautizado como el Brinco, por aquello de igual que chapulín, aprendió a brincar de un puesto a otro, y Margarita Zavala la heredera del México en Llamas después del gobierno de Felipe Calderón, diría Anabel Hernández, poco que escribir. Pero en las paradojas de la política mexicana si llegan a postularse a la presidencia, tendría más legitimidad que los suspirantes anotados. Las 866 mil firmas y más, valen más que el dedazo, las encuestas y el líder moral de Meade, Anaya y AMLO. Acá el que no es político y que en tres años cambiará en tres años a Juárez, Armando Cabada, va por la reelección. Presumirá de ser muy independiente de los partidos políticos, pero no de las mañas. Es probable que junte las 31 mil firmas para postularse, pero ni pudo puedo tapar todos los baches, menos colaborar a disminuir la ola de violencia. Debería de caminar por el centro de la ciudad y observar cómo la policía sigue viendo en un joven un delincuente-

Pareciera que no hay alternativa a la lógica de la política mexicana pagada con nuestros impuestos. Pero la posibilidad es realmente existente. Marichuy la vocera del Consejo de Indígena de Gobierno (CIG) y apoyada por el EZLN, es distinta en el discurso y la práctica. En principio, no es una candidata, sino la vocera de un grupo de indígenas que gobernarían en colectivo. Esta postura significa su renuncia a la falsa idea de que para solucionar los problemas de antidemocracia, injusticia y opresión en el país depende de un “líder carismático”. Una opción es formar un poder colectivo con la sociedad, desde abajo y a la izquierda. En consecuencia, el CIG no oculta, aunque sea políticamente incorrecto, su propósito de acabar con el sistema capitalista. Aunque se “espante” la gente porque se acabaría con el Buen Fin. En cambio, la mal llamada izquierda electoral cada vez se mueve más al centro y su único objetivo es mitigar el capitalismo que nació del despojo, la explotación y la represión a las personas.

Y como obras son amores y no buenas razones, hasta el momento no aceptaron ni un peso del Instituto Nacional Electoral (INE) para recolectar las firmas necesarias para registrarse como candidata independiente. Cuando no se buscan las prebendas del INE, sino la organización de la gente, el dinero no es un problema. Se suple con la militancia y la solidaridad, el primer paso para demostrar una práctica diferente. En su encuentro con las personas faltan las promesas, las camisetas y las tortas, pero sobran las invitaciones para reflexionar en que Otro Mundo es Posible. Donde el consumismo y el dinero no sean el fin de la vida social, ni la explotación y el individualismo la fuente de la riqueza, ni las jerarquías y ni las clases sociales sean los criterios para gobernar. El discurso de quien viene de abajo y de la discriminación, se enfoca en la crítica a la situación que ha generado el capitalismo en México y en el mundo. Mientras los políticos y las políticas berrean que ahora si cumplirán las promesas de sus antecesores de sus mismos partidos e iguales programas económicos.

Mejor homenaje a 150 años de la publicación de Carlos Marx, pudiera hacerse. Una candidata anticapitalista que busca la unidad del proletariado, el campesinado y el mundo indígena. Que le podría agregar que el sujeto revolucionario imaginado por Marx, porque el proletariado no podrá hacer posible la revolución mundial sin todos y todas las oprimidas y oprimidos del mundo: mujeres, gays, indígenas, migrantes, ecologistas y grupos que resisten al neoliberalismo. Una alternativa a la derecha que todo lo privatiza, que profundiza el desastre ecológico, promueve leyes que fortalecen la militarización y estigmatiza la rebelión de quienes sueñan con una mañana diferente. Marichuy no va por las prebendas del poder ni el alto salario que se cobra por gobernar, invita a la organización, a no agotar la participación política en depositar el voto. Lucha por un mundo donde quepan muchos mundos, donde no importa quien ejerza el poder, sino que lo haga obedeciendo al pueblo.