La predilección de los noticieros nacionales por la nota roja no debería pasar inadvertida en momentos en que el gobierno vive una de sus mayores crisis de credibilidad. La sangre mostrada en la pantalla chica siempre ha sido un buen distractor que genera un sentimiento de temor e inseguridad entre los espectadores. Este es uno de los ángulos que explora Juan Carlos Martínez Prado en este artículo escrito a propósito del reajuste de las cadenas televisivas en México.

En este país no hay que ser muy suspicaz para saber qué esconde la pantalla chica. Basta con sentarse frente al televisor para predecir las crisis que se avecinan. Con sus historias de robos a mano armada, crímenes pasionales, secuestros callejeros y violaciones ultrajantes, los telenoticieros buscan calentar el clima y crear una atmósfera de incertidumbre profunda y propicia para lo que viene. El miedo inmoviliza, fomenta la desconfianza y rompe vínculos entre los miembros de una comunidad. Hay que debilitar al máximo la moral de la población para que el inconsciente colectivo apruebe, inclusive, aplauda, la presencia de policías persiguiendo a delincuentes en las calles. Queremos orden, se escuchara como trasfondo y corolario de una clase media entregadas al poder de la delincuencia urbana. Este ha sido siempre el modus operandi del poder antes de exacerbar la implantación del orden y la mano dura. Luego vendrá, aunque algunos levanten la voz, el arrasamiento en contra de los que no creen y se oponen al régimen. El cuadro anterior nos lleva a pensar que la nota roja en los medios sigue siendo un arma eficaz para obnubilar la realidad. Atrás de la histeria de los telediarios se articula la más sórdida de las manipulaciones, cuyo objetivo no podrá entenderse a cabalidad sino es a la luz de la ruina del sistema. Quién duda de que la ascendente criminalidad no sea producto del resquebrajamiento de los niveles de ingreso y de que su exhibición televisiva no sea parte de un aciago plan que busca, por un lado, ocultar el verdadero atraco al país en manos de empresarios y políticos sin escrúpulos y por otro, convertir, precisamente, al miedo en paranoia colectiva.

La derrota de la televisión tradicional frente el vertiginoso ascenso de las redes sociales obligó a sus dueños a redefinirla. Pero su refundación, a casi tres meses de haberse pregonado en el país como una transformación profunda no ha ido más allá de lo cosmético. Televisa, el mayor emporio televisivo de Iberoamérica, dotó a sus noticieros de una nueva cara sin transformar el fondo de sus contenidos. La salida de Joaquín López Dóriga del noticiero estelar, en el que duró más de 17 años protegiendo al poder y criminalizando a los movimientos sociales, no significó aires frescos en esa televisora del Ajusco. A lo más que llegó fue abrirle paso a10 en punto, una plataforma restringida a media hora de noticias, conducida por Denise Maerker, una periodista camaleónica, con un prestigiado curriculum académico. La supuesta apertura del noticiero de Maerker ofrecida por Emilio Azcárraga Jean como gancho para recuperar un mercado cada día más metido en el mundo digital, se redujo desde su primera emisión a reescribir la historia del México actual a golpes de nota roja, boletines gubernamentales e investigaciones que no han ido más allá de descubrir tramas –de corte telenovelesco– como las del fraude de un exfutbolista célebre —Cuahutémoc Blanco—, hijo de esa casa editorial, a quien recientemente se le denunció por haber aceptado la candidatura a la presidencia municipal de Cuernavaca a cambio del pago de siete millones de pesos.

A Denis Maerker la historia la recordará con una sonrisa triunfal en su primer día frente a 10 en punto. El 22 de agosto de 2016, una mujer ofrecía su mejor cara y se hacía cargo del espacio más caro de la televisión mexicana, en el que un anuncio de 20 segundos cuesta un millón 470 mil 942 pesos, según el portal de esa emisora. La conductora y sus empleadores decidieron esa noche que la nota principal del noticiero fuera el regreso a clases en el país. Las primeras imágenes capturaron a un irritado padre de familia rompiendo con un marro el candado de la puerta principal de la escuela primaria Ford 205, ubicada en el fraccionamiento La sirena, en el municipio de Villa Flores, Chiapas. En su primera aparición como conductora del noticiario que más criticas ha generado por su vinculación estrecha con la plutocracia mexicana, Denis Maerker no desaprovechó la ocasión para estigmatizar a la disidencia magisterial. Con una habilidad sorprendente que sobrepasaría cualquier pieza de falsificación informativa inspirada en Goebbels, Maerker contrastó la nota de la escuela tomada por miembros de la CNTE, con la aspiración de los niños que en México quieren estudiar y pretenden un futuro mejor, a pesar de su angustiante situación económica. Sin perder tiempo, los cámaras de10 en punto enfocaron a un grupo de niños y niñas bien uniformadas de una escuela primaria del Estado de México. A cuadro apareció un Enrique Peña Nieto, engominado. Sin ninguna consideración por la edad del público al que se dirigía, el presidente advirtió amenazante que la niñez mexicana no podía ser rehén de ninguna causa ni de ninguna demanda. Es obvio que el mensaje presidencial tenía un destinatario y, se entendía, que el canal, otrora propiedad de “un soldado el PRI”, volvía a ser empleado para enviar misivas cifradas.

La audiencia esperaba de Maerker otra cosa. El tan promocionado cambio de fondo en el telenoticiero de la hora estelar nunca llegó, a pesar de que el país seguía siendo un cultivo de noticias soterradas. En su primera noche de transmisión,10 en punto y su conductora evitaron retomar la noticia que por esos días era un bomerang que llenaba de rubor el rostro del primer mandatario. El 20 de agosto, apenas dos días antes del estreno del programa de Maerker, Carmen Aristegui, la reputada periodista mexicana de investigación, destapó uno más de los escándalos vinculados al presidente. Según una investigación a cargo de Aristegui Noticias, uno de los portales de mayor credibilidad en el país, el jefe del Ejecutivo abría plagiado al menos a 10 autores especializados en derecho para la escritura de su tesis de abogado en la Universidad Panamericana.

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La noticia señalaba la existencia de un mandatario inmoral que en sus días de estudiante no habría tenido recato de reescribir párrafos enteros sobre estudios de las ciencias del derecho, sin citar a sus autores. El affaire, sin embargo, no despertó interés periodístico entre el equipo de noticias a quienes su patrón había prometido libertad para tratar los temas que más preocupaban al país. Con esta omisión, 10 en punto y su conductora enviaban un fuerte mensaje a la audiencia. Confirmaban de que el nuevo programa continuaría con el perfil sumiso que siempre ha caracterizado los segmentos informativos de Televisa. En sus más de setenta emisiones desde su estreno, las expectativas del público de Maerker se han ido enfriando, sepultadas bajo un pesado alud de sucesos cruentos.

Es previsible que las cosas en la televisión abierta no cambien y retome aún más fuerza la estrategia de cultivar entre los telespectadores ese sentimiento de temor e inseguridad ¿tan necesario? en los meses en que un antimexicano asumirá la presidencia en Estados Unidos, la inflación en el país se dispare más del tres por ciento, el peso sufra uno de sus mayores descalabros de su historia y los de mero abajo lancen una candidatura de fuerte inspiración anticapitalista, con una mujer indígena a la cabeza.

Si ese es el plan, hay que decir que la linea informativa de 10 en punto no tendría que ser distinta a la de otros programas de corte informativo del canal de las estrellas. Es el caso de Despertar con Loret, dirigido por Carlos Loret de Mola, un pistolero de las noticias. Sino que al adjetivo lo desmientan las estadísticas. En sus mejores tiempos, este periodista que alguna vez soñó con convertirse el Kapuscinski de la televisión mexicana, transmitió 287.04 notas con algún contenido violento en un periodo menor a los 12 meses.

Según Jorge Nieto Malpica, un acucioso investigador sobre medios electrónicos en el país, el programa de Loret de Mola habría difundido, entre el 20 y 24 de diciembre de 2005, una noticia de violencia cada 4 minutos 30 segundos. En su investigación, Malpica también encontró que de las 484 noticias de violencia visual, es decir aquellas realizadas de manera gráfica, difundidas en los distintos segmentos noticiosos de la empresa de Azcarraga Jean, durante ese periodo,198 fueron transmitidas en el programa de Loret de Mola.

El resto de las barras informativas de la televisora del Ajusco, aunque no se han mostrado tan ávidas por la sangre, tampoco enseñan mal los colmillos. Desde las últimas semanas de agosto, los segmentos de Paola Rojas y Karla Iberia Sánchez, dos conductoras que seguramente habrían corrido con mejor suerte alejadas del emporio de las estrellas, no han dejado de presentar un panorama de desasosiego que se cierne sobre el país después de que la criminalidad ha alcanzado niveles alarmantes, según el análisis sesudo de sus editores. En sus respectivos horarios, ambas se han encarnizado en contra de los maestros disidentes, cuando a éstos les ha tocado ser los actores de las protestas en la calle. La animaversión noticiosa en esos horarios no es sólo en contra del magisterio rebelde, sino a todo aquello que signifique una oposición real al sistema. Maquilladas y vestidas con los cosméticos y prendas más caras del jetset mexicano, Paola Rojas e Iberia Sanchez son la cara de una nueva forma de explicar al país sin ir a fondo.

La competencia de enfrente, el canal Azteca, tampoco ha mostrado mejorías en esta renovación generalizada de los medios electrónicos a raíz de los ajustes realizados por Televisa. Tal vez la única revolución en el canal de Raúl Salinas Pliego —un torvo empresario, responsable de la toma por la fuerza del cerro del Chiquihuite, la madrugada del 2 de diciembre 2002, como parte de una intestina disputa entre su canal y CNI Canal 40, propiedad de Javier Moreno Valle—, ha sido el tono aún más grave que han adquirido los parlamentos de Javier Alatorre cuando anuncia la captura de unos asaltantes que después de asesinar a mansalva a una mujer en una sucursal bancaria son capturados por la policía del gobierno de la Ciudad de México.

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La aparición de un nuevo programa de noticias en Cadena Tres, la nueva concesión de televisión abierta concedida recientemente al Grupo Empresarial Angeles, dueña de Imagen Multimedia, propiedad de Olegario Vazquez Aldir, llegó para no cambiar nada en el formato de noticias de fondo. Dirigido por Ciro Gomez Leyva, un periodista perspicaz que ha puesto su capacidad de análisis al servicio del mejor postor, el noticiero de Imagen Televisión ha seguido la misma tónica de sus coetáneos en otros canales. Si a caso haya alguna novedad, ésta consiste en un panel de discusión, dirigido por Gómez Leyva, al que acuden cada jueves Julio Hernández, Federico Arreola y Juan Ignacio Zavala, una triada de comentaristas que han sustituido, a conveniencia del canal, el examen serio sobre lo que sucede en el país por un ring donde priman los golpes bajos, las denuncias interpartidistas y las descalificaciones personales.

Para Anonymus, un grupo anarquista que defiende la libertad de expresión y la independencia del internet, la presencia de Yuriria Sierra, Ciro Gómez, Francisco Zea, Javier Alarcón y Eduardo Videgaray en la nueva televisora significa la aparición de un mismo circo que venderá a los mexicanos una realidad que no existe. “Una realidad que el gobierno y sus instituciones quieren que se difunda para su beneficio”. En un video divulgado 24 horas antes de apareciera en pantallas la nueva señal, el colectivo fortaleció su tesis al señalar que los periodistas en cuestión son los mismos que estuvieron al servicio de Televisa y Televisión Azteca para que Enrique Peña Nieto llegara al poder.

Si revisamos el precedente, no cabe duda de que Cadena Tres terminará por responder a los intereses del gobierno de Peña Nieto, cuya administración ha sido la responsable de haberle entregado la concesión a cambio de más de mil 800 millones de pesos. Pero aquí el asunto no estriba sólo en el dinero. Seguramente el nuevo concesionario deberá ceñir la linea editorial de Nueva Imagen al interés de los Pinos, en el ambiente preelectoral de una campaña para la presidencia de la república que se augura reñida. Vazquez Raña es de los empresarios que sabe relacionarse muy bien con el poder político. Su ascenso meteórico en el mundo de los medios se debe precisamente a su trato dócil con la clase política, vínculo que ha fortalecido desde el mandato de Vicente Fox Quesada. Durante la administración del panista, Vazquez Raña, propietario de hoteles, hospitales, restaurantes, constructoras, centros de apuesta y un banco, adquirió por 50 millones de dólares el Grupo Imagen, en 2003, el cual, según el Instituto Federal de Comunicaciones, actualmente es el quinto soporte radiofónico más importante del país. Al grupo empresarial de Vazquez Raña se le señala como uno de los más sólidos del país y principal financista de la campaña de Enrique Peña Nieto en 2012.

El hecho de que Cadena Tres no contribuya a mejorar desde una visión crítica los espacios informativos en México, no es un hecho aislado. Tampoco el que Ciro Gomez Leyva haya dado a conocer una nota de corte policiaco como la noticia que encabezó la inauguración de ese canal. Al contrario, ambos datos confirman que el gobierno y los grupos de poder económico siguen viendo en las televisoras un gran potencial para seguir manipulando a la sociedad. En la época en que más sangre hubo en las calles de Ciudad Juárez, los periódicos alarmistas fueron los que más vendieron. Esta regla no es una excepción en las ciudades fronterizas. Los sicilianos echaron andar una máxima en el tiempo en que los mafiosos ganaban Sicilia a punta de pistola. La sangre y el temor bajan los precios de los bienes y raíces y estimulan, en un futuro, la especulación inmobiliaria, decían con sabiduría callejera los parientes de Al Capone. Los barones de la televisión en México no le apostarían a la nota roja sino fuera un buen negocio que asegure sus inversiones y garantice el control de la sociedad. Ya lo dijo con todas sus letras Olegario Vázquez Aldir, uno de los dueños de Cadena Tres. La televisión abierta es hoy el medio más eficaz para anunciar productos y servicios a los consumidores. Su influencia sobre la sociedad es tan notoria que de 10 mexicanos 8 la sintonizan. En una entrevista con la revista Proceso, el empresario ofreció más datos: de 2009 a la fecha, la televisión abierta, ha generado ingresos por publicidad por 2,6 billones de dólares, que representa el 82.3 por ciento de los ingresos por publicidad en México.

Se entiende que los cambios de imagen en la televisión abierta, particularmente en sus áreas de noticias, sean parte de una estrategia para sostener este floreciente negocio, sobre todo, en tiempos en que las inversiones de los magnates de los medios se ven amenazadas con la propagación de las redes sociales. Sólo el gigante de Facebook cuenta ya con mil 350 millones de usuarios alrededor del mundo, de los cuales México es uno de los cinco países con más beneficiarios móviles. A este factor habría que sumar otro de considerable trascendencia: el despertar político de la sociedad frente la carestía y la precarización del empleo. De allí que el optimismo de Vazquez Aldir no esté asegurado y que el tiempo que le resta al circo de las cadenas televisivas, entre ellas, la suya, sea realmente impredecible.