Rodolfo Ortiz Díaz señala a los clichés y la falta de imaginación como los elementos que impiden a La forma del agua alcanzar el nivel de profundidad que Guillermo del Toro, su director, alcanzó en anteriores producciones. alLímite publica éste trabajo como el primero de una serie de reseñas cinematrográficas que Ortiz Díaz escribirá sobre todas las producciones nominadas a los premios Óscar que se entregarán el próximo mes de febrero.  

 La nueva adaptación de Hellboy del director Guillermo del Toro trata de manera injusta a sus personajes principales. Hay un giro en la trama cambia el interés amoroso de Liz Sherman hacia Abe Sapien. No hay duda, este intento de reboot deja mucho que desear… Esperen ¿cómo que no es Hellboy? Hay hombres enojados, gobiernos enemigos, espías, criaturas semi anfibias viviendo en cápsulas de agua, y tecnología que por alguna razón se siente vintage.  Incluso la  la paleta de colores de la melancolía con tonos grise claros y cafés obscuros siguen ahí.

La forma del agua (The shape of water), ya ungida con los premios previos al Oscar, y la cual seguramente pavimentará el camino para que Del Toro complete la Trinidad de directores de origen mexicano que salen del Dolby Theatre con estatuillas doradas, cumple con el listado de tópicos que a los miembros de la Academia Cinematográfica les gusta premiar: discapacidad, homosexualidad, racismo, disparidad social, un guiño a otra película premiada, en este caso Cinema Paradise, un villano irredimible y final abierto anunciado al inicio del filme; todos están presentes.

Es una supuesta historia de amor en la que Del Toro juega con los arquetipos de las comedias románticas, pero los embadurna de clichés que ya comienzan a ser aberrantes, el director mexicano obliga a sus actores a repetir actuaciones de películas previas de manera incompleta, no es extraño que quien la vea note el parecido entre los personajes del hombre anfibio y Abe Sapien; son el mismo actor. Octavia Spencer retoma a Minni Jackson de The Help y Michael Shannon vuelve a encarnar el rol de un hombre conservador pro gobierno. Sally Hawkins tiene UNA oportunidad de demostrar su talento musical en un clip que se siente forzado y que representa el punto álgido en el que confiesa su enamoramiento a la criatura, pero que es justamente cuando el monstruo de Del Toro decide sentirse más atraído por los huevos cocidos que le dan de comer.

Intenta ser un filme que redime a los personajes, pero no lo logra jamás, en gran parte porque los mismos protagonistas no están buscando ese escape de su realidad. La criatura, se nos dice, estaba acostumbrada a su lugar en Sudamérica donde lo trataban como dios, luego a su encierro en el laboratorio donde conoce a Elisa e inician su romance, para después ser trasladado al departamento en el que casi muere porque no hay condiciones que le permitan subsistir; Elisa, una “huérfana” que encontraron al lado de un río, de la que desde el inicio nos muestran sus futuras branquias eliminando cualquier duda de cómo harán los personajes principales para mantenerse juntos, que vive una existencia metódica y plena sin ningún conflicto aparente; un homosexual preocupado por su edad y apariencia; un villano que podría ser el héroe de cualquier película de Clint Eastwood; un agente soviético haciendo mal su trabajo. Además, en una sociedad que quiere pintar como excluyente ¿a nadie le incomoda el bestialismo o la zoofilia del personaje principal?

El filme es una sumatoria de clichés y fórmulas conocidas, por ende, le auguro continuidad a su inmerecido éxito.