Semanas después de concluido el proceso electoral, diversos sectores de la sociedad mantienen la tendencia de justificar –algunos con desaforada vehemencia– el voto útil con que Javier Corral y Armando Cabada arribarán al poder. Desde la región más cáustica y herética del pensamiento, César Silva Montes reflexiona con tremenda lucidez a cerca de una dinámica de pre sucesión que, según nuestra historia reciente, ha terminado por defraudar las aspiraciones de quienes sufragan bajo el acicate de llevar a “el menos peor” al gobierno. “No hay que confundir el voto inútil con el útil”, asevera Silva Montes.

En las postrimerías de la tarde del lunes, cuando el sol da una tregua al cáncer de piel a quienes vivimos en la ciudad-maquila y en medio de nuestra urgencia por mitigar la sed, me preguntó Raúl:¿por quién votaste? Respondí: “Por nadie”. Enseguida, el también apodado Panza (por el integrante de la pandilla de Don Gato), me reviró: “Es un voto por el PRI”. A bote pronto, contesté: “Si eso es cierto, hubiera ganado el tricolor”. (En el fondo me acordé de la goliza de la selección de fútbol. De las dos catástrofes no tengo idea de cuál es peor). Luego expliqué que tenía credencial para votar porque en todos lados me la piden. Como diría Javier Sicilia, ya me tenían hasta la madre. Así que la tramité. Cuándo la recibí, pensé: “Sirve que aumentaré el abstencionismo.”

Lo aseveración de Raúl, no es nueva. Muchas ocasiones escuché el mismo reclamo. El domingo, igual por la noche y a la luz de la luna llena, conviviendo con unos colegas me dijeron lo mismo. Muy ufano y ufana declararon que votaron por Corral, con tal de que perdiera Serrano. Un jueves de esos en que uno pierde en el fútbol, y lo mismo hay que celebrar, porque igual nos divertimos, la andada de cuestionamientos a mi postura fue prolija. Alcanzaron hasta la posición del Subcomandante Marcos y la Otra Campaña en 2006. En palabras pobres la calificaron de farsa. (En realidad la expresión fue más coloquial, pero por inexacta no la reproduzco). No obstante, ninguno, ninguna posee la evidencia de que el PRI se roba mi sufragio, será porque es más sofisticado o porque ya no pueden emplear las mañas de siempre. Tampoco tienen fundamentos para argumentar que con Cabada o Corral la ciudad y el estado mejorarán. Se trataba de que no ganara el RaTeto (como le dicen los internautas) o el tricolor. Así se simple es la lógica. Es votar por el que puede ganar, ni siquiera por el menos peor.

Antes que enfrascarnos en un diálogo, porque en el 2016 se trata de platicar no convencer, viene la descalificación. También la incomprensión de quienes su mundo político se reduce a ir a sufragar por quien va contra del PRI. Los principios del candidato no importan. Menos el programa de gobierno (si lo tiene). Para que hurgar en su pasado político, si votaron a favor del IPAB, o en contra de los Acuerdos de San Andrés sobre Derechos y Cultura Indígenas. Sí esa que se votó en 2001en tiempos del hombre de lengua larga y oídos cortos. Ese que prometió arreglar el problema de Chiapas en 15 minutos. Ahora el desmemoriado Corral les pide a los obispos de la Tarahumara opinión para mejorar las condiciones de vida de la población, cuando aprobó la ley indígena que no recogió los Acuerdos de San Andrés. Así se puede leer en la nota del 29 de abril de ese año en el diario La Jornada.

¿Por qué votar por quien dirige un noticiero donde priva “la mala nota”? ¿Dónde la crítica está ausente y su postura pro empresarial es evidente? Digo, si se trata de impulsar la cultura no creo que los programas infantiles y juveniles del Canal 44 sean formadores-de-conciencia-y-ejemplos-de-ciudadanía. Tal vez el Cafecito de la Mañana se aparte de la broma fácil, los consejos para cocinar mejor o las féminas no enseñen sus piernas, sino sus ideas. Lo más relevante son las telenovelas que se piratea de la Cadena Tres, como Las Aparicio o La Ruta Blanca. La última que trata de la conexión Colombia-México-Estados Unidos como producción distribución y consumo. Lástima que las transmiten en horarios para que prácticamente nadie las vea. ¿Cuándo se ha reportado porqué en los tiempos electorales el profesorado de bachilleres se convierte en promotor de voto para el PRI y representantes de casilla so pena de perder su trabajo? Y para estar a tono con los tiempos en que las alternativas son prehistoria, aparece la voluptuosa lectora del tiempo Diana Alvarado, encendiendo más la temperatura del verano juarense, digo por aquello de la minifaldas. En Youtube la pueden disfrutar (o denostar, depende de su posición sobre el erotismo) con su vestidos cortos rojo, azul, turquesa, blanco, gris, azul intenso, plata o con su minifalda de rayas negras y blancas.

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Hablando de minifaldas, por ahí anduvo Francisco Barrio acompañando a Corral en la campaña. Pues tiene un asesor de primera, sobre todo de imagen. Barrio dijo cuándo empezó el problema de los femenicidios, palabras más, palabras menos: por eso las matan por andar en minifalda, se van a convivir con sus verdugos. Después prometió que atraparía a los peces gordos para acabar con la corrupción durante el gobierno de Fox. Lo único que atrapó fueron charales. Tantos que hasta escasearon en los Del Río.

Respecto a Corral, no es anticapitalista y es conservador respecto a las mujeres. Eso sí, experto en juntarse con la izquierda moderna. Esa que abdicó de sus principios anticapitalistas y legisla en contra del sector obrero y del campesino. Hasta Denise Dresser, que lo mismo da una conferencia para la Fechac que para una universidad previo pago, lo calificó de panista de izquierda. Vale, como politóloga reputada puede crear la categoría que le plazca, pero para eso no se necesita estudiar un doctorado. Pero como ya es un nuevo amanecer, Corral dixit, después de su toma de posesión las maquiladoras aumentarán el salario en 50% gracias a sus buenos oficios, habrá democracia sindical en el sector obrero, no habrá retenes anticonstitucionales y Duarte estará en la cárcel. La Junta de Aguas no sólo será municipal, sino que bajará la abusiva tarifa, las placas del auto se cambiarán hasta que no se distingan la nomenclatura y las tarifas de las carreteras se congelarán. Él se bajará el sueldo al 50% en señal de que llegó al poder para servir, no para servirse. Igual les dirá a sus funcionarios. Y no andará de turista vendiendo al estado en el extranjero.

Pero qué importan los principios si se trata de avanzar de a poquito. Interesan los dichos de los dizques analistas políticos que cobran por escuchar sus ocurrencias. Las frases abundan y la crítica escasea: “fue el voto de castigo”; “México está cambiando”; “el voto maduro”; es un mensaje para los partido no se alejen de la gente”; “es la vía más adecuada para transformar el país”. En el maremágnum de la trivialidad “analítica”, Sergio Aguayo, que se caracteriza por ser de centro izquierda, echó a perder la fiesta. Repitió lo que abajo sabemos: existe un bajo nivel de exigencia democrática en donde se normaliza la compra y coacción del voto, la baja calidad de los órganos electorales y los candidatos los eligen las cúpulas y carecen de legitimidad. Y cito a Aguayo, porque se conoce que no llama a no votar ni es radical. Así les quitó la sonrisa a Carmen Aristegui y Lorenzo Meyer que veían la próxima caída del PRI. A la gente se le olvida el incumplimiento de Fox y del reciente Bronco. Aunque Aguayo le manifestó su voto de confianza a Corral, pero condicionado a encarcelar a Duarte.

Pero como mis interlocutores nunca se convencen de mi postura, habrá que seguir con los argumentos. Hace varios veranos, Juanito y yo caminábamos por la Avenida de las Américas, cerca del estadio 20 de noviembre, para bajar el colesterol. Un candidato a diputado del Verde Ecologista, nos invitó a votar por él. Joven, como muchos de sus candidatos, bien vestido y con una imagen de que no sufre penurias nos quiso persuadir. Entonces le inquirí: “Usted quiere cambiar al país. Bien. Pero yo votaré por Usted cuando como diputado gane un máximo de dos salarios de un obrero calificado y apruebe la revocación de mandato. El día en que se comprometa a mandar obedeciendo.” Conversamos y manifestó su incredulidad de que bajar el sueldo hiciera mejores gobernantes, además debería pagarse. Claro que no fue igual de enfático cuando se refirió al proletariado. No pudimos coincidir ni en que cada diputado debe consultar a sus representados antes de votar alguna ley. Como sucedió en el aumento al IVA.

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En este contexto y para dejar atrás la ironía, va la parte seria. Retomo la pregunta: ¿qué cambiará con el gobierno de Javier Corral? En Marinaleda, Sevilla, la estructura y el poder municipal es un instrumento para lograr conquistas sociales y cuenta con pleno empleo. En su historia se conoce su tradición anarcosindicalista de los pueblos campesinos de Andalucía y fueron reprimidos por Franco durante la guerra civil. En 1979 gana las elecciones Juan Manuel Sánchez Gordillo, profesor de historia. Desde entonces, todos los elegidos para los diferentes cargos, empezando por el alcalde renunciaron a la retribución por ejercer sus funciones. Solo se pagan dos salarios: al Secretario Municipal y al Técnico de Administración General. No hay policía porque los vecinos mantienen la seguridad. El desarrollo del municipio se basa en la participación popular, no se reduce al voto cada cuatro años. En la “rendición de cuentas”: todos los cargos son elegibles y revocables por la asamblea general del pueblo; los funcionarios serán primeros en el sacrificio y los últimos en los beneficios; el dinero deber servir para la solidaridad y libertad, no para un botín particular.

No es broma. Lo relata Jorge Martínez Rodríguez (2013) en su libro Otro mundo es posible y necesario. ¿Cómo lograrlo? El espacio dedicado a esta experiencia la tituló: Marinaleda: ¿una utopía real? Cambios radicales como los descritos son posible porque Juan Manuel Sánchez es anticapitalista. Su propuesta es fundar un modelo donde el ser humano sea el centro de la economía, con una banca nacional, por la soberanía alimentaria, porque la tierra, el agua y las semillas no sean mercancías. Respecto a la energía, al servicio de las poblaciones y no de las multinacionales, la vivienda un derecho de la familia y no un objeto de especulación, y el respeto a la naturaleza por encima del interés económico. En ese proceso, en Marinaleda se luchó por recuperar tierras, no solo sufragando. En su democracia económica los jornaleros se volvieron cooperativistas y la tierra es de quien la trabaja; el encargado de la oficina, el albañil o el jornalero ganan 40 euros al día; y se frenó la emigración. Es real el derecho a la vivienda pagando 15 euros al mes, la atención médica, la recreación y la cultura, con sus emisoras municipales de radio y televisión.

Con el ejemplo de Marinaleda, no pretendo que sea el prototipo a imitar o presentarlo como un argumento contundente para apoyar mi punto de vista. Como habían expresado los zapatistas y las zapatistas: cada quien sus calendarios y sus geografías. En otras palabras, cada quien según su principios y sus estrategias. La experiencia es para sustentar que no se le pueden pedir peras al olmo. Desde hace buen tiempo soy de quienes no sugieren la renuncia electoral o su promoción. Ni descalifico esa forma de participación. Pero cuando me critican por mi abstencionismo, respondo que el problema no es depositar un sufragio, sino hacer que se cumplan las promesa de campaña. Tan sencillo como escribir en una cartulina, si es el caso, a los 100 días de gobierno de Corral: “Cuándo veremos en la cárcel al exgobernador”; o “los obreros y las obreras de la maquiladora seguimos esperando mejores salarios”. No se trata de ir a tumbar las puertas del palacio de gobierno, como sucedió el 22 de junio. Es algo más sencillo, pero impensado: el control pacífico de los sufragantes sobre el poder político. Una vía será la revocación de mandato. No confundir el voto inútil con el útil.