Desde su anuncio, la precandidatura del Consejo Indígena de Gobierno ha levantado polémica no sólo entre la clase política tradicional sino entre algunos miembros de la izquierda militante. Paradigmática, la voz de Marichuy ha convencido entre un público joven decepcionado de los partidos políticos y las candidaturas independientes auspiciadas por el gobierno. Los zapatistas han insistido de que su participación en la actual contienda no es por votos sino para seguir levantando la voz en contra de un régimen que los ha aislado. Según está lógica, su apuesta tiene que ver, además, con la reconstrucción de una nueva conciencia nacional que se oponga a los aplastantes efectos de la globalización. Sin embargo, algunas voces discordantes  piensan que el zapatismo peca de inocente y podría estar haciéndole el juego al sistema electoral al que siempre se ha opuesto. Es el caso de Rigoberto Martínez Escárcega, quien en el siguiente artículo critica el lance surgido desde las entrañas de los pueblos indios de México.

El pasado 8 de febrero del 2018 se presentó María de Jesús Patricio Martínez, candidata independiente a la presidencia de México, en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Tuve la oportunidad de asistir al evento, y pude observar que si bien su discurso está articulado por demandas auténticas sobre el despojo de la industria extractiva a las comunidades indígenas en México, al mismo tiempo, inscribe a la vía institucional la lucha de los grupos oprimidos que hasta entonces venía sosteniendo el movimiento zapatista. El asunto es que se emprende una lucha contra el capitalismo bajo las mismas reglas que impone. ¿La candidata indígena realmente desafía la lógica capitalista o sólo la vuelve más tolerable? para tratar de responder esta pregunta, cabe mencionar la metáfora del truhan capitalista y el bobo de izquierda que plantea Slavoj Zizek en un chiste sobre testículos que se desarrolla en la Rusia medieval, bajo la ocupación tártara.

Un jinete tártaro se encuentra, en una solitaria senda campestre, a un campesino acompañado de su joven esposa. El guerrero tártaro no sólo pretende tener relaciones sexuales con ella, sino que –para mayor inri y con el propósito de humillar en mayor medida al campesino- ordena al marido que le sostenga suavemente las pelotas para no ensuciarlas demasiado mientras copula con su mujer en el camino polvoriento. Cuando el tártaro ha terminado y se ha marchado, el campesino empieza a reírse de buena gana; su mujer le pregunta cómo es posible que le haga tanta gracia haber presenciado su violación y el marido responde: “pero ¿no te has dado cuenta, cariño? Se la he dado con queso: en lugar de sostenerle las pelotas ¡se las he llenado de polvo y mugre! (Zizek, 2008, pág. 56 y 57).

En este caso los pueblos indígenas y todos los grupos de explotados y oprimidos representan a la joven esposa que es violada de forma humillante por el capitalismo. La candidata indígena, propuesta por el Consejo Nacional Indígena y apoyada por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, ocupa el lugar del esposo que se ríe porque le ensució los testículos al capitalismo. Esta candidatura indígena termina legitimando las instituciones que componen un estado corrupto y autoritario. El mensaje implícito de este discurso de oposición sería el siguiente: “¡lo ven, al final de cuentas el capitalismo no es tan malo!, nos permite recorrer el país y hablar con la gente sin peligro alguno sobre el despojo de los pueblos indígenas con un discurso completamente anticapitalista”.

Cobra forma el truhan y el bobo. En este caso el truhan es el capitalista sínico que pretende naturalizar la explotación y la depredación ecológica en aras de la defensa del libre comercio, la propiedad privada y la ley del más fuerte. El bobo de izquierda lo representa el esposo de la joven violada quien se siente orgullo porque le ensució los testículos al guerrero tártaro mientras violaba a su mujer.

Hoy, tras la caída del socialismo, el truhan es el adalid neoconservador del libre mercado, que rechaza crudamente toda forma se solidaridad social por considerarla sentimentalismo contraproducente, mientras que el bobo es el crítico cultural deconstructivo que, con su estrategia lúdica, destinado a “subvertir” el orden existente, acaba convirtiéndose en su complemento (Zizek, 2008, pág. 55).

El discurso de la candidata indígena se amolda al bobo de izquierda que pretende subvertir el orden existente y termina fortaleciéndolo. Frente al cinismo y el oportunismo de los partidos políticos en México esperaba que el movimiento zapatista le cercenara de un tajo los testículos al capitalismo. Tal parece que me quedaré esperando.

 

Trabajos citados

Zizek, S. (2008). El acoso de las fantasías. México: Siglo XXI editores.