La calle corresponde a los músicos que le cantan al viento. Saturan el aire con melodías que no pretenden agradar o importunar, sólo sonar. Robar un instante y mostrarse sobre el escenario más democrático del mundo. Ahí, desde la esquina de cualquier barrio, divulgan anécdotas, redimensionan covers y descubren sentimientos. Jeremías Batista nos presenta, desde Guanajuato, a Javier El guitarras. 

  La rebeldía es la virtud original del hombre.

                                                                                                                            Arthur Schopenhauer

Siempre giran una serie de melodías sobre ciertos callejones donde clandestinamente cantaste, emergen rasposos cantos cual gigantes sobre las ruinas de un pueblo desgastado, que en sus manos conserva un colorido rosario criollo, en sus entrañas la histórica desdicha de ser constantemente saqueado sus recursos minerales, agrícolas, explotado, sobre saturado de turistas y ficciones sin fondo, ni forma. Pero todo tiene su revés, sus espacios de dignidad, coraje, entrega y amor, esos fenómenos, afortunadamente no tienen precio, no se pueden comprar, manipular, torcer o denigrar. No se publican en los grandes espectáculos, en los medios masivos y enajenantes de  “comunicación”, por esos están ahí, desnudos, abiertos, en el lugar de todos y nadie, la calle.

Javier el Guitarras es de los inolvidables, de esos seres que se escaparon y rehuyeron de la academia, de los lugares comunes, de los espacio de poder. Siempre lo hizo con dignidad, risas, humor y levedad, sin pedir nada a nadie, lo que es, tocar para sobrevivir, para provocar, para aprender de los demás, para estar, cantar, dialogar, burlarse de la soberbia de los de traje y corbata, tirar piropos a las bellas damas, sobre todo, a las de pantorrilla de tipo europeo, sus predilectas, por las que podía detener una de sus favoritas rolas, y arrojarles una romántica improvisación que arrancaba sonrisas a esas bellas damas a las que iba dirigida la señal.

El Guitarras se hizo del hambre de querer cantar sus rolas favoritas, el rock clásico, cantarlas con sentimiento, emoción, conexión con el otro. El solía decir que empezó su carrera de músico lirico después del terremoto del DF, curiosamente, después de la accidentada muerte de uno de los mas grandes de todos los rockeros nacionales y de otros planetas, Rockdrigo González. El Guitarras empezó a tocar en las peceras, camiones y diversos transportes públicos del DF, sin embargo, aun no sé cómo llegó a Guanajuato, quizá como casi todos los que llegamos aquí, por esa hipnosis que tienen este bello pueblo, una singular atracción mineral, sociológica, cosmopolita y hasta cierto punto cultural.

Muchos de los que habitamos e hicimos morada en Guanajuato, tenemos diversas y gratas experiencias con el Guitarras, lo escuchamos cantar en las calles, en los campos de futbol llanero, a donde solía ir para cotorrear con la banda, cantarles sus melodías favoritas y beber cebada. Muchos compañeros hicimos amistad con Javier el Guitarras, es una persona muy sencilla, sensible, sonriente, inteligente y compartida. No tenía reparos, lo que tenía lo daba sin remordimientos ni intereses, sin esperar nada a cambio.

Hace tres años que no se sabe el paradero del Guitarras en Guanajuato, lo que me comenta un amigo que fue cercano a el, es que llegaron unos parientes y se lo llevaron al DF, debido a que su salud estaba un poco diezmada, quebrantada. Javier el Guitarras vivía en un refugio muy humilde, con muchas carencias materiales y económicas, pero nunca se quejo de ello. Guitarras, te extrañamos mucho, respetamos a los músicos callejeros que siguen ahí, cantando, pero nadie te va a suplir, sin embargo, tus cantos, risas, burlas e irreverencias poéticas, siguen vibrando, siguen ahí, intactas, recorriendo callejones y calles desnudas de todo Guanajuato, en donde quiera que te encuentres Guitarras, abrazos y saludos fraternos, que viva la música de la calle, que siga avante la poética y digna derrota de los perros románticos.

Javier El guitarras, en youtube.