Ciudad Juárez fue uno de los lugares del país que resintió con mayor rigor la violencia de “la guerra contra el narcotráfico”. El uso de las armas fue el mejor recurso de Felipe Calderón para esconder su ilegitimidad. De acuerdo al interés de los grupos de poder económico trasnacional, está guerra no fue pensada sólo para atacar la expansión de los capos y sus cárteles. Se trataba de sacar a la fuerza pública a la calle, incluyendo al ejército, para intimidar y reprimir a la sociedad civil opuesta, desde entonces, a las reformas estructurales, finalmente aprobadas a partir de 2013. Pasados los años, y en la inteligencia de que esta guerra sigue su curso, Gero Fong, activista de la izquierda infatigable en México, reflexiona de manera profunda sobre lo que hubo y hay atrás de este conflicto que le ha costado al país más de 150 mil muertos.

En México hay una guerra en curso. Uno de los retos para la izquierda mexicana es denunciar y desmontar esta estrategia de exterminio. Sin embargo, mientras el enemigo cierra filas, la izquierda no ha podido articular y consolidar un auténtico movimiento nacional contra la “guerra”. La “guerra imperialista”, categoría de análisis aun vigente tomada de Lenin le da título a este artículo, el primero de una serie de textos donde se pretenderá explicar el contexto general del conflicto bélico en México.

Con más de 150 mil asesinados —civiles en su mayoría— la “guerra contra los cárteles de la droga” iniciada en el 2006 por el espurio Felipe Calderón y prolongada a lo largo del ilegítimo gobierno de Peña Nieto es, actualmente, uno de los conflictos que más muertos y dolor ha arrojado en el mundo. El delirio bélico del estado mexicano ha posibilitado una epidemia de feminicidios, juvenicidios, violaciones, secuestros, desapariciones forzadas, torturas, entierros clandestinos y asesinatos a periodistas y luchadores sociales. La “guerra” en México es un rotundo fracaso sí la medimos de acuerdo a los objetivos asumidos por el Estado Mexicano de enfrentar al crimen. Pareciera una contradicción que el conflicto que el gobierno desató supuestamente para detener el crimen haya posibilitado su expansión bajo el cobijo de las autoridades creadas para perseguirlo. Actualmente no puede analizarse la coyuntura política en México, al margen de las consecuencias de esta mal llamada “guerra contra el crimen”, como veremos más adelante.

Para poder entender la ola de violencia que azota México, daremos un rodeo teórico remontándonos un siglo.

Muchos han conocido acerca del famoso texto El imperialismo, fase superior del capitalismo, escrito por Lenin en 1916, convirtiéndose a través del tiempo en uno de los clásicos del tema. El libro es investigación económica acerca de la concentración del capital monopolista en Europa y Estados Unidos. Sin embargo, no todos conocen cual es el contexto de este escrito. Como lo explica el mismo Lenin en un prologo, para evadir la censura zarista, el libro redujo su análisis a lo meramente económico, sin embargo era la guerra —teniendo como telón de fondo la I Guerra Mundial iniciada en 1914— el interés de sus reflexiones en esa época. Incluso es en otro texto de Lenin de 1915 titulado El socialismo y la guerra, donde aparece por primera vez la formula de imperialismo como fase superior del capitalismo:

“El imperialismo es la fase superior del desarrollo del capitalismo, fase a la que sólo ha llegado en el siglo XX. […]. El capitalismo ha llevado la concentración a tal punto, que ramas enteras de la industria se encuentran en manos de asociaciones patronales, trusts, corporaciones de capitalistasmultimillonarios, y casi todo el globo terrestre esta repartido entre estos ‘potentados del capital’, bien en forma de colonias o bien envolviendo a los países extranjeros en las tupidas redes de la explotación financiera”.

No es casualidad que el objetivo principal de este texto sea el análisis de la guerra y no de la economía. La referencia al imperialismo aparece en un apartado titulado precisamente, “La guerra actual es una guerra imperialista”. La guerra imperialista designa a una acción bélica específica, generada por la necesidad capitalista de expansión y en donde los Estados de derecha, como el mexicano, no fallan y más bien cumplen a cabalidad su labor de cooperación. Esta guerra es producto del capitalismo desarrollado y global, es decir en su fase superior, hegemónicamente controlado por industriales y financieros, los llamados por Lenin “potentados del capital”. A mediados del siglo XIX, Marx en el Manifiesto del Partido Comunista ya hacia referencia a que la burguesía “implantada la gran industria y abiertos los cauces del mercado mundial, se conquista la hegemonía política” y agrega, “Hoy, el Poder público viene a ser, pura y simplemente, el Consejo de administración que rige los intereses colectivos de la clase burguesa”.

No debe confundirse pues la “guerra imperialista” con otros tipos de guerras de intervención imperial, como lo serían las guerras coloniales de conquista operadas por los imperios europeos entre el siglo XVI y XIX provocando entre otros terribles fenómenos, genocidios en América, o las guerras interimperiales del siglo XIX en la misma Europa que por ejemplo enfrentaron a Prusia y Francia, derivando paradojicamente en una alianza entre imperialistas de ambos bandos y burguesía francesa para reprimir a los comuneros de París tal como lo relata Marx en su texto de 1871 La guerra civil en Francia. Estas y otras guerras son sin duda importantes antecedentes de la “guerra imperialista”, pero no corresponden al capitalismo globalmente desarrollado. Entre estas guerras y la I Guerra Mundial que obviamente Marx no pudo observar, existe un cambio cualitativo importante. La I Primera Guerra Mundial demostró que paradojicamente mientras se enfrentaban las potencias nacionales, la guerra en si misma, era un interés común de la alta clase burguesa, en aras de grandes negocios industriales y conquistas de territorios por los cuales fueron sacrificados los trabajadores de Europa. El mismo proceso imperialista se reprodujo aun con mas fuerza en la II Guerra Mundial.

Regresando a la realidad temporal y geográfica que nos compete, observamos que el análisis de la “guerra” en México no puede desligarse de la estrategia política del Estado Mexicano, en contubernio con los capitalistas, por imponer y aprovechar las llamadas reformas estructurales, comprometiendo de este modo a prácticamente todos los rubros importantes del país: la educación, la salud, el trabajo, la seguridad y los recursos naturales y energéticos. Estas Reformas no pueden entenderse a su vez sin la presión de las grandes potencias mundiales y los grandes centros financieros globales. Estados Unidos, a través del ASPAN y la Iniciativa Merida apoyan la guerra como estrategia válida, mientras que el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM) siguen operando en beneficio del gran capital y en contra de los intereses de las economías periféricas.

La “guerra” en México sigue siendo una “guerra imperialista” sin importar los maquillajes que pretendan aplicarle. Sigue siendo una guerra en favor de los intereses capitalistas globales, un conflicto que persigue el control de los recursos vitales y energéticos, que pretende la hegemonía sobre el trabajo y el territorio nacional. A pesar de la complejidad con que se vinculan la política, la economía y la violencia bélica en el contexto mexicano, es posible aportar, por lo pronto, tres ejemplos concretos que clarificarán la vinculación entre la “guerra” en México, y la “guerra imperialista” expuesta por Vladimir Lenin un siglo atrás:

1.- Cuando la ola de violencia desatada por la guerra “incita” al despoblamiento a través de una política de miedo. Estos terrenos baldíos después son aprovechados como campo fértil donde se programan proyectos gaseros, petroleros y mineros, como en los casos del Valle de Juárez, en el norte de Tamaulipas o en amplias regiones en Michoacán.

2.- Cuando las fuerzas represivas militares y militarizadas, “coordinadas para enfrentar al crimen”, en realidad se organizan para reprimir, asesinar y desaparecer disidentes a las políticas económicas, como es el caso de la represión de Nochixtlan, Oaxaca y en el crimen de Iguala en Guerrero. En éste último caso en donde su participación explícita ha sido más que probada, la coordinación abarcó al mismo crimen organizado.

3.- Cuando se imponen reformas a la Ley de Seguridad para justificar suspensión de garantías por motivos de inseguridad debido a la “guerra” y éstas regulaciones terminan aplicándose a los manifestantes que se oponen a las Reformas Estructurales, como ha venido sucediendo en la Ciudad de México, bajo el amparo de un un gobierno que se hace llamar de “izquierda”.

Antes de concluir no podemos dejar de hacer dos precisiones importantes. Primero la “guerra imperialista” como la conoció Lenin a principios del siglo XX no es, ni puede ser igual a la guerra imperialista a principios del siglo XXI en México —evidentemente la “guerra” en México no es nada parecido a la I Guerra Mundial— Eso seria suponer que no ha cambiado nada en el capitalismo y en el imperialismo en los últimos 100 años y que las diferencias del contexto nacional y regional no cuentan. No creemos que sea así, lo cual nos lleva de manera directa a nuestra segunda precisión. La categoría de “guerra imperialista” no puede ser la única que explique la “guerra” en México, debe usarse solamente como un contexto general y siempre en relación con otras categorías.

Retomaremos esta tarea en la próxima entrega.

Bibliografía

Lenin (1915). El socialismo y la guerra.

Lenin (1916). Imperialismo fase superior del capitalismo.

Marx (1848). El Manifiesto Comunista

Marx (1871). La guerra civil en Francia.