Pedro Valtierra es considerado uno de los grandes fotógrafos de la prensa mexicana de las últimas cuatro décadas. Sus gráficas sorprendieron al mundo, sobre todo aquellas obtenidas en medio del fragor de las guerras en Centro América a finales de los años setenta. Nicaragua, El Salvador, Honduras, Guatemala fueron territorios recorridos por la lente de este fotoperiodista. Ganador del premio de periodismo Rey de España en 1998, por una gráfica emblemática acerca de la lucha del zapatismo, Valtierra habló con el periodista juarense Miguel Silerio sobre las innovaciones de la fotografía periodística pero también dejo planteada, a propósito del artero asesinato del fotógrafo Ruben Espinosa, sucedido hace dos semanas en el Distrito Federal, su preocupación por el futuro del trabajo de la prensa en México desarrollado en un clima de violencia e impunidad.

En la recepción de su oficina en la colonia Condesa, un departamento de paredes blancas de las que cuelgan enmarcadas un par de primeras planas de La Jornada, Pedro Valtierra, el fotoperiodista zacatecano fundador de la agencia Cuartoscuro, se acomoda en un pequeño sillón  color naranja, cruza las piernas y junta las manos.

Mientras habla sobre las diferencias entre el periodismo actual y el periodismo de hace cuatro décadas (Valtierra comenzó su carrera periodística en 1975), y los beneficios y perjuicios que el desarrollo tecnológico ha traído a la profesión, su voz engolada transforma la plática en cátedra y la cotidianidad en ocasión solemne.

—La diferencia entre el periodismo de hace 40 años y el actual radica en la técnica. El desarrollo tecnológico propicia que exista una enorme diferencia, pero, esencialmente, hacer foto es lo mismo. Las herramientas son diferentes, han cambiado las plataformas, pero la labor de fotoperiodista es igual. Lo que cuenta es esto —posa su mano derecha sobre el pecho—, esto —señala su cabeza con el dedo indice— y la información.

Su semblante se vuelve adusto cuando alza ambas manos y con sus dedos indices y pulgares dibuja un encuadre a la altura de sus ojos. La cámara fotográfica, dice, no hace al fotógrafo, ni lo deshace. Es una máquina, un equipo de trabajo, un mero artilugio.

—No, no es la cámara la que hace la foto. Y todo el mundo piensa eso. Los fotógrafos están más preocupados por la cámara que van a comprar que por la foto que van a tomar. Hay muchos fotógrafos que parecen vendedores de cámaras, que dicen que un equipo moderno tiene mayor calidad que un negativo. Yo no debato eso. No me interesa debatirlo. Pero un negativo, al menos, te da la certeza de que durará más tiempo.

Enrique Metinides tomaba 12 fotografías de un accidente. Hoy un fotógrafo toma 500 fotos del mismo accidente. No estoy comparando, sino estableciendo un ejemplo. Los 12 disparos de Metinides hablan de que se tomaba una hora para buscar los ángulos precisos, los encuadres ideales. Los 500 disparos de otro fotoperiodista, ¿hablan de 500 buenas fotos o de muchos disparos irreflexivos e irracionales? Yo no cuestiono, solo pongo la pregunta en la mesa.

pedro valtierra

Luego Pedro Valtierra, imperturbable, junta las palmas de sus manos, las pega a su boca y, después de un breve silencio, agrega:

—Pero quiero que esto quede bien claro, porque digo esto y hay quienes creen que los estoy acusando y se ofenden: yo lo digo para que la gente piense en que hoy estamos dependiendo de la cámara y no del corazón.

En la cobertura periodística de situaciones de violencia, Valtierra, quien documentó el triunfo de la Revolución Sandinista en Nicaragua, reconoce a la labor de los periodistas mexicanos en un contexto similar al de la guerra.

—En la guerra sabes del riesgo. Si no, te quedas en tu casa. No existe una frontera entre tomar una foto y proteger la vida. Es obvio que debes tomar medidas de seguridad, cuidarte, o te encomiendas al santo que tú quieras, pero sabes que te puedes morir. Es un tema difícil el de la guerra… o el de cualquier situación de violencia. En México lo hemos vivido, nos han pasado cosas similares en diferentes partes del país. Lo único que puedes hacer es protegerte. Si te apuntan con una arma y te dicen “¿tomas la foto o la vida?” Dices: “yo tomo la foto y la vida”. Pero no sabes qué pueda pasar…

Sobre el multihomicidio de la colonia Narvarte, que segó la vida de cinco personas, entre ellas la del fotoperiodista Rubén Espinosa, Pedro Valtierra habla con palabras precisas e ideas reservadas. Prefiere no emitir juicios, no especular ni deliberar culpas.

A Rubén lo recuerda como un “profesional de la fotografía”, un “joven con muchas ganas, con mucho talento” y resalta su labor periodística no solo en el contexto de los movimientos sociales sino también en los de la cultura y la política.

—Sobre Rubén Espinosa, solo puedo decir que su investigación no ha concluido. No sabemos realmente lo que pasó, y yo no hago juicios a priori. Porque, uno, como periodista debo tener la certeza y, dos, no soy policía. Rubén estaba perseguido, eso está claro. Pero de su muerte no hablaría… más que de Rubén, debemos hablar de la situación generalizada que vivimos los periodistas, que es lamentable, es triste, es muy preocupante, no solo para la prensa, sino para nuestro país, para nuestra democracia y para nuestra república.

MANAGUANICARAGUA19JUL1979. Triunfo de la Revolucion Sandinista, entrada de los revolucionarios a Managua. Foto„ Pedro Valtierra

Pedro Valtierra no señala directamente al gobernador veracruzano Javier Duarte como responsable del asesinato del fotoperiodista. Pero tampoco lo exonera. No reparte culpas pero tampoco inocencias.

—Lo más fácil es especular con los culpables. Culpar a Duarte, culpar a Peña Nieto no es la mejor manera de resolver este problema. Hemos llegado a este nivel de violencia porque creo que todos, periodistas, sociedad y gobierno, hemos dejado que las cosas pasen. También creo que el Estado mexicano nos olvidó y olvidó su tarea fundamental. Y no estoy defendiendo a nadie. Yo no defiendo a Peña Nieto ni a Duarte. Que cada quien se defienda con su trabajo y con sus acciones.

Al final de la conversación, Valtierra sostiene su rostro sobre la palma de su mano derecha. Ya no permanece cruzado de piernas, sino recargado sobre un costado en el pequeño sillón de piel anaranjada. A veces su vista se concentra en la pared del frente. Pero no es la pared lo que mira.

—¿Qué más puedo decir? Que me duele mucho. En los países en guerra mueren menos periodistas que aquí. Y poco hablamos del tema. Poco asumimos esa responsabilidad. Claro que  existen grupos de periodistas que se han organizado y se han pronunciado contra esta violencia absurda, pero no es algo que solo le atañe a los periodistas, sino a todos, a la sociedad en general. ¿Qué va a pasar? No lo sé. Tengo miedo y tristeza de pensar en el futuro.

Entrevista: Miguel Silerio y Brenda Cortés