Cuánta nostalgia deben deparar los sueños que Daniel Sprick no tiene inconveniente de regresarlos a la realidad. O a la inversa, cuánta melancolía reviste la realidad que es necesario escapar a los sueños. Luz onírica, al fin. El autor no escapa de ser parte de un juego ocre y evanescente en el que ha convertido su pincel.