Fiel a su misión por divulgar los diferentes rubros de la escena cultural fronteriza alLímite reproduce este artículo a cargo de Lisset Cárdenas. A través de la reflexión sobre las expresiones y esfuerzos teatrales en Ciudad Juárez, la autora extiende una invitación a un taller basado en el rompimiento de la dicotomía clásica público-actor y llevado a cabo por el proyecto  local Norteatro.

Gracias a los esfuerzos de los dramaturgos, directores, promotores culturales y compañías de teatro, la actividad escénica como un fenómeno con características propias de la frontera ya no es sitio de incógnita en Ciudad Juárez. El hecho escénico se expande y cobra fuerza cada vez más en nuestra región. Así mismo, el conflicto respecto a la difusión y resguardo de la dramaturgia del norte del país ha mermado considerablemente debido a la facilidad de acceso a la información en nuestros días y a la popularidad de las redes sociales, así como al favorable trabajo de algunas instituciones y a la iniciativa de proyectos como Cartografía literaria de Ciudad Juárez y Norteatro, centros de investigación y archivos en línea que, además de promover la literatura y las artes escénicas y de ofrecer en open access el material de interés, son espacios que favorecen a la crítica, afianzando conocimientos entre la academia y el público en general sobre el quehacer cultural en la región. A pesar de los avances sustanciales que se han realizado al respecto en las últimas décadas, aún quedan por erradicar ciertas cuestiones, algunas fundadas y otras que perviven en el prejuicio, acerca del teatro juarense. ¿Por qué si, en apariencia, carecemos de actividad dramática existen tantos recintos teatrales en la ciudad? Si me interesa formarme profesionalmente en las artes escénicas, ¿a dónde acudo? He escuchado que “en esta ciudad nadie va al teatro”, pero me he quedado fuera de montajes debido al sobrecupo. ¿Por qué parece más rentable acudir al cine en los ratos de ocio que presenciar un espectáculo en vivo? ¿Se puede conciliar la ovación de pie con una mirada crítica?

A través de los festivales, las muestras y el trabajo de las compañías independientes se produce, semana a semana, una gran diversidad de montajes que exploran distintos temas y géneros. Esto no es nuevo en absoluto. Hace diez años, cuando el teatro Víctor Hugo Rascón Banda –el mejor escenario en la frontera– celebraba su segundo aniversario, Juárez fue seleccionada como la sede para celebrar la XXIX Muestra Nacional de Teatro durante el mes de noviembre del 2008, en honor al dramaturgo chihuahuense (que le da nombre al recinto) y al capitalino Emilio Carballido. Este evento ejemplifica el ahínco por parte de los involucrados en el teatro –gestores, artistas y espectadores– para reactivar la escena local a nivel nacional durante un duro momento en nuestra ciudad. Con más de veinte montajes provenientes de toda la república, la Muestra Nacional dio vida a los diferentes complejos que alojan al hecho escénico: Teatro El Paseo, el Centro Municipal de las Artes, el Teatro de la Nación, el Centro Cultural de la Ciudad, la Sala Experimental Octavio Trías, el Centro Cultural Universitario y, por supuesto, el Teatro Víctor Hugo Rascón Banda.

En cuanto a la oferta que ofrece la cartelera, los temas de los montajes van desde lo mítico y fundacional, pasando por las pugnas sociales con ingredientes cómicos y el toque de cotidianidad lleno de ironía en la época contemporánea. Aunque la línea que une las representaciones suele trazarse en torno a un perfil documental y de confrontación, no todas las puestas en escena se concentran en la denuncia. Empero, la delación de actos violentos desde las tablas es tan antigua como la tragedia griega. El activismo que se filtra en el arte dramático no cancela otro tipo de cometidos, la recreación, por ejemplo, en los espectáculos que llegan a esta frontera; prueba de ello se encuentra en los distintos ciclos del año pasado, como el Festival Internacional de Drama Español Siglo de Oro, con más de 40 años de tradición, el 35o Festival de Teatro de la Ciudad, la Muestra Estatal de Teatro y el II Festival Internacional Teatro sin Fronteras, donde el público disfrutó de diferentes propuestas escénicas venidas de diferentes latitudes y que ponen al día antiguas dramaturgias.

Evidenciada esta intensa actividad, falta fijar la atención en los asistentes, más allá de la promoción y la gestión cultural. El objetivo primario del colectivo Norteatro, al que pertenezco, radica en echar a andar un taller de formación en donde la mirada del espectador protagonice las salas. ¿Cómo recibe el público las múltiples representaciones y la diversidad de temas que se le ofrecen? La crítica, ciertos posicionamientos y las inquietudes de quienes compran las entradas, así como el de “boca en boca” que circula alrededor de una producción tienen el suficiente potencial para formalizarse y concentrarse en un lugar físico y de manera regular. En abril del año pasado, por medio de una breve contextualización antes de la puesta en escena, intentamos acercar las adaptaciones del teatro clásico español al público que llenó los foros. Más adelante, en julio, dimos seguimiento, con promoción y reseña crítica, al Festival de Teatro de la Ciudad que registró excelentes entradas en el Auditorio Benito Juárez; incluso uno de nosotros sirvió de jurado en la entrega de reconocimientos. En agosto, nos vinculamos con la Secretaría de Cultura para que al final de cada obra de la Muestra Estatal de Teatro hubiera oportunidad para el diálogo. Estos desmontajes nos animaron a seguir trabajando, ya que el interés de los espectadores sobre los procesos creativos y la toma de decisiones ayuda a formarse una idea clara sobre la intención dramática y su realización escénica.

En torno al Encuentro de Teatro durante la MET surgió la idea de poner en marcha en Juárez un proyecto (de manufactura bonaerense) que atienda de forma directa la formación del público. Así, con el objetivo de intensificar la experiencia de la recepción, Norteatro anuncia el Taller de Espectadores, que dará inicio el Día mundial del teatro, el martes 27 marzo (ver cartelera anunciada por la Sub-Secretaría de Cultura). Este espacio, en donde el público opera como como engrane principal de la maquinaria escénica, tiene como ejes el diálogo, el aprendizaje colaborativo, la discusión y el encuentro de pareceres. El taller brindará a sus asistentes los materiales necesarios para la crítica a través de un ambiente didáctico en el que se mezclan los saberes del área de investigación, la práctica escénica y la experiencia de la comunidad. De tal manera, nos esforzaremos por ofrecer los conocimientos teóricos como herramientas prácticas para que logremos nombrar, comparar, reconocer y reapropiarnos de las manifestaciones dramáticas, cuyo fin se encuentra en la identificación, planteamiento y demanda de sus necesidades como parte importante del espectáculo. Como señala Jorge Dubatti, en su Filosofía del teatro I: convivio, experiencia, subjetividad, no se trata solo de mirar sino también de la observación del espectáculo, que el receptor se sumerja en el acontecimiento de una forma que despliegue todas sus conformidades y desconciertos, su aprobación o rechazo para que su percepción se extienda más allá de la mirada hacia los otros sentidos, produciendo una experiencia corporal completa; para lo cual precisa de conciencia respecto a los procesos creativos teatrales (poiésis), así como de elementos rectores o guías. Con el ejercicio del Taller de Espectadores se pasa del qué dramático al cómo y el por qué, con lo cual propiciamos acrecentar la exigencia del receptor, lo que conllevará, a su vez, a un aumento de la calidad escénica.

La dinámica del taller consiste en sesiones llevadas a cabo cada quince días (dependiendo de la actividad en cartelera) divididas en cuatro momentos. La primera etapa consiste en brindar recursos analíticos y parámetros de interpretación, que funcionan como una guía y eje de continuidad entre sesiones. Este primer momento constituye la parte más “formal” del taller. Durante la segunda sección tiene lugar la contextualización, explicación y análisis (a partir de la teoría ya explicada) de la obra seleccionada para ese día. En la tercera etapa nos ocupamos de entrevistar a algún artista escénico o responsable del montaje en cuestión para que exprese las formas y modos del proceso creativo. Por último, damos pie al convivio. Aquí toma la palabra el público asistente al taller, que tendrá oportunidad de comentar y resolver sus dudas respecto a lo expuesto a partir del diálogo directo. Al final de cada sesión acordamos la fecha de la siguiente reunión y damos aviso acerca del montaje que veremos. Así que a compartir butacas. Los esperamos en el taller, y si no… siempre en el teatro.