Al recibir el Oscar concedido a Birdman como mejor película del año, Alejandro González Iñárritu, su director, no dejó escapar la oportunidad para asentar más allá de las butacas del teatro Kodak, recinto oficial de la premiación, un reclamo controversial que inmediatamente caló hondo entre los sectores más conservadores de la sociedad norteamericana: Finalmente quiero tomarme un segundo para dedicar este premio a mis compatriotas mexicanos: los que viven en México, ruego porque podamos encontrar y construir el gobierno que merecemos… y a aquellos que vivimos en Estados Unidos, quienes somos parte de la última generación de inmigrantes de este país, espero que podamos ser tratados con la misma dignidad y respeto que aquellos que llegaron antes y construyeron esta increíble nación de inmigrantes.

El triunfo de Birdman y el discurso de aceptación del mexicano irritó a la derecha nacionalista que no tardó en desacreditar los premios Oscar, calificándolos como demasiado liberales. Fue el magnate estadounidense Donald Trump quien tomó la delantera en los ataques a través de su cuenta de Twitter (sin duda el mejor lugar para este tipo de “dimes y diretes” con tan poco sentido y mucha banalidad).

Sin embargo, más allá del berrinche del excéntrico multimillonario, conocido por sus opiniones racistas, la disputa patriótica en cuestión dejó entrever la doble moral del establishment estadounidense. Esa que abofeteó a Clinton por su affair en la Casa Blanca, aquella que justifica a las invasiones gringas, llamándolas “avances de la democracia”, la misma que usó George Bush para llamar a “establecer el orden constitucional a cualquier costo” después de los Rodney King riots.

El hecho de que Birdman triunfará sobre American Sniper fue el tiro de gracia al corazón de los conservadores. ¿Who gave this son of a bitch a green card?, bromeaba Sean Penn al entregarle el premio a Iñárritu. Esa misma pregunta cobró eco en los grupos tradicionalistas de los Estados Unidos. ¿Cómo es posible que un inmigrante derrote a un inmortal del cine americano como lo es Clint Eastwood? ¿No debería estar González Iñárritu lavando pisos, podando jardines o fregando platos en vez de recibir premios? ¿Qué pensaba la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas al estar metiéndole autogoles a la industria fílmica gringa?

American Sniper, la épica de guerra de Clint Eastwood y favorita a arrasar en los Oscares representa lo que históricamente se conoce como American Pride. Retrata la valentía de los militares norteamericanos en tierras lejanas y guerras absurdas. Exalta los valores nacionales y el patrioterismo propio de los ejércitos invasores. En una película donde todo lo gringo es bueno y puro no cabe la crítica contra la estela de dolor y muerte que la maquinaria norteamericana deja a su paso.

El héroe caucásico limpia el remordimiento de cientos de muertes a cuestas, con el pañuelo del orgullo nacional. El deber cumplido neutraliza el sentimiento de culpa por la aniquilación de cientos de iraquíes. ¿Y qué tipo de película esperaban cuando se cuenta la historia del francotirador mas letal en la historia de los Estados Unidos?  Ni siquiera Joseph Goebbels lo hubiera hecho mejor.

Birdman, a pesar de ser producida en suelo estadounidense, con recursos y actores norteamericanos no llegará a ser considerada como un largometraje yanqui. Gonzalez Iñárritu, el inmigrante, nunca dejará la etiqueta de “extranjero” en el imaginario colectivo de los conservadores. Su película es entonces, una afrenta, un espejo satírico. ¿Cómo perdonarle al mexicano su atrevimiento de burlarse de la sociedad gringa y todavía recibir aplausos y premios por ello? ¿Dónde quedó el american pride? ¿No era hora de celebrar a American Sniper, su apología de la guerra con una Budweiser en una mano y la otra en el pecho cantando God Bless America? Parece que esa noche, los Oscares con su hipsterismo exacerbado, los migrantes con su descaro y hasta el presidente Obama con su negritud tan evidente les echaron a perder la fiesta.

Donald Trump lo resumiría en Twitter: The oscars are a sad joke, very mucho like our President, So many Things are wrong. Pero ¿cómo se pueden tomar en serio las opiniones de un conservador que considera al rating el estándar absoluto para valorar la calidad de un programa televisivo? A alguien que critica a una película sin haberla visto aún. En entrevista con la cadena FOX, el multimillonario externó: “fue una gran noche para México, como siempre. En este país (Estados Unidos), ya sabes, todo esto que pasa es ridículo”. Más adelante aseguró “no paraba de subir y subir y subir (González Iñarritú) ¿Se va a llevar todo el oro? ¿Tan buena es (la película)? Yo no he escuchado eso”.

Pareciera que Trump usó los Oscares como excusa para sacar sentimientos personales en contra de los mexicanos. Otro tweet del magnate ayudaría a confirmar esta hipótesis: The Oscars were a great night for Mexico & why not—they are ripping off the US more than almost any other nation. Haciendo un gran esfuerzo por entender la lógica del empresario y dilucidar cómo es que México esta estafando a la nación más poderosa del mundo y no al revés como generalmente se pensaría; parece que los inmigrantes mexicanos no se han conformado con robarle empleos malpagados a los estadounidenses y ahora inclusive se atreven a (como se diría popularmente) hacerle chanchulllo a los gabachos en el terreno cultural. Aparentemente los frijoleros hemos trascendido en nuestra búsqueda por mexicanizar el American Dream… o al menos eso piensa Donald Trump.

El empresario mexicano Carlos Slim Helú, con la omnipotencia que le concede su riqueza en este mundo dominado por el dinero, respondió a Donald Trump en términos mas simples, pero que fueron directos al corazón del orgullo del estadounidense: “Trump no cree que los mexicanos tengamos tanto ingenio…..pero él trabaja para mi”.