En una especie de requiem para Mundo, su amigo recientemente fallecido en esta frontera, Jeremías Batista aprovecha la tinta para advertir los riesgos del olvido. Nos llama a no ignorar el trabajo estético de artistas como Mundo que decidió vivir “al margen, dignamente, como un boxeador en la esquina del último ring. 

En la lucha entre uno y el mundo, hay que estar de parte del mundo.

                Franz Kafka.

Toda expresión estética es un riesgo inminente, es escarbar en un acantilado de dificultades, fracasos, falta de entendimiento, incomprensión, vacíos, derrotas, intentos y mucho goce, porque al fin y al cabo se esta haciendo lo que se busca, lo que se quiere, lo que envían algunos designios misteriosos a algunos seres que deciden dedicar su existencia a esa energía atractiva, pegajosa e incomprendida que se le denomina arte.

Yo conocí a Mundo por medio del Bandido. Fuimos a su casa derruida de la Chaveña, barrio emblemático del centro de ciudad Juárez. Eso fue aproximadamente en el otoño del 2014. La casa contaba con unos cuartos que parecían pintados por un dios alcohólico abandonado al arbitrio del azar, aun así, esa casa tenia un ambiente misterioso porque ahí pernoctaba Mundo y su mundo de esculturas, moldes, discos musicales y demás instrumentos de trabajo con los que moldeaba la tierra, las formas geométricas que alzaba como todo un mago del barro, sus planos, libros de arte y una serie de objetos esparcidos caóticamente por ese indescifrable espacio. Recuerdo a Mundo relajado, con una burlona sonrisa en sus labios, muy delgado, fino, con una mirada de niño vago, una voz norteña regio juarense y una manera de estar ligera, como las delgadas formas que confeccionaba con su sensibilidad a sus esculturas.

Platicando con Mundo uno se daba cuenta de la sencillez y la sensibilidad de ese fuerte y frágil ser. El me contó que había estudiado la carrera de arte en su natal Monterrey, sin embargo, había que estudiar arduamente el dibujo, las escalas, las proporciones, la geometría, la fisionomía de los cuerpos, eran necesarias para todo aquel que se quiera dedicar a este oficio. Hay que ponerse al tiro en esas materias, no hay de otra. Yo le comente que a mi me interesaba su trabajo. Mundo, con su especial carisma y generosidad me ofreció sus conocimientos, me dijo con pausada voz que si me interesaba la escultura, el barro u otra técnica similar, el me podía enseñar el oficio. Yo le agradecí enormemente ese fraternal gesto y supe que estaba con un ser generoso, sencillo, complejo, pícaro y algo atormentado, pero que sabia tomarse el curso de los días como una practica misteriosa, silenciosa, profana y cómica.

Por azares del camino, pasaron un par de años y fui a parar en uno de los refugios de Mundo, lo habían cambiado de casa, vi su cuarto en donde estaba resguardado, parecía una pintura de Van Gogh en cuento de Kafka. En esa casa sus esculturas estaban dispersas, como un big bang, un caos dentro de otro caos, me quede pensando, meditando en esa errabunda existencia de Mundo, sonreí y por un momento considere que ese desorden era mas coherente que todo el supuesto orden que reina en el hombre ejemplar, pero no en el mundo de Mundo.

Después nuestro amigo Mundo tuvo una embolia que paralizo una parte de su cuerpo, aun así resistió ese aparente frágil ser. Pero le complico la existencia, adelgazo mucho, a pesar de que era flaco, lo seco el padecimiento, le paralizo un brazo y le complico su sistema motriz. Aun así, Mundo seguía con esa mirada picara, de infante travieso que seguía ahí, caminando lentamente por los barrios inhóspitos de Ciudad Juárez, ofreciendo en sus calles y en el Bazar del Monumento sus colección de discos musicales, cigarros sueltos y dulces de cacahuete con miel.

La ultima vez que lo vi era un domingo de este año. Lo llevamos a su casa en el automóvil del Bandido, bajamos su carrito con ruedas con el que transportaba sus productos que vendía en el Bazar del Monumento o en las calles de la Chaveña. Ese domingo Mundo me regaló una hielera roja, vi su casa por fuera, parecía medio abandonado el edificio en donde pernoctaba, pero así solía ser Mundo, nunca se quejaba de casi nada, se mantenía al margen, dignamente, como un boxeador en la esquina que había combatido con múltiples adversarios y no importaba ganar o perder, lo trascendental era dar la batalla de cada día, pelear dignamente con eso que se denomina tiempo, putrefacción, dolor, soledad, enfermedad, adversidad, incomprensión, delirio, muerte y abandono.

Mundo es un referente cultural y artístico importante para Cuidad Juárez y el resto del Estado. Cuando le pregunté ¿Porque te quedaste en Ciudad Juárez? El me contestó, me enamore. Indudablemente es un perro romántico, un  digno sobreviviente de los arrabales, de la vida y el arte subterráneo.

Descansa en paz querido amigo, aquí en este plano de la existencia te recordaremos con una digna y burlona sonrisa en los labios del barro, de la materia que estéticamente moldeaste. Es importante rescatar su trabajo, reunirlo y conservarlo como un referente de la escultura y del arte fronterizo. Si la dispersión fue parte de su mundo, no hagamos lo mismo con sus piezas genuinas, únicas y estéticas o  artísticas.

Compañeros, no ignoremos el trabajo de los artistas como Mundo, si lo hacemos, algo muere dentro de nosotros, no ignoremos a nuestras voces subterráneas, a los hacedores del silencio estético. Descansa en paz querido amigo Mundo, en donde quiera que estés, te recordaremos con fuerza, generosidad y cariño.