A un año de haber asumido la alcaldía, Armando Cabada confirma que la falacia y la hipocresía constituyen la prima luce con que gobiernan los funcionarios que como él han alcanzado –hasta ahora– un puesto público después de haberse postulado mediante la vía independiente. César Silva Montes examina y exhibe en este texto los yerros de Cabada, un alcalde cínico del que, pasados los meses, muchos de sus votantes se sienten decepcionados.

En una tarde de abril Sofía y yo fuimos al circo gratis que ofreció Armando Cabada, durante todo el mes, para esparcimiento de la niñez juarense. Al terminar la función Sofía me dijo: César, a la otra mejor pagamos. Su comentario se refería a la pobreza del espectáculo con malabaristas poco hábiles, payasos desangelados y las botargas descoloridas botargas de los Minions. Además, los precios de los refrescos, los nachos y las desabridas palomitas fueron tan “accesibles” como en cualquier circo: de 20 a 40 pesos. Hasta le dije a Sofía, con 20 pesos por una soda, mejor me hubiera comprado, los martes, una cerveza en la Esquina de Chihuas.

Cabada que presume de no ser un político y ser independiente, adquirió pronto las mañas de quienes pretende deslindarse. Si no aprendió en la militancia a comportarse con el doble discurso de los políticos que cobran por engañar a la gente, entonces lo asimiló viendo Youtube. Digo, porque ahí encontramos desde cómo cortar una loseta sin la herramienta adecuada, contimás las tretas políticas. Igual que los políticos de paga incumple sus promesas de campaña, todo acto de gobierno lo convierte en promoción personal y quieren contentar al pueblo con pan y circo.

Como todo político tradicional, en campaña prometió el oro y el moro. Dijo que quitaría los retenes para detectar personas manejando ebrias. Pero, ojo, consumir bebidas alcohólicas no significa que alguien maneje en estado de embriaguez. Además, como no terminó la prepa no gozó la clase de derecho y no aprendió que los retenes son anticonstitucionales. Claro que no es condición ir a la escuela para conocer nuestras garantías individuales, bastaría con leer y no ver las noticias del Canal 44. Así, su promesa fue electorera, no basada en el respeto a la ley. En poco tiempo reactivó los retenes debido-al-alto-número-de-personas-que-manejan-ebrias.

Aceptando sin conceder, diría un abogado, ¿un “independiente” inaugura una nueva forma de gobernar incumpliendo promesas y violando la ley? Cabada conocía el malestar por los retenes por su fin recaudatorio y la pérdida de tiempo de quienes ni la deben ni la temen, por eso fue su bandera de campaña. Ya en el poder, sabía que los retenes son una fuente de ingresos e imagen ante la sociedad de preocuparse-por-las-familias-juarenses. Después inventó el Cerecito para no cobrar multas y demostrar que su fin no es recaudatorio. Y sin más fundamento que su ignorancia, bajo el índice de alcoholemia para detener a una persona.

Entonces pensé: “Efectivamente, Cabada no es un político, es médico porque sabe cuándo una persona que consume alcohol pierde su capacidad motriz.” Buscando en mis Mejores Tareas en Internet, encontré la Ley de Henry que con una ecuación determinó el nivel de alcohol en la sangre. Por eso no se detiene a las personas que traen aliento alcohólico. En otras palabras, que tomaron una cerveza, un caballito o una copa de vino y no alteran su habilidad para conducir un vehículo. Pero el doctor Cabada decretó que esa sería la medida, pasando por encima años de investigación y medición para determinar la embriaguez de una persona.

Otro hecho que demuestra Cabada si es político es su promesa de no arrestar a alguien por su apariencia. Antes alguien acuñó la noción del “delito de portación de cara”. Dícese de las personas que son estigmatizadas y apresadas por su aspecto, en especial la juventud. Un martes por la noche acompañé al Rulas y a Gustavo a cazar Pokemones. De acuerdo a su experiencia, ahí hay figuras que les dan más puntos. Y también en donde la policía detiene a más personas por su apariencia. Los tres vimos el abuso policiaco y las ganas de obtener tajada de las ilegales detenciones. Nada que ver con el trato a las madrinitas.

Otra práctica del autodenominado no político es colgarse de la muerte de Juan Gabriel. Cada quien rinde culto a cualquier persona, así sea evasor de impuestos y cómplice del PRI. Cambió el nombre de la plaza que sería para promover la imagen de que Juárez no solo son asesinatos, sino también el museo de Tin Tan. Luego develó la estatua del divo de Juárez. Además, promovió como en los mejores tiempos del acarreo, la presentación de artistas en la X. El circo en toda su magnitud. También remodeló la sala del cabildo como un estudio de televisión, para no extrañar su cansina voz de lector de noticias.

Continuando con las andanzas del no-político, después de su primer informe de labores recurrió a la autoalabanza. Presumió sus aparentes logros en los medios y colocó espectaculares con su imagen. ¿Y la austeridad? ¿Son independientes pero usando los mismas artimañas de los políticos “tradicionales”? ¿Tienen que divulgar sus hechos a quien, por ejemplo, sabe de la repavimentación de su colonia? Atrás sigue el negocio con los medios. La sentencia de “no te pago para que me pegues”. Es comprar el silencio de la crítica. Es gobernar en los medios y no en la realidad. Exaltar la figura para escalar peldaños políticos.

Otra acción del independiente Cabada, fue tomarse la foto con el gobernador a la usanza priista. En un restaurant donde no pueden pagar un platillo las madrinitas, ambos personajes se prodigaron elogios y acuerdos para sacar al buey (Juárez) de la barranca. En unas semanas se distanciaron. ¿Otra muestra de independencia o de no me obstaculices la reelección? La pugna sigue y la disputa por la frontera nos lleva entre las patas. Corral quiere ganar Juárez para sus intereses y el inefable alcalde volver a sentarse en la silla que los políticos de siempre anhelan. Más si le recuerda el foro de su menticiero, perdón, noticiero.

En la búsqueda de la reelección, Cabada declaró, palabras más, palabras menos, que con el proyecto de iluminación de la ciudad se la jugaría. Neófito en política, quiso impresionar a la gente con una barrabasada tipo Jorge Negrete. Para justificar la renovación de la privatización del servicio de iluminación en la ciudad, arguyó el incumplimiento del anterior concesionario. Pero éste lo encaró públicamente y negó las acusaciones de Armando. Hasta el momento Cabada no desmintió al concesionario y Juárez es artificialmente más oscura. Cientos de lámparas están apagadas por todas las calles de la ciudad, para justificar el negocio.

Si Armando se la creyó, ya perdió. En uno de los pocos programas que valen la pena del canal 56, su estridente director de noticias, entrevistó al ex alcalde de Cuauhtémoc, Chihuahua, sobre su estrategia para iluminar la ciudad de los quesos. Con tono amable el expresidente habló de las licitaciones transparentes, de no endeudar a otras administraciones y que la gente reportaría las fallas en el servicio eléctrico. Así que no es necesario un sofisticado sistema computarizado para alumbrar el municipio. Como paradoja, el independiente Cabada es dependiente de los negocios privados. Este es su talante empresarial, no servir a Juárez.

Cuando le rechazaron a Armando en el congreso estatal su plan de iluminación se quejó con tono de víctima, que frenaban su trabajo. El asunto llegó a instancias jurídicas. Discutió el mayoriteo que él ejerce en el cabildo. ¿Acaso alguna propuesta como el aumento de las multas de tránsito se rechazó por la mayoría “independiente”? Como cantaron los Cadetes de Linares: “aquí no hay no hay novedad”. La lógica de si no te convenzo, voto porque tengo mayoría. Por tanto, el independiente nada aporta a una nueva forma de hacer política. Al contrario, muestra experiencias de que más vale bueno por conocido, que malo por conocer.

Y embriagado por su autismo, Armando decretó el aumento desmedido de las multas. Como sabemos que no asistió a clases de derecho, ignora que las sanciones económicas deben ser proporcionales a los ingresos de las personas. En la lógica de que si “el quebranto a la ley” les pega en el bolsillo controlaremos a los ciudadanos, se sigue usando la tabla de los salarios mínimos. Medida que ya no debe aplicar, de acuerdo a la modificación constitucional. Pero como en el 44 se encumbran los anuncios de productos milagrosos, no se enteró de la nueva medida. Después reculó escudado en la falacia de que “su gobierno si escucha a la gente”.

En su novatez, el político aspirante a independiente quiso enmendar la nota y decretó la suspensión de las nuevas multas. Y como él no es tradicional no respetó el procedimiento para revertir el aumento. No es como decir “que dice mi mamá que siempre no”. Pero el muy sensible alcalde ordenó aplicar solo las multas que sean graves. Pero no leí, que se facturarían con el cobro anterior al incremento. Por eso Armado escucha a la gente, como el radioescucha que en Radio Cañón expresó: “Cabada ya enterró su reelección”. Pero no escucha que no queremos retenes, abusos policiacos ni gastos en publicidad institucional.

Armando gobierna con la política de Pedro Infante: “si te vienen a contar cosas malas de mí/ yo te seguro que yo no fui”. De la corrupción policiaca o de tránsito: “que aporten las pruebas”. Nunca manifiesta su disposición a investigar, como las múltiples quejas de los abusos policiacos. Cuando en una estación de policía los agentes causaron la muerte de un detenido, nadie sabe nadie supo, a pesar de la difusión de un video. Ni siquiera ha cumplido su promesa de tapar baches. En la calle Amapolas, en seguida el bar Álamos, hay un charco perenne con aguas verdes y malolientes. De nada sirvió la encuesta del pago del predial.

En suma, Cabada pronto practicó las mañas de los políticos, sobre todo en lo que se denomina populismo. Se enfoca a hacer obras de relumbrón: “hay dos nuevas guarderías, pavimentamos 10 kilómetros, bajamos los delitos”. Como si las estadísticas disminuyeran la pobreza, la inseguridad, la corrupción y el abuso de las autoridades. Lástima que al pueblo en vez de darle pan y circo, sólo le comparta lo último. Así las cosas, Armando… Nada que ver con el lema “Vamos bien y podemos ser mejores”. Que se podía esperar de un empresario metido a la política y con un discurso de Pedro Infante.