Cuatro años después del estallido de la crisis financiera más graves de su historia, en la que el nivel de desempleo se disparó hasta el 21 por ciento, España no ha conseguido superar el deficit ni el descontento social de una buena parte de sus habitantes. Juan Carlos Martínez Prado, editor de alLímite consigna, a manera de postales, los orígenes del desastre de la política española y, de paso, devela una parte de la cotidianidad ibérica, mediante el uso de una escritura desenfadada, clave indispensable para repensar la construcción de otro periodismo.  

 

De ratos y ratas

España es un país de viejos y fumadores. Y también, porqué no habría de serlo, de funcionarios y políticos corruptos. La detención efímera de Rodrigo Rato, ex gerente del Fondo Monetario Internacional y ex vicepresidente del gobierno español, producida en la tercera semana de abril, reveló la verdadera cara de quienes gobiernan el mundo.

Hombre fuerte en los tiempos de José María Aznar —un presidente de derecha que dejó el gobierno español a los 51 años y que después de su mandato se retiró a su casa a hacer abdominales— Rato fue detenido en su vivienda, enclavada en un exclusivo y refinado centro de negocios de Madrid, acusado por la fiscalía española por los delitos de fraude, alzamiento de bienes y blanqueo de capitales.

El hombre que en la década de los noventas manejó el destino del dinero en el mundo, ahora también se le acusa de haberse enriquecido con fondos de Bankia, una institución financiera a la que manejó como su caja chica y mediante la cual defraudó a miles de ibéricos.

Los madrileños no olvidarán en mucho tiempo la cabeza de Rodrigo Rato introducida a una patrulla por las manos de un policía. Aunque se dice que el show fue montado desde la Moncloa, en momentos en que el partido de Mariano Rajoy necesita ganar las urnas para mantenerse en el poder, lo cierto es que más allá del uso de Rato para enviar el mensaje de que en España la justicia alcanza a todos, Rajoy no podrá eclipsar la amenaza ciudadana que se ciernen hoy sobre el bipartidismo en su país.

En el último año, dos partidos han ganado simpatías entre los españoles de a pie. Surgidos de los rescoldos del M-15, movimiento que recogió la indignación de la sociedad española golpeada por la peor crisis económica de su historia reciente, Podemos y Ciudadanos parecieran ser las instancias que echen a Rajoy y a sus amigos del poder. En 2011, miles de españoles salieron a las calles a protestar e hicieron suya la emblemática Puerta del Sol, en el corazón de Madrid. Su mayor reclamo iba en contra del recorte del gasto publico y la atomización del estado social, una política brutal decidida por Zapatero como tabla de salvación de la economía ibérica. Sólo que sacar a flote las finanzas públicas a partir de medidas draconianas representaba un eufemismo en el sentido de que se restaba carga fiscal a intereses privados mientras se aumentaban y agregaban nuevos impuestos al consumo generalizado. Era claro que el gobierno español, en plena debacle producida por la burbuja hipotecaria de 2008, obedecía los dictados del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, a cambio de nuevos empréstitos y más dinero fresco. El reajuste desnudaba la codicia y apetito insaciable de las elites y desahuciaba las conquistas sociales de los españoles con ingresos menores a los ochocientos euros mensuales

Desde la Puerta del Sol, su trinchera simbólica, buena parte de la juventud y miles de ibéricos sin empleo, iracundos, acuñarían frases que habrían de refrescar el campo semántico de las manifestaciones callejeras y cuya carga lúdica traspasaría los océanos: “Si no nos dejais soñar, nos os dejaremos dormir” “No tenemos pan para tanto chorizo” “Rebeldes sin casa” “No somos antisistema, el sistema es antinosotros” “Los políticos nos mean, los medios dicen que llueve” “Nuestros sueños no caben en vuestras urnas” “Sin casa, sin curro, sin pensión, sin miedo” “¿Dónde está la izquierda? Al fondo a la derecha” “Apaga la tele. Enciende tu mente”.

Herederos de esa imaginería y de una efervescencia social inédita, que en todo caso encontraba  su correlato en el mayo francés, Podemos y Ciudadanos han puesto a temblar las estructuras obsoletas del bipartidismo español, responsable en buena medida de que en la cresta de la crisis más de cinco millones de españoles se quedaran sin empleo. Por primera vez en muchos años, la hegemonía del Partido Popular y el Partido Socialista Obrero Español se ve amenazada por el ascenso súbito de esos partidos, historia que tendrá su desenlace en las próximas elecciones autonómicas y municipales del 27 de mayo. Si el grito multitudinario de la Puerta del Sol de 2011 se hace realidad: “Ni cara A, Ni cara B, queremos cambiar de disco”, entonces España entraría, con sus proporciones guardadas, a una especie de sudamericanización de su esfera política en la que la pedagogía de Evo Morales, Hugo Chavez y Rafael Correa revertiría el paradigma de que América sólo aprende de Europa y nunca a la inversa.

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Las madames

Viajo en un ataúd aéreo de 250 pasajeros. El boeing 787 ha despegado de la Ciudad de México por la tarde y aterriza en Madrid, aún con luz del sol, después de un vuelo asfixiante de once horas. En su interior, los pasajeros dormitan, ven películas y, con tanto tiempo disponible, algunos y algunas ojean revistas con cuerpos desnudos en los baños iluminados con focos LED, cuyos interiores huelen mejor que cualquiera de los retretes del Palacio Real de Madrid, que visitaré dos días después, bajo protesta y para agradar a dos amigos que insisten que no debo perderme esa reliquia de la arquitectura madrileña. A mi lado, viaja una comitiva peculiar: diecisiete altos funcionarios del Estado de Tamaulipas, con todo y esposas y todo pagado. Dos de ellas, jóvenes y esbeltas, escuchan música en sus iPhone 6 y juegan Angry Birds en tablets, delicadamente protegidas en estuches de piel. Su destino, según escucho, es Valencia. Allí, no sólo comerán la mítica paella y otros viandas locales, sino, además, visitarán un puñado de tiendas exclusivas, donde una bolsa Bagatelle de Luis Vuitton puede costar hasta dos mil 400 euros, equivalentes al salario mínimo de casi un año de trabajo de un operador de maquila en Juárez. Pecata minuta para estas madames que van de compras a McAllen, Texas, y que hacen grupo en WhatsApp para no sentirse solas e incomunicadas. A esas horas, el féretro gigante planea a diez mil metros sobre el atlántico. A esa altura, es imposible que las noticias lleguen del rancho. Ciudad Victoria sigue incendiada por el fuego cruzado del narco y algunas cabezas que deben salvaguardarla hacen planes para despacharse una comidita en el Riff, un restaurante erguido en una zona de alta plusvalía de Valencia, cuyo menú del día, según lee una de las señoras en su Ipad, les ofrecerá Ostras del Delta del Ebro con plancton y manzana, salmonete con semillas y brócoli tierno. Y para cerrar barriga: un cafe orgánico marroquí, servido con helado de limón, titchi y rosas. Así ¿A quién puede importarle el enfrentamiento a balazos de unos malandros en el golfo?

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Day Off español

En España luchamos para que el ocio siga siendo un derecho, me dice Pedro Montes mientras descendemos de un tren rápido adentro de la legendaria estación de Atocha. En México, le respondo, el ocio es un delito que se paga con hambre.

¡Viva el toque!

Catalunya es una región donde la gente sonríe. Los días se llevan de forma más relajada y las presiones del modelo de acumulación han sido sabiamente subordinadas al disfrute por la vida. En buena parte de la ciudad los edificios lucen la bandera catalana como símbolo de la lucha autonómica. La libertad, vieja disyuntiva por la que pelean los catalanes, no es un asunto estrictamente traducible al terreno de la política. Aquí ser catalán significa irle al Barza pero también escribir y hablar a la mujer que se ama en ese idioma. Lo catalán alcanza su mayor simbolismo en la tradición de una zona periférica infinitamente prospera, opuesta a cualquier dominación, particularmente a la de Castilla.

Frente al MACBA (Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona) me uno a un grupo de jóvenes que fuman plácidamente. Ellos descansan después de haber patinado. Les pido unos jalones. Me siento en comunidad. Aquí no hay policías ni tránsitos extorsionadores. Aspiro hondo. La tarde es fresca frente al mar. A lo lejos, las barcazas se mueven, trémulas, bajo la luz mortecina de la bahía. En el interior me espera La béstia i el sobirá, una magnifica pieza de ironía anticapitalista, inspirada en el pensamiento de Jacques Derrida, filosofo francés que diserta sobre los límites de la soberanía política en la tradición occidental.

La béstia i el sobirá, según sus curadores, es una muestra de dos figuras alegóricas de lo político que se han situado históricamente más allá de la ley. La bestia, en apariencia, desconocedora del derecho, y el soberano, cuyo poder se define precisamente por su capacidad de suspender los derechos. Esta división, dicen los instaladores, produce una serie de oposiciones de género, clase, especie, sexualidad, raza estructuradas a partir de las relaciones de dominación.

A las afueras, en las aceras del museo, dos jóvenes extranjeras se ven a los ojos. Hay algo profundo y limpio en su mirada. Se besan. Una sostiene el toque. La otra absorbe la felicidad de una nube gris.

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De autonomía, Messi y Neymar

Abril 21, 2015. De regreso al hotel, Barcelona es más húmeda. Noventa mil aficionados han abarrotado el Camp Nou. Desde atrás, Inhiesta conduce. Asalta la media. Sortea y se lleva a tres. Pone el balón a los pies de otro loco del jogo bonito: Neymar, quien rinde con cruce letal la portería del París Saint Germain. Ya vendría otro de cabeza del brasileño, para explosión de las tribunas. Apenas dos días antes, el sábado 18, en una tarde calurosa de mar, Messi y Suárez harían lo propio contra Valencia que salió del estadio humillado. Al minuto 17:04 saltó, desde las tribunas para todo España, un grito compulsivo, justo reclamo: ¡Independencia! ¡Independencia! ¡Independencia!…Es la voz desde adentro de Catalunya, dolorida, grita: No queremos más una bota sobre nuestra piel.

Cervecería la Catalana

Castilla nos conquistó pero no nos sedujo, me dice una pareja de catalanes con los que asisto al estadio. Hacemos un símil entre América y Cataluña. Como a ustedes, a nosotros también nos impusieron el idioma, me dice Montes. A nosotros no nos despojaron el oro, pero nos robaron el honor. Por eso nuestra demanda no tiene vuelta de hoja: independencia y autonomía. Nada más. Y, nada menos, para evitar que el calor de la tarde nos chupe los huesos, debemos buscar refugio. Saltar a los brazos de la primera cervecería que se encuentre de paso: La Catalana, en Mallorca, entre Bálmes y la Rambla. Las cañas y el tinto se sirven a granel. La comida es de una factura monumental: bacalao a la plancha, pulpo a la gallega, motaditos de solomillo y para finalizar una brocheta de langostinos. Cerveza, ni modo que no, Estrella de Galicia, cara hasta la madre: tres euros con noventa séptimos. Con lo que en Juárez te compras un seis en cualquier Oxxo. Sólo que aquí nadie te acecha. A las afueras del bar, sólo te espera, como perra fiel, la brisa tibia y obligada del mediterráneo.

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Jamón Jamón

El museo del Prado está chido (con sus Velázquez, Dureros, Boscos,Tizianos, Rafaeles, Rubens, Caravaggios y Paussines) pero los museos del jamón en las calles del centro de la ciudad están mejor. El problema del buen jamón en Madrid, cuyo precio puede ascender hasta setenta y ocho euros el kilogramo, es que sigue siendo un producto exclusivo para ricos y extranjeros.

Cecilia

Los  fines de semana, el centro de Madrid no duerme. Cientos de turistas confunden sus ansias con la de los propios para estirar la corrida. Antonio Rodela y Cecilia Gallardo son dos jóvenes originarios de Venezuela. Ambos llegaron a España hace cuatro años. Cecilia es ingeniero textil y Antonio Ingeniero mecánico. La pareja tiene un buen ingreso y viste ropa cara. Esa noche se toman todas las cañas del mundo mientras maldicen a Hugo Chavez y a Nicolás Maduro. Converso con ellos en un bar del barrio Malasaña, un lugar de valor alegórico por haber sido sede de dos revoluciones: el alzamiento contra la ocupación napoleónica en 1808 y la irrupción de la Movida Madrileña como vitalidad contracultural de la España post franquista.

Escogemos un lugar por su aire del caribe. Ameniza un grupo portorriqueño. Cecilia lleva unos blue jean entallados y una blusa fresca que le deja media espalda al desnudo. Ella es una mujer bella. Como venezolana se sabe atractiva. Esa noche mueve la cintura con cadencia enloquecida. Regresa a la barra, pide otra caña y niega que Hugo Chavez, “el dictadorzuelo” de su país fuera el responsable de un hecho inusitado en las democracias occidentales: la instauración, por ley, de la revocación de mandato.

Estos jóvenes, que blasfeman contra la Revolución Bolivariana y niegan que Chavez y Maduro siguen siendo objeto de la peor campaña de desprestigio de que se tenga memoria, maquinada por la burguesía criolla y el Departamento de Estado norteaméricano, me dicen que la vida política en su país se ha degradado desde que el gobierno decidió “comprar” a los pobres con dinero producto de la renta petrolera. Les explico que en México ya quisiéramos que Peña Nieto usara el dinero público para favorecer a los que menos tienen, en vez de que su esposa, la Gaviota, se pasee por Europa luciendo vestidos caros.

—A Propósito, ¿como se llama la esposa de Maduro —pregunto.

—No se —me responde Cecilia, dirigiendo sus pasos hacia la pista, donde le espera la mirada lasciva de los concurrentes, incluyendo la mía.

La fiesta continúa en la calle. Las estaciones de Metro Gran Vía, Puerta del Sol, Cibeles y Atocha están hasta el tope. Son las 6:30 de la mañana. Los venezolanos no cejan en la discusión en contra de Chavez. Ahora despotrican contra Fidel. A la discusión se han sumado dos españoles, quienes repiten, como pericos, la cantaleta sumaria de los medios ibéricos contra los gobiernos de izquierda en Sudamérica. Y a mi, a esas horas, todo me sigue dando sed… Aprovecho la despedida para contar un chiste mordaz. Claro, es una especie de venganza cuando el sol despunta en el Este. El cuento recuerda el acaloramiento del rey Juan Carlos exigiendo a Fidel Castro democracia y elecciones libres en Cuba. Fidel responde con un dardo punzante: ¿Y a Usted rey, quién lo eligió?

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La puerta….

Que hueva ver a turistas en la puerta de Alcalá tomándose fotos y viendo pasar el tiempo…

Ana

España cuenta con la población más vieja del mundo. Sólo14 por ciento de sus habitantes está entre la media de los 10 y 24 años. Y aún así, es campeón, como otros países europeos, en eso de las justas del racismo. Este país establece barreras, muchas veces infranqueables, a la joven y pujante sangre migrante.

En una de las desembocaduras de la Gran Vía, la más emblemática de las calles madrileñas, Ana Vuković, una yugoslava residente desde hace siete años en uno de los suburbios de Madrid me dice que muchos españoles piensan que las mujeres llegadas de Servia sirven sólo para dos cosas: fornicar y fornicar. Si esto sirve de consuelo a Ana —esta joven rubia y bella, de veintitrés años, estudiante del último año de arquitectura en la Complutense— un 47 por ciento de empresas de más de 100 empleados en España no cuenta con ninguna mujer en su cúpula directiva. De paso, este dato sirve para que los mexicanos sepamos de dónde importamos nuestro acendrado machismo…

Post scríptum

Varias semanas después de mi regreso, El País, el periódico de mayor influencia en España, publicó un recordatorio que no puede pasar desapercibido. En su pagina principal de la sección América, ese medio recupera la voz de Elena Ortega, una incisiva periodista madrileña, quien hace algunos años viajó a Ciudad Juárez para contar la historia de violencia contra las mujeres. Según el diario, lo que sorprendió a la periodista es la normalidad con que la sociedad local ha asumido las desapariciones. “A veces ni los medios de comunicación locales hablan del tema. Una mujer muerta o desaparecida, parece un simple caso más”, contó la periodista. Algo similar puede estar ocurriendo en Europa. Después de la muerte de decenas de africanos que viajan en barco para huir del hambre en sus países, el tema de la migración ha alcanzado, en los días previos, las principales portadas de los periódicos de España e Italia. En los alrededores de la Puerta del Sol, a un costado del antiguo Ayuntamiento de Madrid, donde se marca el kilómetro cero de la ciudad, hordas de jóvenes procedentes de las costas africanas ofertan cualquier tipo de artículos piratas. La policía los persigue pero casi nunca los atrapa. Su velocidad y habilidad para sortear obstáculos los ha llevado hasta allí. Son parte de la ola migratoria que se ha salvado de morir después de cruzar el mar y el desierto. En los últimos seis meses perdieron la vida más de mil trescientos personas, entre las costas de Mauritania y las islas Canarias, según denunció Ahmedu Uld Haye, representante de Media Luna Roja, una organización nacida para combatir los abusos contra migrantes. El riesgo es que los medios dejen de referirse del asunto y que la sociedad europea vea como normal la mortandad de quienes buscan una vida digna en otra parte. Los africanos siguen siendo estigmatizados en Europa, no precisamente por su color de piel, sino porque el establishment teme al talento, fuerza y empuje de esa raza. Lo otro es mera coartada histórica.