Chris Killip enfocó su trabajo y su cámara a desnudar las metálicas entrañas de la sociedad industrial. Los engranes de la explotación y el aceitado desarraigo se develan en sus crudas imágenes. Los barrios obreros londinenses y las grandes fábricas siderúrgicas asaltan el diafragma de su lente. Finalmente, lo que captó Killip representa la miseria humana de una época en que el capital, como ahora, se reclama Dios de la prosperidad.