I

Pasados los primeros días de la elección, nadie duda que el principal responsable de la debacle electoral del PRI en Chihuahua se llama César Duarte, un reyezuelo ensoberbecido incapaz de leer la sublevación, inclusive, adentro de su misma corte. La novedad más importante de estos comicios hay que buscarla en el reencuentro de la sociedad con las urnas para reinventar su poder y reivindicar su soberanía. En el caso de Chihuahua, los ciudadanos —más allá de los convencidos de cada partido— salieron a votar este 5 de junio para cobrarse los agravios de una administración autoritaria y corrupta.

II

La sociedad castigó a Duarte y encontró en Corral a su mejor flechero. La oferta en el sentido de que el actual gobernador será encarcelado sedujo al electorado y se convirtió en el mejor gancho que amarró la victoria panista en la última etapa del proceso. Corral, hay que decirlo, tuvo la visión de ofrecer al extenuado corredor en el desierto el vaso de agua cuando más lo necesitaba. Ahora solo falta ver que ese vaso no se rompa y se convierta en un espejismo que regrese a los chihuahuenses dentro de cinco años a las urnas para cobrarse el engaño. En este país de Mesías y crédulos siempre esta todo por verse.

III

La llegada de Javier Corral Jurado a la gobernatura del Estado recuerda la elección de Vicente Fox en el 2000. Entonces los panistas lograron sacar de los Pinos al PRI con el voto útil. Las condiciones eran inmejorables. Fox había llegado a la presidencia de la República con el aval de millones mexicanos cansados de setenta y un años de autoritarismo priísta. A esta demanda se habían sumado grupos de intelectuales y activistas por los derechos humanos. Campesinos de Oaxaca, por ejemplo, sostenían en la entrada de sus apartadas comunidades la efigie de Vicente Fox en cartón con la V de la victoria. En los días previos y posteriores a la elección, el país vivió tiempos impensables. Pese a que Chiapas estaba reciente y los zapatistas mantenían en alto sus demandas, gran parte de la sociedad leía esta elección como el gran parteaguas de la historia moderna en México. Se pensaba que si el PRI desaparecía como partido único, la democracia se instalaría en el país de manera automática. Pero la borrachera pasó y la euforia se vino abajo. Fox no abandonó el tono pedestre que lo acompañó en su campaña. Desde los primeros meses demostró que su experiencia como gerente de la Coca Cola, la trasnacional con más ganancias en el mundo, le serviría de poco para gobernar un país tan lleno de iniquidades y tan complejo. Poco tiempo bastó para que el foxismo diera muestras de su incapacidad para desmontar los engranajes de la corrupción. Pronto, también, los mexicanos cayeron en la cuenta de que el año dos mil se había tratado de otro fraude. Fox no sólo no resolvió Chiapas en quince minutos sino sus amanuenses en el Congreso obstaculizaron la construcción de una agenda que abriera paso a una reforma política que incluyera la voz de todos los sectores y estratos de la sociedad. En el tema de Chiapas, los diputados y senadores panistas fueron los más contumaces opositores a la aprobación de la Ley de Derechos y Cultura Indígena. Con Fox se abría un periodo negro en Mexico. Con la amenaza del desafuero a Manuel Lopez Obrador, el país inauguraba la instauración de la guerra sucia como método efectivo para ganar campañas electorales. En la siguiente elección, la del 2006, Felipe Calderón, su sucesor, se impondría en el poder, gracias al dinero y al fraude electoral. Pero eso no fue lo peor. Para legitimarse, Calderón inició su supuesta guerra contra el narcotráfico que lo costó al país más de ciento cincuenta mil muertos y el regreso del PRI al poder. Con esta historia, cuesta trabajo creer que un panista de cepa, como Corral Jurado, vaya gobernar diferente, aunque su máscara sea la de un progresista.

Cabada

IV

Sin carisma, identificado como un político gris y de escasos alcances, Enrique Serrano aportó lo necesario para contribuir a su propia derrota. Entre los círculos políticos locales, al ex alcalde se le ubica como un dirigente frío, digamos desangelado, dispuesto a servir a los poderes fácticos en la frontera. Desde su desempeño como secretario particular en la administración municipal presidida por  Jaime Bermudez Cuarón, a mediados de la década de los ochenta, Serrano se exhibió como un funcionario sin iniciativa propia. Por eso, en esta elección, es obvio que no pudo distanciarse del gobernador, quien no sólo lo impuso como abanderado, cuando nadie lo esperaba, sino lo obligó a acceder a una suerte de pacto que buscaría absolver de los desmanes públicos en que incurrió el duartismo. Pero el ansiado arribo de Serrano a la gobernatura, no buscaba solamente encubrir los excesos de Duarte en el manejo discrecional de los recursos públicos, pretendería, además, ocultar los propios. Si Corral cumple su palabra de aplicar la ley, Serrano tendrá que responder ante la justicia por el nivel de implicación criminal de Fernando Motta Allen en su campaña. A Motta Allen, un viejo y hábil operador político del PRI, ex director de Servicios Municipales en la administración de Serrano, se le señala como uno de los responsables de operar en el sur del Estado estratosfericas sumas de dinero en la campaña de su ex patrón provenientes de las arcas de la alcaldía juarense. Este es sólo uno de los tantos nombres que se mencionan con implicación en las pillerías del malogrado candidato.

V

El fracaso del PRI en estos comicios está ligado, además, al ninguneo duartista empleado en la selección de las candidaturas para diputados y alcaldes. La maniobra irritó al tal grado las intrincadas redes del mapa priísta que algunos presidentes municipales, especialmente aquellos que ocupan su cargo en las partes serranas del Estado, infestado de narcos, restaron y condicionaron su apoyo a quien concebían como candidato del soberano. De ahí que no sorprenda que la votación en muchas de esas zonas favoreciera al PAN. Duarte perdió en su propia tierra, Parral y en el resto de los municipios más importantes del Estado. Aunque de algún consuelo pueda servirle haber ganado Jimenez. Nadie se ría.

VI

Está claro que en esta elección a Serrano no solo le perjudicó la efectividad de la campaña que el equipo de Corral desplegó en las redes sociales. Serrano hubo, además, de enfrentar el fuego de sus propios correligionarios. Si se lee con atención las recientes declaraciones de Guillermo Dowell Delgado, Presidente del Comité Directivo Estatal del PRI, aparecidas en el Diario de Juárez, el miércoles 8 de junio, puede inferirse que la campaña del  candidato a la gobernatura por el PRI fue torpedeada desde adentro. Sino ¿por qué Dowell abría de proponerse ajustar cuentas entre sus socios y “poner en su lugar a quiénes no merecen ser llamados priístas”?. En esta cruzada, habría que preguntarse si Dowell será capaz de revelar el nombre de quienes desde el interior contribuyeron a la estrepitosa caída de su partido. ¿Se atreverá el indignado líder priista a denunciar a reconocidos operadores políticos, altos funcionarios y empresarios que jugaron con un as bajo la manga, debido a que sabían —de acuerdo a información privilegiada, obtenida de antemano— que los resultados no les favorecerían? ¿Revelará el dirigente estatal del PRI cómo su partido chamaqueó a cuanto “inocente” encontró a su paso, dispuesto a servir, incluso a financiar, lo que parecía más una apuesta entre bribones que una campaña política?

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VII

El tsunami se vio venir y los priistas supieron de su derrota desde muy temprano. A las dos de la tarde del domingo negro, hasta algunos cuarteles de campaña en Ciudad Juárez llegaban cifras que anunciaban que Serrano iba muy por debajo de sus propias expectativas y encuestas. El anuncio, además, incluía a la mayoría de candidatos a diputados priístas por las distintas demarcaciones electorales de Juárez. Hay quienes dicen que hubo acomedidos que intentaron echar mano del providencial fraude, idea que fue desechada frente a la inocultable existencia de una votación copiosa. Las encuestas de salida no sólo colocaban arriba a Corral, aunque por escasos puntos porcentuales, sino advertían una cifra que alargó la cara de los priistas: después de las seis de la tarde, se estimaba entre un 46 y 50 por ciento la participación ciudadana, cifras calificadas de históricas tomando en cuenta un paralelismo: desde 1992 no había registros de una votación de semejantes dimensiones. Los priístas sabían que era previsible un resultado adverso si los chihuahuenses salían a votar como lo hicieron. En las primeras horas de la madrugada, del martes 6 de junio, cuando el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) empezó a arrojar las primeras cifras que confirmaban el triunfo del PAN, muchos candidatos de ese partido no daban crédito de su propio triunfo. La historia sencillamente se había desquiciado.

VIII

La derrota del PRI en Chihuahua es también la de los medios de comunicación. En la emergencia ni los medios escritos ni electrónicos estuvieron a la altura de sus usuarios. El caso mas notorio es el de El Diario de Juárez, un periódico de cuantiosos recursos, cuya cobertura del proceso electoral fue limitada. En sus páginas los lectores nunca encontraron información que sirviera para ponderar su voto. Las encuestas publicadas siempre dieron como ganador al candidato oficialista. En tiempos previos a las elecciones, sus directivos ignoraron información valiosa como la denuncia interpuesta por el abogado Jaime García Chavez en contra César Duarte por peculado, enriquecimiento ilícito, ejercicio abusivo de funciones y uso indebido de atribuciones y facultades. La politización del la denuncia, sin embargo, fue capitalizada por el PAN y sirvió de plataforma para la alianza de facto entre dirigentes de Morena, algunos líderes de organizaciones sociales y lo más rancio de la derecha chihuahuense. Osvaldo Rodríguez Borunda, director general de El Diario de Juárez, rehusó  ahondar en el tema de los 41 mil millones de pesos con que Duarte Jaques endeudó al Estado, durante los seis años de su gobierno. Rodríguez Borunda, quien ha amasado su fortuna gracias al silencio, supo de antemano que afectaría su negocio si hacía eco de las denuncias de Corral. Darles espacio en sus periódicos implicaba perjudicar la imagen del gobierno de Duarte, uno de sus más conspicuos patrocinadores. Con excepción, en algunos casos, del periódico El Norte, de escasa circulación, los demás medios se sometieron al designio e interés de sus propietarios, cuya ruta corre en el mismo sentido de los millones de pesos que los partidos disponen para pago de propaganda. Esta elección confirmó que la civilidad del uso de los recursos públicos en los medios esta estrechamente vinculada a sus contenidos y que las elecciones, según estos parámetros, seguirán siendo para los partidos y los medios un jugoso negocio.

IX

El revés contra Héctor Teto Murguía Lardizabal en las urnas abrió paso al triunfo de un candidato independiente a la presidencia de Ciudad Juárez, Armado Cabada Alvidres, un cuestionado heredero de una concesión televisiva local, cuya posición privilegiada le ha permitido ganar influencia y dinero. Cabada es hijo de Arnoldo Cabada de la O, el controvertido locutor que en la década de los ochentas engranó con las clases subalternas gracias a sus programas de corte piadoso. El signo independiente de Cabada Alvidres es una mafufada. En la frontera se sabe que Cabada representa a una parte del empresariado local cuyos capitales se han amasado de manera subrepticia. Las relaciones oscuras en su vida marital lo ubican como un conductor de noticias de escasa credibilidad. Cabada aunque carezca de la membresía oficial ha sido priista toda su vida. El 44, su canal, siempre ha defendido al PRI y se entiende que gracias ello su familia ha mantenido la concesión durante más de treinta y seis años. Si Cabada no es independiente es razonable pensar que el PRI, en momentos de mayor desprestigio deTeto Lardizabal, su candidato, haya apostado en esta elección con una ficha más debajo de la mesa. Si esto es así, Cabada, no sería, sin embargo, el primer corruptor en el país de la figura de las candidaturas independientes. Ya hubo otro antes que él: Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco, en Nuevo León, un político frívolo y camaleónico que en el ejercicio de su primer año de gobierno ha repetido en ese Estado las mismas políticas de los partidos.

X

De acuerdo a la trayectoria de los candidatos, partidos y plataformas ciudadanas que se alzaron con el triunfo este pasado 5 de junio, está muy lejos de pensarse que los aires de la democracia soplen cielo chihuahuense, si nos atenemos, además, de que cambió el títere pero no el titiritero. Atrás del escenario sigue ilesa la figura del gran capital.