Aunque no con la convocatoria ni el impacto mediático del movimiento campesino del 2003 conocido como “El campo no aguanta más”, el día 26 de octubre del 2015 diversas organizaciones campesinas volvieron a levantar la voz para exigir ser tomadas en cuenta en el diseño de la sociedad mexicana y llevaron a cabo la toma del puente internacional Córdova-Américas en Ciudad Juárez. Como producto la movilización se les ofreció por el gobierno federal una mesa de trabajo para el miércoles 4 de noviembre en la Secretaría de Gobernación, pero irresponsable y cínicamente se les dejó plantados.

Indignados por tal actitud de la administración de Peña Nieto, miles de productores agrícolas se vieron forzados a volver a salir exigiendo ser escuchados y que se tomen las medidas que detengan el desastre de la agricultura. Cientos de agricultores, fruticultores y ganaderos de El Barzón, la Coordinadora Plan de Ayala, (CNPA), la Unión Campesina Democrática (UCD), Productores Unidos por México y otras más, bloquearon en múltiples puntos las vías de los ferrocarriles en municipios chihuahuenses como Jiménez, Delicias, Cuauhtémoc y Villa Ahumada.

Independientemente de que para una parte de la sociedad pueda no ser lo correcto que se bloqueen las vías de comunicación lo que está en juego es más complejo que eso pues por un lado los agricultores y campesinos tienen razón, el campo chihuahuense atraviesa por una situación de crisis y estancamiento que hace urgente la atención gubernamental a través de adecuadas políticas públicas, pero por el otro lado, en la agricultura del estado de Chihuahua, dos indicadores llaman la atención, un constante crecimiento de la superficie estatal sembrada y un aumento notable del valor real de la producción agrícola, lo que en teoría implica una tendencia positiva para el subsector.

Sin embargo un análisis detallado de los datos puede indicar una realidad distinta.

En Chihuahua, la agricultura se desarrolla en más de 1 millón de hectáreas, en 2013 para ser exactos, según la SAGARPA se sembraron 1,072,401 hectáreas, de las cuales, 551,300 hectáreas son superficie de temporal, es decir 51.5% del total y 519,700 ha de riego, 48.5% del total que se sembró ese año. La superficie sembrada presenta una tendencia creciente ya que por ejemplo para 1990, en Chihuahua se sembraron  961,384 ha, en donde 634,026 fueron de temporal, 65.8%, mientras que de riego eran 329, 094, apenas el 34.2% del total. Así de 1990 a 2013  la superficie sembrada  aumentó poco más de 111 mil hectáreas, resalta el notable crecimiento de la superficie sembrada con riego ya que en 1990, las tierras sembradas bajo este régimen hídrico eran apenas una tercera parte de todas las cultivadas y ya para 2013 casi la mitad de las hectáreas totales se siembran bajo el régimen hídrico de riego.

manzana chihuahuense

En resumen, la superficie de temporal se redujo 82,726 hectáreas de 1990 a 2013 mientras que las de riego aumentaron 190,605 hectáreas lo que básicamente implica que el crecimiento de la superficie sembrada en el estado se debe a la incorporación de este sistema de producción.

Algo similar se observa en cuanto al valor de la producción agrícola, pues de 1990 a 2013 presenta una tendencia positiva con una tasa de crecimiento de 64.7%. Sin embargo el crecimiento se concentra en los productos agrícolas que se producen bajo riego, ya que para el mismo periodo su tasa de crecimiento fue de  67.8% mientras que el valor de la producción de productos de temporal disminuyó en 28.9%.

Lo anterior implica al menos dos aspectos dignos de comentar, en primer lugar, la disminución de las áreas temporaleras puede significar que miles de productores agrícolas se han visto obligados a dejar de sembrar al tener problemas de rentabilidad y competitividad.  Incluso actualmente en México una de cada tres unidades de producción rural (36.2%) no obtiene su ingreso de actividades agropecuarias si no que se ven obligados a desarrollar actividades económicas que aunque tienen lugar en las zonas rurales ya poco tienen que ver con la agricultura y la ganadería. Uno de cada tres campesinos mexicanos ya no vive del campo!

En segundo lugar, el crecimiento del riego, aparte de la presión a los mantos acuíferos del estado, pudiera estar concentrado la producción agrícola en el sector más rico de los productores agrícolas chihuahuenses. Es de destacar que en la agricultura chihuahuense se presenta una especialización en pocos cultivos muy comerciales, ya que tan solo 4 (maíz amarillo, algodón, alfalfa y nuez) aportan 56.1% del total del valor de la producción agrícola estatal.

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En este orden de ideas es posible afirmar que en la agricultura en Chihuahua se presentó un cambio estructural en los últimos 20 años, mismo que se refleja entre otras cosas, en que la mitad de las tierras sembradas en el estado sean bajo el régimen hídrico de riego y que menos de 10 cultivos aporten tres terceras partes del valor de la producción agrícola, sin embargo dichas modificaciones son consecuencia de una especialización en cultivos muy comerciales que explican su rentabilidad solo al ser producidos bajo riego. Lo que implica importantes inversiones de capital en grandes extensiones de tierra que lleva a una acentuada concentración de las misma y a procesos productivos especializados que involucran per se costos de producción tan elevados que limitan el concurso de miles de agricultores y campesinos.

Finalmente y no por ello menos importante es necesario señalar que varios de los productos agrícolas en que Chihuahua  destaca como el primer productor nacional son sembrados bajo riego (algodón, alfalfa, manzana, nuez, avena, chile verde y maíz amarrillo) lo que si bien implica una innovación tecnológica para el subsector agrícola estatal es necesario crear estrategias para el uso sostenible del agua, lo cual no es un proceso sencillo tomando en cuenta que dichos productos son exportados al interior del país o al extranjero lo que significa que en cierta forma se está exportando agua de un estado donde casi la mitad de su territorio es desierto.

Todo lo expuesto debería obligar en forma urgente a un replanteamiento de la política agrícola para reorientar de manera sustentable la producción agrícola de chihuahua lo que contribuiría  a reducir la dependencia alimentaria y sobre todo para recuperar el empleo y el ingreso de miles de campesinos. Lamentablemente  para el gobierno no es ni prioridad ni importante. O no saben cómo o no quieren…