Lejos de vivir luchando, los gladiadores luchan para vivir, porque la existencia incita a caer para levantarse, para defendernos, para contraatacar. En la danza multitudinaria del universo todas las cartas están echadas, pero a pesar de saber el desenlace del combate, elegimos seguir luchando ¿No será la lucha una parábola circense de la vida?

Siempre habrá un misterio. Así es la vida. Esta es la conclusión resignada de este novato escribidor de lucha libre. Incapaz de descifrar sus tramas, sus enredos, no tiene otra que reconocer la propia ignorancia. En la lucha, perder o ganar es sólo cuestión de conservar la forma, de conservar la máscara o la cabellera. ¿Cuestión de amor propio? o ¿de amor al misterio? Las dos cosas. La cuestión de fondo es vivir el drama del mundo, sus tragedias. Conectar el fin de ciclo con su principio. Intuir el tiempo cósmico. La lucha es ceremonial para renovar el tiempo de la vida.  Para estar allí, hay que superar, una a una, las caídas. Acrobacia de caídas es la lucha, un tocar la lona para levantarse. Uno, dos, tres, …danza. Mantenerse en forma para no doblegarse es la misión del luchador. La tercera caída es un asunto mas grande que el triunfo o la derrota.

Egón Supremo, constructor de muros, cambia las reglas de la lucha libre. Sólo ganar es lo que importa. Aunque todo el mundo pierda. La lucha no es mas caer y levantarse. Lo caido caido. (Sic ¿Cuales puntos sobre las íes?)  Tu caes, yo asciendo. Mi altura es una torre olímpica por principio inalcanzable. Sobre esa altura sobrehumana mi cabellera es el sol. Egón es el único. Por su altura Egon es el inalcanzable. No hay máscara que desafíe esa luz. ¿El misterio multiforme de las máscaras es suplantada por el culto único de la personalidad. En esa antorcha que pretende iluminar el mundo, todo debe fundirse. Egón se ha impuesto a todos los dioses y las diosas. Dice desquiciado: Condena a todos los pueblos que no se me postren. Multiplíquense los muros y sea aniquilado lo que quede fuera y se resista. Mas allá de Wall Street -la calle que rodea mi torre- todo sea condena.

¿Como luchar con esas nuevas reglas? La arena del mundo calla. Imposible subirse a ese ring en el que ya todo se ha jugado y todo se ha perdido. Nada es la vida. Todo es sombrío. Sin embargo, las semillas germinan en la sombra. En esa oscuridad en las que todo se diluye, también todo resurge. No puede haber vida sin muerte. La vida eterna es un sinsentido en este mundo. Los sin voz, sin dones, aquellos que solo tienen la sombra como herencia retornan a la lucha que es la vida. Su nombre es Nadie. En lugar de rostro tiene una máscara, que cae sin develar otro rostro que otra máscara. Y, bajo esa infinidad de máscaras, la lucha se renueva. Cada máscara es un rostro del hijo enmascarado de la diosa, de Dyonisos. Es carnaval y el mundo es una risa. Nada es todo y somos Nadie. Los enmacarados abandonan sus cuerpo para prestárselo a los dioses. La procesión del carnaval canta su enredo-samba Vai Vai la calle hace temblar la tierra, quien oye y no escucha, piensa que es la guerra. Pero es sólo la lucha.