The Post es el segundo largometraje analizado bajo la lupa acusiosa de Rodolfo Ortíz dentro del ejercicio en el que el autor se propone a reseñar todas las cintas que han sido nominadas para llevarse el máximo galardón en la ceremonia de los Oscares de este año. Este es un texto atípico que habla del cine sin hablar de películas, y que señala al contexto histórico como el arquitecto de los arquetipos hollywodenses.

En los últimos años, el cine estadunidense ha tratado de retomar el discurso y análisis de la Guerra de Vietnam bajo una nueva lupa, la de los líderes que provocaron la catástrofe. Alejados de las intenciones reconciliatorias de una nación adolorida por la traumática experiencia de la derrota en la antigua Indochina que se mostraron en los clásicos de Oliver Stone, Platoon y Born on the Fourth of July, en la rememorada actuación de Marlon Brando en Apocalypse Now o en el clásico de Kubrick Full Metal Jacket, los nuevos cineastas han decidido volcar su atención a lo que sucedía durante esta convulsa época en su propio territorio.

Debido a ello, han pasado por las salas de cine en los últimos años, con muy poca gloria, argumentos de apariencia feminista como el de Jackie (2016); nuevas versiones de los antiguos antagonistas oficiales en LBJ (2017) o revisionismos de eventos de gran relevancia para la lucha interna, aquella que se libró por los derechos civiles, a la que en parte incitó el descontrol y los excesos del gobierno estadunidense como se presenta en Selma (2015). Todas forman parte del ejercicio de la memoria cinematográfica que en varias ocasiones han logrado llevar a buen puerto.

Este año se proyectaron dos filmes sobre el rotativo The Washington Post, que tratan de encajar entre cine de crítica sociopolítica y filme biográfico. El primero de ellos, con un Liam Neeson sin pistolas ni artes marciales mixtas como actor principal, ofrece un intento de indulgencia en favor del Director Asociado del FBI Mark Felt (que es el título de la película), mostrándonos cómo ayudó a los periodistas del periódico capitalino para conseguir la información utilizada en el Escándalo del Watergate. La otra, The Post, que es la que compete a este análisis por estar nominada al Oscar, es una representación del trabajo y los retos por los que tuvieron que pasar la dueña, el editor y un grupo de periodistas de ese mismo diario para hacerse de los documentos que probaban que el gobierno estadunidense había mentido sobre los resultados y los posibles avances en Vietnam desde el inicio del conflicto, y que debido a ello miles de jóvenes norteamericanos habían muerto en combate.

Es una película a doble paso semi lento: el primero con tintes de discurso pro empoderamiento femenino que no rayan en lo anacrónico, movido por el personaje de Meryl Streep como la cabeza de un diario local que aspira a mayores envergaduras mientras intenta mantenerse como un negocio familiar, y quien para lograrlo debe sobrellevar a accionistas, amigos y políticos encumbrados que la respetan y toman en cuenta tanto como se hacía con las mujeres en la época; el segundo con un aguerrido Tom Hanks que busca convertir al periódico que encabeza en un competidor más certero y acucioso en el mundo de las noticias impresas.

Como filme de época juega bien con los cameos de los otros personajes que se vuelven secundarios para la historia que se quiere contar, aparecen en fotografía Lyndon B. Johnson, Jackie y John F. Kennedy, y con tomas desde fuera de la Casa Blanca simulando una especie de lente oculta a través de la cual se puede apreciar la espalda agitada del entonces presidente Nixon. Resulta gozoso echar un vistazo a las salas de redacción del New York Times y el Washington Post de la época y de algunos de los edificios hito de la capital estadunidense.

La película se disfruta, siempre y cuando no se piense mucho en el embrollo político en el que estaban metidos, y el desprecio en general que sentía la clase alta y una parte muy importante de los mismos políticos y miembros de las viejas familias poderosas de los vecinos del norte por su presidente, motivaciones que los llevaron, junto con el anhelo democrático y la defensa de la Primera Enmienda en la parte de la libertad de expresión, no en la de culto. Además, hará reflexionar a los más jóvenes sobre lo complicado que era almacenar información hace apenas unas cuantas décadas o armar una llamada en modo conferencia.

Tiene buenas actuaciones, está situada de manera correcta y gustará a los que gozan de los dramas políticos sin mucho fondo.