Introducción

Diego Ordaz (Hidalgo del Parral, Chihuagua, 1979) debutó en el género novela con Los días y el polvo (2011). Novela corta, fragmentaria y que muestra el dominio de las técnicas narrativas modernas que tiene su autor. Ordaz tiene en su haber un libro de cuentos llamado La mano que los rige. Con Los días y el polvo, Diego, se aventura a presentarnos otra forma de hacer literatura y presentarnos de otra manera Ciudad Juárez.

Nos llama la atención esta novela porque se aleja de los temas tratados, tanto en el periodismo narrativo como en el mismo género de la novela. La crónica parece ser uno de los géneros que ha dado muchos frutos en Ciudad Juárez. Así podemos mencionar algunos trabajos, lo más reciente, como el de Alejandro Páez Varela, La guerra por Juárez  (2009); Crónicas contra la impunidad (2011), textos de periodistas recopilados por Diego Enríquez Osorno. En el caso de la novela tenemos El reino de las moscas (2012), de Alejandro Páez Varela, en la cual da vida a personajes tan cruentos como el narco Liborio Labrada. Y sobre la novela ha dicho el propio autor:

Yo quería más bien plantear cómo las fronteras de la moral y la ética son tan breves, de tal forma que tú puedes empezar queriendo un personaje que se va a transformar en el tiempo: Liborio juega un poco con eso, con la idea de un personaje que es amoral, que no tiene necesariamente una ética sino que va resolviendo en el camino, que no es necesariamente tan malo como parece ni tan bueno, es un cabrón como lo era Villa que es muy parecido a mi Liborio Labrada, son tipos a los que la historia termina castigándolos o tratándolos de alguna manera, algunos castigándolos y otros con premio (Páez).

Por las propias palabras de Páez vemos que sus inquietudes son de tipo ético.Trata de  reflejar esa extraña ambigüedad ética que tienen ciertos personajes históricos, como los que menciona, queridos  por unos y odiados por otros.

Alejándonos  de estudios  éticos,  en este trabajo se exponen los planteamientos referidos a la estructura de Los días y el polvo, que haciendo uso de la fragmentariedad y la autoreferencialidad son los recursos literarios para crear la poética de una novela que se niega a sí misma y reflexiona sobre sí misma.

La estructura de la  novela

Desde las primeras páginas de la novela nos damos cuenta que estamos ante un discurso fragmentario. La primera  página inicia con una reflexión sobre la novela que hace Andrei, protagonista-narrador. ”El amor es un gran tema y sólo él debiera ser llamado a las flemáticas páginas  de mi novela. El western es un género muerto y petrificado, no tiene vigencia ni actualidad” (Ordaz 9).  Sigue con otra  reflexión sobre la novela en los párrafos siguientes. Y después viene la primera ruptura en la narración, que abre el primer fragmento de la novela. ”Me encontré con Valeriano, el viejo vaquero siniestro, tiempo después en un bar cercano al Dorado 70” (Ordaz 10). Y así continúa la historia entre las reflexiones de Andrei sobre la novela, las historias de Janeth, las aventuras de La Fonsi y la historia western que nos trata de contar el narrador. En su totalidad la novela presenta veintisiete fragmentos narrativos, que en su conjunto estructuran Los días y el polvo.

¿Pero por qué escoge Digo Ordaz la fragmentariedad como estructura narrativa en su novela? A nuestro modo de ver esta decisión opera desde lo que podríamos llamar una crisis del género como tal. Andrei no sabe cómo y de qué construir la novela. Esto nos lleva a pensar en una crisis de la sociedad, o dicho de otra manera, el contenido de la novela estaría en crisis también. Escribir una novela desde Ciudad Juárez plantea el reto de buscar que decir, que no implique necesariamente los desmanes de la violencia, y al parecer Digo intenta construir o reconstruir la ciudad desde la memoria.

¿Hay algo que contar de ti y de mí? Nada. Tú caminas, te montas, cuidas tu cactus y esperas a que vuela Ezequiel. Yo camino, igual que tú, quiero ser fabulador, descubrir un conflicto, narrar historias de vaqueros. Nada. Pienso en otras historias y visito tus lugares (…). Tus historias de amor son lindas y devastadoras, pero no hacen una novela. ¿Qué desapareció la Margot? Es un conflicto ¿Qué la mataron unos puños salvajes? Es un conflicto pero no para mí. ¿Que golpean a la Fonsi dos veces por semana? (…) Quiero fabular, inventar. Necesito la memoria y reconstruirme para armar mi ciudad mi condado de Áyawo: Valeriano me hablaba de ello y no atiné a sacar notas (Ordaz 20).

Mireina Compays Tena, apunta en ese mismo sentido, cuando habla de la novelística de Roberto Bolaño, y afirma: “Las formas mediante las cuales se concreta esa crisis de las entidades narrativas que conduce a la fragmentación de cualquier forma de unidad se podrían englobar bajo la denominación de “estética de la fragmentariedad” (98). Quizás sea esa “crisis de las entidades narrativas” es lo que hace, que Diego Ordaz, se autocuestione y cuestione a sus contemporáneos, con una propuesta fragmentaria, desde las circunstancias históricas de Ciudad Juárez, cómo  hacer una novela y cómo utilizar la violencia imperante que ha afectado su ciudad en el discurso narrativo. ¿Vale la pena llevar a las víctimas de la violencia “a las flemáticas páginas de mi novela” (Ordaz 9)? Se pregunta y pregunta Diego Ordaz en la novela.

Miajil Bajtín es quien introduce el término de diálogo. Entendido éste como el acto de comunicación que establecen autores y obras con sus personajes y lectores y éstos entre sí, dentro de su propia cultura y época histórica y/o con otras épocas y culturas, a partir del momento en que un autor inscribe e intercala en su obra su voz propia y las voces ajenas de la tradición cultural y literaria en la cadena de interpretaciones y códigos culturales ininterrumpidos que surgen a través de los tiempos. En Los días y el polvo, vemos que el diálogo opera a dos niveles. Primero dentro de la novela misma, entre los personajes, Andrei y Janeth dialogan en toda la historia. Y el segundo nivel opera entre el autor (Diego) Marcial Lafuente Estefaní, Donld Curtis y Luis García Lechas. Escritores éstos que escribieron el género western. También podríamos decir que es un diálogo con el género mismo, que nos plantea el autor,  buscando otras  posibilidades  que puede tener este género, que ha sido llevado a su máxima explotación  y propuestas duarte el final del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX.  Y no por casualidad Ordaz  en la primera página de la novela los menciona “Estefanía lo agotó (refiriéndose al western); Curtis y Carrados hicieron lo suyo” (9). Con tono de frustración, Andrei, trata de encontrar la mejor historia para su novela; sin embargo, en la misma, opera uno de los elementos interesantes: la paradoja. La novela es escrita no escribiéndose. Así mismo, hay otro diálogo con otro escritor: Juan Carlos Onetti. Donde Medina, personaje principal de la novela, un ser frustrado, decide dejar su ciudad para ejercer sus vocaciones: pintor y médico; Diego nos presenta a Andrei, otro ser frustrado, por no poder escribir la novela que desea, y tiene intensos deseos de huir  de su ciudad. ”Pero la humanidad no va a mirar mis cuadros. Esté seguro” (Onetti citado por Ordaz 8). ¿A quién le importa lo que escriba? ¿Quién tomaría mi libro? ¿Para qué?” (Ordaz 21).

¿Y  qué nos sigue plantando Ordaz con el recurso de la fragmentariedad? A nuestro modo de ver coincide con lo que plantea en su trabajo Verde Shangai, de Cristina Rivera Garza: desdoblamientos poéticos y narrativos, Ester Bautista Botello:

Sintetizando las teorías y estudios sobre la metaficción (…) puede decirse  dos posibilidades como recurso narrativo: por un lado, la denominada por   Robert Alter y Patricia Waugh como “self-conscious novel” o novela   autoconsciente en la que el autor subraya conscientemente todo lo que   en  su narración hay de artificio literario y de intertextualidad con el  objetivo de indagar en la relación entre la ficción y la realidad; por otro lado, la llamada por Robert Spires en Beyond the Metafictional Mode como “self-referential novel” o novela autoreferencial, la cual se  refiere a sí misma, es decir, dirige su atención antes que al mundo representado al proceso de ir creándola (XVIII).

Nos parece que en Los días y el polvo están presentes estas dos teorías narrativas de las cuales el autor se vale para armar la novela. Así también interconectarlas con las historias de Janeth y La Fonsi. De pronto, además, nos parece encontrar ecos del planteamiento teórico que da Cortázar en Rayulea: “Provocar, asumir un texto desaliñado, desanudado, incongruente, minuciosamente antinovelístico (aunque no antinovelesco). Sin vedarse los grandes efectos del género cuando la situación lo requiera, pero recordando el consejo gidiano, ne jamais profiter de le élan acquis. (Cortázar  422).

La re/escritura

Como ya decíamos, en  Los días y el polvo,  hay un diálogo  con el género western y en especial con las novelas de Estefanía. Como bien apunta Homero Quezada Pacheco” (…) al repetir un texto, éste se convierte en otro; al insertarse en un entorno histórico distinto al de su registro primario, la reescritura deviene en duplicación, traducción, creación. El tiempo al mudar el contexto de una obra, muda también su comprensión, sus méritos y sus alcances” (4). Por eso sea que Diego Ordaz, haga uso del recurso de la reescritura, por intención de crear “Quiero fabular, inventar” (Ordaz 20) manifiesta categóricamente Andrei.  Reescribe y dialoga con la novela Solo perdonan los fuertes, de Estefanía.  Asimismo, con las vanguardias literarias, en cuanto a la experimentación con la forma, con la discontinuidad, la simultaneidad del tiempo; la superposición de tiempo y espacio y la actitud vital de descubrir lo nuevo o lo diferente.

También, en ese afán de crear, que mencionamos en el párrafo anterior, aparece el proceso autoreescritural en la narración. Donde podemos apreciar la clara intención del autor de escribir una novela donde predomine la estética sobre otros discursos, que en muchos casos, privan manifiestos de Derechos Humanos o discursos sociológicos.

Qué me importa, quién soy yo para narrar de secuestros, de abusos sobre la Fonsi y las demás muchachas de la vecindad. Ya habrá trabajadores sociales, reporteros, estadistas, defensores de derechos humanos que hablaran de todo esto sin preocupaciones estéticas, sin pretensiones protagonistas, sin intentar sacar algún provecho (Ordaz 47-48)

Conclusión

Los días y el polvo es una novela donde contenido y forma tienen una relación acertada. Mediante esta estructura fragmentada se refleja la crisis de la sociedad, la confusión de los personajes, en cuanto al sexo, género y deseo, y la crisis que genera no saber cómo y de qué temas armar la novela. Es una novela que se cuestiona sobre sí misma y se niega a sí misma, y sobre todo, se pregunta cómo escribir y qué escribir desde el presente de Ciudad Juárez.

Con la técnica dialogada, que opera a los dos niveles que explicamos, podemos apreciar los discursos que se dan entre los personajes principales y el género de novela western. Los días y el polvo una novela autoconsciente y autorreferencial  y con una clara intención de hacer una pieza con las reglas de la estética y de la ficción, no así, un panfleto o artículos de opinión disfrazado de novela.

Así mismo, nos plantea la relación entre literatura y experiencia. Al parecer, ante la vida tan compleja de las sociedades contemporáneas, la literatura, y el arte en sus manifestaciones, sean los espacios donde por instantes los seres humanos podemos ser plenos. “pintar una ola. Tiene que ser la primera y la última. Una ola blanca, sucia, podrida, hecha de nieve y de pus y de leche que llegue hasta la costa y se trague el mundo”. Nos dice Onetti. Bella metáfora que representa la posibilidad que el arte se trague el mundo y haga algo mejor de él.

Bibliografía

Bautista, Ester Botello. Verde Shangai, de Cristina Rivera Garza: desdoblamientos    poéticos y narrativos. Revista de Literatura Mexicana Contemporánea  59(2013):            XVII-XXIX. Impreso.

Cortárzar, Julio.  Rayuela. España: Alfaguara, 2013. Impreso.

Companys, Mireia Tena. Identidad en crisis y estética de la fragmentariedad en la novela de  Roberto Bolaños. Web. 20 de abril 2014

http://www.recercat.net/bitstream/handle/2072/97234/treball?sequence=1

Ordaz, Diego. Los días y el polvo. Coahuila, México: puente libre editores, 2011. Impreso.

Páez, Alejandro. “El reino de las moscas / Entrevista con Alejandro Páez Varela.

Guardaagujas 19 de agosto 2012 http://guardagujas.lja.mx/2012/08/el-reino-de-las-                               moscas-entrevista-con-alejandro-paez-varela/